Almendras antes de dormir: cinco meses de estudio que ilusionan, pero no alcanzan
Un ensayo clínico con 175 adultos indios sugiere que incorporar alrededor de 50 almendras por día mejora la calidad subjetiva del sueño, aunque las mediciones objetivas fueron más tibias y el trabajo contó con respaldo de la industria.

Acá en Buenos Aires, donde la merienda se estira hasta la cena y la cena se estira hasta el insomnio, cualquier promesa de dormir mejor se recibe con los ojos abiertos y una ceja levantada. Así que cuando me llegó el dato de un estudio de cinco meses sobre almendras y descanso, lo primero que hice fue buscar la letra chica: quién pagó, quién midió y cuánto hay de verdad detrás del entusiasmo.
El trabajo, publicado en la revista Frontiers in Nutrition, reunió a 175 adultos indios de entre 21 y 55 años que arrancaron el ensayo con una calidad de sueño deficiente. Los investigadores los dividieron en dos grupos: uno incorporó unas 50 almendras diarias a su rutina nocturna y el otro recibió una colación con aporte calórico equivalente, para que la comparación fuera pareja en energía pero distinta en nutrientes.
Qué midieron y qué encontraron
A lo largo de los cinco meses, el equipo combinó registros de ondas cerebrales durante el sueño, marcadores bioquímicos y cuestionarios de autopercepción. Al cierre, quienes comieron almendras tuvieron más chances de alcanzar una mejora considerada clínicamente significativa en los puntajes de calidad de sueño, y además reportaron niveles algo más altos de melatonina, la hormona que ayuda a regular el reloj interno.
Las interrupciones nocturnas fueron menos frecuentes y la facilidad para quedarse dormido creció en la percepción de los participantes. Hasta ahí, la promesa suena atractiva: un puñado de almendras como aliada del descanso. Pero los propios autores aclararon que las mediciones objetivas, las que no dependen de lo que uno cuenta, mostraron cambios más modestos que la sensación subjetiva. O sea: la gente durmió mejor según su propia mirada, y las máquinas lo vieron, pero no con la misma euforia.
Lo que falta leer entre líneas
Antes de correr al kiosco a comprar un paquete, conviene tener en cuenta algunos detalles. El ensayo excluyó a personas con apnea del sueño, narcolepsia o insomnio crónico, es decir, justamente quienes más necesitan soluciones. Tampoco probó qué pasa con mayores de 55 ni con chicos. Además, el financiamiento corrió por cuenta del Almond Board of California, la entidad que representa a los productores californianos: los datos no quedan invalidados, pero sí invitan a esperar estudios independientes, con otros diseños y muestras más amplias.
Hablé del tema con Marta, vecina de Caballito, que toma una infusión con dos almendras peladas antes de acostarse desde hace años por consejo de su madre. Me dijo, mientras servía el termo: 'Yo no sé si es placebo o si funciona de verdad, pero a mí me rinde. Si la ciencia dice que algo de razón hay, mejor todavía'. La frase me parece justo el cierre que le falta a cualquier nota sobre salud: mientras se disfruta el hábito y se descansa un poco más, no hay que perder de vista que el insomnio sostenido, la somnolencia diurna marcada o las pausas respiratorias nocturnas requieren consulta médica, como recuerda la Organización Mundial de la Salud.
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