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Adiós al Negro Rada: se fue el último caudillo del candombe que cantaba como si estuviera en la calle

El músico uruguayo murió a los 83 años tras estar casi un mes internado por una neumonía. Lo despiden en el Palacio Legislativo de Montevideo, entre tributos de Fito Páez, Natalia Oreiro, Santaolalla y una pila de artistas que lo trataban como familia.

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Sofía BianchiCultura y espectáculos · 26 DE AGO DE 2026 · 3 min de lectura

Me enteré esta mañana, en la radio de un remise, y la primera imagen que me vino a la cabeza fue la de un tipo con chaleco de siempre, sonrisa enorme, golpeando el tambor como si le fuera la vida. Esa es la postal que se nos queda ahora que se confirmó lo que muchos sospechábamos desde hace días: Rubén El Negro Rada murió este miércoles a los 83 años, después de estar casi un mes internado por una neumonía que no le dio tregua. Lo que sigue es silencio, y un homenaje que va a ser a la altura del personaje.

Un velatorio abierto en el Palacio Legislativo

Su familia decidió que el velatorio se haga en el Palacio Legislativo de Uruguay, con acceso libre para todo el público. O sea, cualquiera que quiera pasar y despedirlo va a poder hacerlo. No es un dato menor: para un país entero, Rada es de esos músicos que se cruzan con la gente en la calle, que te dicen algo en un programa de televisión y al rato los ves cantando con dos guitarreros en una plaza. El Palacio es la manera en que Uruguay le devuelve, aunque sea un poquito, lo que él le dio durante seis décadas.

Una carrera que arrancó en los sesenta y nunca paró

Montevideano de ley, Rada se subió a los escenarios a principios de los años sesenta y se transformó en una de las voces más grandes del candombe y de la música popular rioplatense. Su catálogo es largo y entrañable, pero hay temas que son patrimonio de toda la región: tengo un candombe para Gardel, cha-cha muchacha, ayer te vi, y sobre todo Botija de mi país, esa canción que escribió con Eduardo Mateo y que terminó convertida en una especie de himno no oficial del Uruguay profundo. La escuchás y se te acomodan los huesos, como si te estuviera contando algo en la oreja.

Los otros, los que aprendieron de él

En la Argentina, Rada tejió amistades que duraron toda la vida. Fito Páez contó en su libro Infancia y Juventud cómo lo conoció de pibe en un local porteño cerca de Corrientes y Callao, y cómo de ahí en más la relación se hizo familiar. Cuando se enteró del fallecimiento, Páez escribió con el corazón en la mano: La familia Rada es la familia Páez. Hoy se nos fue el gran caudillo del amor y la música. De la risa, el swing y la alegría.

“La familia Rada es la familia Páez. Hoy se nos fue el gran caudillo del amor y la música. De la risa, el swing y la alegría.”Fito Páez

También se pronunciaron Natalia Oreiro, compatriota y fanática, que le dedicó la letra de Botija de mi país y lo definió como lo más grande del Uruguay como artista, como persona, como amigo; Gustavo Santaolalla, que lo recordó como artista extraordinario, de múltiples talentos, y agregó que tu voz y tu bella persona quedan para siempre con nosotros; y una lista larga que incluye a Valeria Lynch, Los Auténticos Decadentes, Charly García y Nito Mestre. Todos coinciden en lo mismo: el Negro era calor.

  • Valeria Lynch, que lo destacó por su música y su calidez humana.
  • Los Auténticos Decadentes, con un mensaje en redes que repasó su trayectoria.
  • Charly García, que sumó su recuerdo desde su lugar de gigante del rock argentino.
  • Nito Mestre, otra voz histórica que lo despidió como parte de su propia historia musical.

Lo que me queda, si me permiten la primera persona, es la imagen de un tipo que cantaba como si estuviera tocando en la vereda, para cuatro gatos y un par de vecinos asomados al balcón. Eso no se aprende en ningún conservatorio: se trae de casa, de la calle, del barrio. Por eso la noticia duele de una manera rara, como cuando se va alguien que te cruzaste mil veces aunque no lo conociste. Lo que viene ahora es el velatorio en Montevideo y, después, el silencio. Pero las canciones, esas, van a seguir sonando en cualquier cocina, en cualquier auto, en cualquier plaza donde alguien se anime a cantarlas en voz alta.

SB
Sofía BianchiCultura y espectáculos

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