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Asma con nombre de mujer: por qué después de la pubertad el aire se vuelve una pelea cotidiana

El asma pega distinto en adultas y adultos. Hormonas, ciclo menstrual, embarazo y menopausia suman variables que vuelven el seguimiento clínico más complejo y dejan a muchas mujeres con peor evolución de la enfermedad. Qué dice la evidencia reciente y por qué los médicos piden mirar la cuestión con otros ojos.

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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · 5 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Acá en Buenos Aires, en la esquina de cualquier farmacia de barrio, se escucha la misma queja de siempre: "A mí se me cierra el pecho cuando estoy por menstruar". Lo dice, por ejemplo, Marta, vecina de Villa Crespo, mientras acomoda un puff de salbutamol en la cartera. Es que después de la pubertad el asma cambia de camiseta: lo que hasta los once o doce años era un problema más frecuente en varones empieza a mudarse hacia las mujeres, y la diferencia se hace notar en las guardias, en las internaciones y en el día a día de las pacientes que pelean con un aire que parece cada vez más espeso.

Las cifras globales son elocuentes. Un análisis publicado en 2025 en BMC Pulmonary Medicine, que tomó como base los datos del estudio Global Burden of Disease 2021, calculó que 260 millones de personas vivían con asma en el mundo ese año. Lo más interesante es lo que no dice el número suelto: la carga de la enfermedad se distribuye de manera desigual entre sexos. En la adultez, las mujeres tienen mayor prevalencia, consultan más seguido a urgencias y terminan hospitalizadas con mayor frecuencia que los varones. La pregunta del millón es por qué.

Hormonas en la mira, pero no son las únicas

Una de las líneas de investigación más firmes viene de la Universidad Vanderbilt. La investigadora Dawn C. Newcomb y su equipo analizaron células inmunitarias de pacientes con asma grave y publicaron sus resultados en The Journal of Allergy and Clinical Immunology. Lo que encontraron fue llamativo: el estradiol y la progesterona, dos hormonas que suelen asociarse al ciclo reproductivo, pueden empujar al alza la producción de IL-17A, una proteína vinculada a procesos inflamatorios en las vías respiratorias. Además, en mujeres con asma grave detectaron mayor actividad de células inmunitarias conocidas como TH17 en comparación con varones con el mismo diagnóstico.

Ahora bien, los propios autores aclaran que el hallazgo no prueba causalidad directa ni puede aplicarse como regla universal: el grupo estudiado fue acotado y una parte de los experimentos se hizo en modelos animales. Sirve como pista, no como sentencia. Patricia Silveyra, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Indiana, aportó otra capa al debate al explicar que no se trata de que existan genes completamente distintos entre mujeres y varones, sino de que un mismo gen puede comportarse de manera diferente según el sexo, en diálogo cruzado con las hormonas y con el ambiente. La biología, una vez más, no es binaria.

Ciclo menstrual, embarazo y menopausia: tres exámenes que la enfermedad rinde sin aviso

  • Ciclo menstrual: una revisión sobre asma premenstrual estimó que hasta el 40% de las pacientes podría notar variaciones ligadas al ciclo, aunque los estudios disponibles no permiten cerrar una cifra definitiva. La hipótesis más trabajada apunta a las oscilaciones de estrógeno y progesterona en los días previos a la menstruación, que podrían aumentar la inflamación bronquial y la sensibilidad de las vías aéreas.
  • Embarazo: la evolución tampoco es predecible. El patrón clínico tradicional describe que aproximadamente un tercio de las embarazadas con asma empeora, otro tercio se estabiliza y el resto mejora. El seguimiento estricto y la buena comunicación con el equipo médico se vuelven tan importantes como el inhalador.
  • Menopausia y perimenopausia: los cambios hormonales de esta etapa agregan otra capa de incertidumbre, con síntomas que pueden fluctuar y confundirse con otras condiciones, lo que vuelve aún más necesario un control especializado y sostenido en el tiempo.

El mensaje de fondo, el que repiten los neumólogos y alergistas cuando uno los visita en el consultorio, es que la diferencia entre sexos no tiene una causa única. La genética, el peso corporal, la exposición a alérgenos, el humo de tabaco, la contaminación ambiental y el estrés entran todos en la misma mesa. Pero lo hormonal, históricamente subestimado en los grandes ensayos clínicos, empieza a ocupar el centro de la escena. Por eso, si sos una mujer adulta con asma y sentís que los peores cuadros te llegan siempre en la misma semana del mes, no estás imaginando nada: tu cuerpo te está hablando, y la ciencia, de a poco, empieza a escucharlo.

“El hallazgo no prueba causalidad directa ni aplica a todos los casos, pero marca un rumbo claro para investigar por qué después de la pubertad las mujeres cargan con la peor parte del asma.”Lectura del estudio de Dawn C. Newcomb, Universidad Vanderbilt
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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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