Lunes, 14 de septiembre de 2026
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Al Di Meola volvió a la Trastienda y se hizo el milagro: dos horas de guitarra, flamenco y una segunda oportunidad

Después del infarto que en 2023 le cortó la gira, el guitarrista estadounidense regresó a Buenos Aires con un formato acústico, dos músicos españoles y un repertorio que mezcló jazz, tango, flamenco, Piazzolla y hasta Los Beatles.

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Sofía BianchiCultura y espectáculos · 14 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Te confieso algo antes de arrancar: cuando me ubiqué en la fila de La Trastienda todavía no terminaba de creer que íbamos a verlo. Al Di Meola tenía a Buenos Aires en la agenda desde 2023, pero aquel infarto en Bucarest le cortó la gira a mitad de camino y dejó la fecha argentina suspendida en el aire, como un compás que nunca cerró. Anoche, por fin, ese compás se resolvió. Y sonó glorioso.

La Trastienda estaba a sala llena, con ese murmullo previo de la gente que sabe que va a presenciar algo fuera de lo común. Al subir al escenario, Di Meola arrancó con su habitual perfil bajo: camisa oscura, guitarra en mano, gesto concentrado. Lo acompañaban el guitarrista español Isaac Romagosa y el percusionista Sergio Martínez, cuyo cajón fue, sin exagerar, el ancla rítmica de toda la noche. El formato acústico, con apenas algunas distorsiones puntuales, le dio a las dos horas y diez minutos de show un carácter íntimo que terminó siendo su mayor fortaleza.

Una paleta sonora con acento flamenco

Tiene 72 años y eligió músicos con raíces flamencas para esta vuelta, y eso se notó desde el primer tema. Fandangos, soleás y rítmicas afrolatinas se mezclaron con fragmentos de jazz de fusión, evocaciones mediterráneas y ratos de improvisación colectiva donde los tres se miraban, se respondían y estiraban los temas más allá de lo que decía la versión de estudio. Cuando la cosa funcionaba, funcionaba de verdad: había climas, silencios cargados y un diálogo entre guitarras que daba gusto escuchar.

El programa fue un viaje de cinco décadas en una sola noche. Pasaron cosas de su época con Return to Forever, el grupo que compartió con Chick Corea; versiones de Los Beatles como In My Life; pasajes de Astor Piazzolla, con un Café 1930 que arrancó suspiros en la sala; y un cover de The Sound of Silence de Simon y Garfunkel que me hizo acordar a esos discos que escuchaba mi viejo los domingos. También sonó Ava's Dance in the Moonlight, una pieza que Di Meola dedicó a su hija, y temas propios como Misterio, Infinite Desire y Eden, que son de esos que uno reconoce aunque no sepa el nombre.

“Gracias a Dios estoy de regreso con ustedes, volví a nacer.”Al Di Meola, dirigiéndose al público en castellano

Esa frase la dijo varias veces a lo largo del show, mezclando inglés y español con una soltura que contagia. Es la primera vez que lo veo tan explícito al hablar de lo que le pasó en Rumania, y noto que el público lo recibió con un cariño enorme: aplausos largos cada vez que agradecía, alguna que otra lágrima cerca del escenario. Se nota que, para mucha gente de la sala, no era un concierto más. Era un cierre pendiente.

Cerca del final, Di Meola pidió que la gente se acercara al escenario y largó Mediterranean Sundance, una pieza asociada a Paco de Lucía. Ahí se armó lo que se tenía que armar: palmas del público, teléfonos en alto grabando, un par de gargantas cantando el riff. Si alguna vez te preguntaste cómo suena un cruce entre el jazz eléctrico de los setenta y el flamenco más puro, anoche lo escuchaste en esa sala.

Las cosas que no salieron tan bien

  • En un tramo del show Di Meola llamó a su ingeniero de sonido al escenario por problemas con el audio, lo que cortó el clima durante varios minutos.
  • Algunas improvisaciones se extendieron más de la cuenta y perdieron tensión, sobre todo en la segunda parte del set.
  • El volumen del cajón de Martínez tapó en varios pasajes el diálogo entre las dos guitarras, un detalle en un formato tan íntimo se nota.
  • Ciertas canciones de Piazzolla sonaron con un tempo más lento del que uno esperaba, como si el reloj de la noche se hubiera estirado.

Dicho esto, ninguna de esas asperezas opacó el conjunto. La Trastiense vibraba con un clima humano, emotivo, casi familiar. Ver a un tipo de 72 años que se repuso de un infarto y se planta dos horas y pico frente a un escenario porteño, tocando como toca, con dos músicos españoles que le siguen el tren, es de esas cosas que te reconcilian un poco con todo. Yo me fui caminando por Humboldt con la sensación de haber estado en un momento que no se va a repetir fácil.

La próxima fecha confirmada de esta gira pasa por otras ciudades de la región y, si te copa, las entradas para los próximos shows del tramo latinoamericano se consiguen por la web oficial del artista y en plataformas como Ticketmaster o Eventbrite, dependiendo del país. En Buenos Aires, las últimas localidades para esta vuelta se habían agotado horas antes del show, así que si aparece una función nueva, hay que estar atentos.

SB
Sofía BianchiCultura y espectáculos

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