Martes, 15 de septiembre de 2026
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Con la inflación en 1,7%, el salario recupera terreno pero el bolsillo sigue sin animarse a gastar

Los sueldos le vienen ganando al IPC por quinto mes seguido y el dato de agosto fue el más bajo en mucho tiempo, sin embargo el consumo masivo no despega: el dinero se va directo al dólar, el crédito se retrae y los bancos miran de costado la mora que todavía cargan en sus balances.

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Osvaldo MarchettiAgroexportación y puerto · 14 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Tengo la pizarra mental puesta en estos días y la lectura es bastante elocuente: la inflación de agosto se acomodó en 1,7% mensual, un número que no veíamos desde hace rato largo y que devuelve algo de aire a los bolsillos que venían perdiendo carrera contra los precios. A eso se suma que los salarios acumulan cinco meses seguidos creciendo por encima del índice de precios al consumidor, una racha que en el papel pinta como escenario ideal para que la calle vuelva a moverse, las góndolas se repongan y la gente se anime a gastar lo que recupera en su poder de compra.

En la práctica, sin embargo, ese rebote todavía no aparece en los mostradores, y lo que uno escucha cuando se cruza con algún consumidor o con quien tiene un comercio pegado a la calle suena más a cautela que a festejo. El economista Fernando Marull lo resumió con bastante lucidez al describir el escenario actual: "Los salarios ya acumulan cinco meses de recuperación real, en un contexto de descenso de la inflación. Pero se nota mucha cautela y ese rebote no está yendo al consumo." Y esa frase, lejos de ser un tecnicismo, es la postal que se repite en las veredas de cualquier ciudad del interior.

El peso extra termina en el colchón verde

La pregunta entonces es inevitable: si la plata está quedando en el bolsillo, ¿a dónde se va? Buena parte del recorrido es bastante conocido por cualquiera que haya pasado estos últimos años mirando la dinámica cambiaria, y la respuesta es el dólar. Solo en julio, la demanda minorista de moneda extranjera para atesoramiento saltó a casi 3.000 millones de dólares, con un crecimiento cercano al 50% frente a los meses previos. Un tercio de esos billetes quedaron depositados en cuentas bancarias, otro tercio salió del sistema financiero para quedar en cajas fuertes o bajo el colchón, y el resto se usó para pagar los saldos de tarjetas en moneda extranjera, una estrategia que muchas familias adoptaron como mecanismo defensivo frente a los vaivenes del peso.

El mecanismo es simple y de manual, pero no por eso menos determinante: cada peso que se transforma en dólar es un peso que deja de estar disponible para comprar un electrodoméstico nuevo, pagar una cena afuera, renovar la cocina o pensar en unas vacaciones. Esa preferencia por el ahorro en moneda dura opera como un freno directo sobre el consumo interno y explica por qué, aun con los sueldos acomodándose, la calle no termina de despertar, un dato que Rubén, comerciante del centro de Rosario, repite cada mañana cuando mira las cajas vacías antes del mediodía.

Los bancos se cuidan y el crédito sigue cayendo

El segundo factor que pesa en el escenario es el comportamiento del sistema financiero, que tampoco ayuda a destrabar el consumo. Los bancos siguen cargando niveles de morosidad elevados, herencia de los meses de mayor tensión económica, y se muestran particularmente renuentes a prestar, especialmente en las líneas vinculadas al consumo masivo. En la práctica, el financiamiento mediante tarjetas y préstamos personales continúa cayendo, lo que limita aún más la capacidad de gasto de las familias que no cuentan con ahorro previo. Las expectativas indican que las tasas de interés podrían empezar a bajar en los próximos meses, pero la cautela del sistema bancario demorará la traducción de esa baja en mayor volumen de préstamos, y mientras tanto, el crédito seguirá siendo una herramienta poco accesible para el común de la gente.

Dos Argentinas que caminan a velocidades distintas

El panorama para el segundo semestre, tal como lo describen los analistas que sigo de cerca, no es de derrumbe pero tampoco de rebote rápido, y lo más gráfico es la brecha que se abre entre los sectores que tiran para un lado y los que tiran para el otro. Las actividades ligadas a las exportaciones, energía, agro y minería fundamentalmente, crecen con fuerza sostenida, mientras que la industria manufacturera y la construcción acumulan caídas preocupantes. En julio, ambos sectores retrocedieron 5%, un número que muestra con crudeza que el alivio en los salarios todavía no se traduce en mayor actividad para la economía en general, y que la mejora del ingreso se concentra en unos pocos rubros sin derramar hacia el resto de la cadena productiva.

Queda flotando, como siempre que se repasan estos indicadores, un tema de fondo que el Estado todavía no resolvió: cómo reconstruir la confianza para que la plata que vuelve al bolsillo vuelva también a circular por el comercio, la industria y el trabajo. Mientras esa pregunta siga sin respuesta, del surco al buque kgv seguirá habiendo dos economías corriendo en paralelo, una que exporta y otra que espera.

OM
Osvaldo MarchettiAgroexportación y puerto

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