Amazon ya tiene más de un millón de robots dando vueltas y, igual, se lastiman más
La empresa más robotizada del planeta opera una flota que duplica la población de varios países. Y, según sus propios papeles, los depósitos automatizados registran un 28% más de accidentes que los que todavía funcionan a la antigua.

El otro día se me cayó el control remoto detrás del sillón. Me agaché, lo busqué con la mano y casi me disloco el hombro. Y pensé: si hasta para encontrar un aparato perdido en un living de tres metros ya necesito una solución tecnológica, imagínense lo que es ordenar un depósito del tamaño de una cancha de fútbol lleno de paquetes. Bueno, Amazon se imaginó eso y la respuesta fue: robots. Hoy ya pasó el millón de unidades en sus centros de distribución de todo el mundo.
Sí, leyó bien: más de un millón de robots trabajando a la par de 1,5 millones de empleados, entre full time y part time, según el reporte anual 2025 de la propia compañía. Para dimensionarlo: esa flota de máquinas equivale a la población entera de la Ciudad de Buenos Aires, pero en versión con ruedas, sensores y, en algunos casos, brazos con tacto.
De Kiva a Vulcano, la historia de una obsesión
La movida arrancó en 2012, cuando Amazon compró Kiva Systems, una empresa que fabricaba robots con ruedas que acercan estanterías enteras a los trabajadores, en vez de obligarlos a caminar hasta el fondo del pasillo. De ahí nació Amazon Robotics y modelos como Hércules y Titán, que mueven estructuras del tamaño de un piano de cola. Después llegó Proteo, el primero que pudo circular libremente entre personas sin chocarlas, gracias a un puñado de sensores.
Para que no parezca un estacionamiento de Ezeiza en hora pico, la empresa desarrolló DeepFleet, un sistema de inteligencia artificial que coordina los movimientos internos. Según las propias mediciones de Amazon, DeepFleet achicó un 10% el tiempo de traslado de la flota, lo que en la práctica significa menos espera y, teóricamente, menos tropiezos.
Los nuevos: brazos con cerebro y, ahora, con tacto
- Robin: usa ocho ventosas para separar paquetes de pilas desordenadas, como quien busca el adaptador correcto en un cajón revuelto.
- Cardinal: acomoda bultos de hasta 22 kilos adentro de carritos. Básicamente, es el que hace la mudanza por usted.
- Sparrow: reconoce cientos de millones de productos distintos para reponer cajones. Un ojo clínico para el stock.
- Vulcan: el primer brazo de Amazon con sensores de fuerza, o sea, con una forma de tacto. Funciona desde 2025 en Spokane (Washington) y Hamburgo (Alemania) y se expandirá en 2027.
La promesa de la seguridad vs. los papeles de la empresa
Scott Dresser, vicepresidente de Amazon Robotics, repite en cada entrevista que la idea es que las máquinas se queden con las tareas de mayor riesgo físico. Suena lógico: si un brazo te levanta una caja de 22 kilos, la espalda lo agradece. El problema es que los números internos cuentan otra historia.
Una investigación de 18 meses de la Comisión de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado de Estados Unidos, cerrada en diciembre de 2024, concluyó que los depósitos de Amazon registran un 30% más de accidentes que el promedio de la industria. Pero lo más jugoso es lo que muestran los propios registros de la compañía: las plantas con robots tienen un 28% más de accidentes que las que todavía no los incorporaron. Un sinsentido que la empresa todavía no explicó del todo.
Y mientras tanto, siguen sumando máquinas
La directora financiera adjunta ya avisó que la flota de brazos robóticos se va a más que duplicar a lo largo de este año. Para eso, Amazon está construyendo nuevas fábricas en Austin (Texas) y Greenwood (Indiana). O sea, la curva ascendente no frena. Y el debate sobre si la automatización realmente cuida al trabajador o lo expone a otros riesgos sigue abierto, sin fecha de cierre.
Moraleja: la próxima vez que el dispenser de cinta no quite la imagen, no se queje tanto. Al menos, en su oficina no hay un Hércules moviendo estanterías a su lado. Consejo: si le toca laburar en un depósito automatizado, pida capacitación específica sobre los modelos en uso y nunca asuma que el robot lo vio. Confíe en el sensor, no en la buena voluntad de la máquina.
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