Casarse en cuarenta y dos: la boda íntima de Julieta Prandi y Emanuel Ortega en San Isidro
Una ceremonia con 36 invitados, los padres del músico presentes y la confirmación de que él fue quien pidió casamiento. La conductora contó cómo eligieron avisar con poco margen y por qué la firma importaba más como símbolo que como trámite.

Te lo cuento desde la puerta del Registro Civil de San Isidro, donde este martes se armó una fila corta pero entrañable: apenas 36 personas, las justas para que la cosa no se desmadrara. Yo llegué con la misma expectativa que cualquier curioso que se cruzó con una cámara y un par de flashes, y me fui confirmando algo que Julieta Prandi y Emanuel Ortega habían decidido de antemano: acá no se venía a montar un show, sino a sellar algo que ya vivía.
Una decisión que ya estaba tomada
Cuando salieron, con la firma fresca en el acta, la conductora se tomó un minuto para explicar qué lugar tenía ese paso en la pareja. “Es más un símbolo, no nos cambiaba nada porque nosotros elegimos estar juntos. Vivimos juntos hace tiempo”, dijo, todavía con la sonrisa del trámite recién terminado. La frase dejó claro que el civil era la traducción formal de una convivencia que arrancó en pandemia, cuando los primeros contactos fueron por Instagram, siguió con llamadas y tuvo su primer encuentro presencial el 13 de agosto de 2020.
Emanuel Ortega, por su parte, se tomó un instante para agradecer el cariño de la gente que se acercó a saludarlos y confirmó algo que en el entorno se daba por hecho: fue él quien le propuso casamiento a la conductora. Julieta, lejos de disimular, se describió sin vueltas: “Si se quiere, yo soy más romántica y era mi sueño casarme”. Ahí, en esa mezcla de confesión y declaración, se notó que el casamiento los contenía a los dos: a él, más contenido; a ella, más explícita con el costado emotivo.
La familia, el clima y los looks
Entre los presentes estuvieron Palito Ortega y Evangelina Salazar, los padres del músico, y Martín Ortega, el hermano del novio. Prandi contó que los invitados recibieron el aviso con poca anticipación, justamente para evitar que la lista se inflara: buscaban una reunión chica, casi en familia. La conductora aclaró además que no hubo despedida de soltera y que tenían previsto un viaje de luna de miel, aunque sin precisar destino ni fecha.
En cuanto a la vestimenta, cada uno resolvió a su manera. Prandi llevó un traje de seda blanco, con blazer amplio y un top del mismo color; aclaró que no lo había encargado a un diseñador, aunque sí mandó a preparar el ramo. Completó el look con unos aros azules que le había regalado una amiga. Ortega, más práctico, dijo que definió qué ponerse después de mirar el pronóstico del tiempo y revisar qué tenía colgado en el placard.
Lo que viene y lo que cuesta la entrada
De acá en adelante, la agenda de la pareja se reparte entre la vida familiar ensamblada que vienen armando desde hace años y los proyectos laborales de cada uno. Por el lado de Prandi, la pantalla y la conducción siguen siendo su eje principal; por el de Ortega, la música ocupa el centro de la escena, con fechas que se van confirmando sobre la marcha. Para quien quiera ir a verlo cantar, la recomendación es revisar las redes oficiales del músico: las entradas suelen liberarse por etapas, los valores arrancan en rangos accesibles en teatro y suben cuando la sala se acerca a llenar, y conviene comprar con anticipación porque las funciones chicas suelen agotarse rápido.
¿Qué valor tiene para ustedes una ceremonia íntima, de esas en las que se eligen las caras una por una y se apura la firma como si el trámite fuera un alivio? Si te pasa como a mí, que cada vez banqueo más las decisiones a la chilena, esta boda te deja una sensación rara: la de que lo importante ya estaba pasando y el civil fue, apenas, la foto del grupo.
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