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Cómo trabajan los medicamentos para la obesidad y por qué no alcanzan solos: la mirada de una especialista del Clínicas

Pilar Quevedo, jefa de Nutrición Clínica y Metabolismo del Hospital de Clínicas de la UBA, explica qué hacen la semaglutida y la tirzepatida sobre el hambre y la saciedad, y por qué el tratamiento necesita controles, alimentación, movimiento y descanso para sostenerse en el tiempo.

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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · 21 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Acá en Buenos Aires, cuando alguien empieza a escuchar el nombre de un medicamento para adelgazar, la conversación se llena de promesas y también de dudas. Hace un rato, mientras caminaba por la esquina de Paraguay y Junín, charlaba con Marta, vecina de Recoleta, que me decía entre risas que ya no sabe si lo que le ofrecen por televisión es una solución o un riesgo. Lo cierto es que detrás de cada frasquito hay algo más complejo, y por eso vale la pena escuchar a quienes estudian el tema de cerca, como Pilar Quevedo, jefa de la División de Nutrición Clínica y Metabolismo del Hospital de Clínicas de la UBA, que me ayudó a ordenar las ideas con la claridad de siempre.

Qué hacen la semaglutida y la tirzepatida en el cuerpo

Qué hacen la semaglutida y la tirzepatida en el cuerpo

La especialista me explicó que ambas drogas reproducen señales que el intestino genera de manera natural y que se comunican con otros órganos, como el cerebro, el estómago y el páncreas. La semaglutida actúa sobre un solo receptor, mientras que la tirzepatida trabaja sobre dos vías complementarias. En los dos casos, lo que se busca es intervenir en la regulación del apetito, en la saciedad y en el control de la diabetes, sin reemplazar otros cuidados.

En el consultorio, dijo Quevedo, aparecen todo el tiempo relatos de hambre difícil de calmar, de gente que termina una comida y enseguida está pensando en la siguiente, de picoteos que se repiten a lo largo del día. Esas sensaciones, insistió, forman parte de una enfermedad multifactorial y no se explican solamente por la voluntad individual, aunque muchas veces la sociedad tienda a cargarle la culpa al paciente.

Por qué el tratamiento no termina en la receta

Por qué el tratamiento no termina en la receta

Porque la obesidad no se resuelve solo con una inyección, y acá viene lo que más me interesa destacar: el medicamento necesita un equipo alrededor. La médica del Clínicas sostuvo que el abordaje incluye alimentación, hidratación, descanso, actividad física y apoyo profesional, y que los hábitos de cada persona dependen también del entorno familiar y laboral, condiciones que deben tenerse en cuenta cuando se organiza cualquier cambio en la vida cotidiana.

  • Evaluación médica inicial antes de empezar a tomar el medicamento.
  • Aumento progresivo de la dosis, un paso que se llama titulación.
  • Controles periódicos para ver la respuesta y los posibles efectos.
  • Actividad cardiovascular y trabajo de fuerza, según cada paciente.
  • Plan de alimentación e hidratación ajustado a la rutina.
  • Seguimiento de la composición corporal, cuidando la masa muscular.
  • Estrategia integral para sostener el descenso una vez finalizado el tratamiento.

La dosis y el ritmo de descenso, agregó Quevedo, se ajustan a cada persona y nunca son iguales para todos. Lo que se busca, en definitiva, es reducir grasa corporal sin perder músculo, un punto clave que a veces se pasa por alto cuando solo se mira el número de la balanza.

Después de adelgazar aparece otra dificultad que vale la pena nombrar: el organismo puede activar mecanismos que empujan a recuperar el peso perdido. Por eso estos medicamentos también son útiles para sostener el descenso mientras se usan, aunque al dejarlos puede haber una recurrencia, sobre todo si no existe ese plan integral que acompañe el tratamiento. La idea, me dijo Pilar casi como cierre, es que la medicación sea una herramienta dentro de un proceso más amplio y no la única respuesta.

“La medicación tiene que estar acompañada de un equipo, de hábitos y de controles; si falta eso, los resultados no se sostienen.”Pilar Quevedo, jefa de la División de Nutrición Clínica y Metabolismo del Hospital de Clínicas de la UBA
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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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