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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cortisol: la hormona que las redes convirtieron en villano y los especialistas insisten en desmitificar

Detrás de los cócteles detox, los diagnósticos caseros y la promesa de bajar la grasa abdominal con un trago mágico, hay una sustancia clave para la supervivencia que el cuerpo necesita en su justa medida. Qué dice la endocrinología, cuándo hay que preocuparse y por qué la prueba aislada no sirve.

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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Cortisol: la hormona que las redes convirtieron en villano y los especialistas insisten en desmitificar

Acá estoy, en la esquina de siempre, con el café a medio tomar y la pantalla llena de videos que prometen detectar la cara de cortisol, bajar la panza con un shot de jugo verde o curarse el cansancio crónico con un cóctel de nombres exóticos. La verdad, vengo siguiendo este tema desde hace rato porque a mi alrededor no paran de aparecer publicaciones con millones de visualizaciones que me dejan con la mosca detrás de la oreja, y decidí ir a buscar respuestas con quienes de verdad estudian cómo funciona el cuerpo. Lo que sigue es lo que me contaron, ordenado para que cualquier vecino de Villa del Parque, de San Telmo o de La Plata lo pueda entender sin tener que descifrar un paper en inglés a las once de la noche.

El cortisol es una hormona que producen las glándulas suprarrenales, unos órganos chiquitos que están sentados arriba de los riñones, casi como un sombrerito. Participa en un montón de procesos que nos mantienen vivos: ayuda a regular el metabolismo de los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas; colabora con la presión arterial; modula la inflamación y la respuesta inmunitaria; y, algo que muchos pasan por alto, tiene una injerencia directa en el sueño y en la vigilia. Tan importante es que, cuando el cuerpo detecta una amenaza —un examen, un susto en la calle, un problema laboral—, la libera en mayor cantidad para que estemos alertas. Eso no es una enfermedad: es una adaptación del organismo a una situación puntual.

Un reloj interno que no se puede hackear con un jugo

A ese ritmo se lo llama circadiano y funciona como un reloj. Los niveles más altos se registran entre la madrugada y la mañana temprana, y van bajando a lo largo de la tarde y la noche. Si alguien se hace un análisis justo antes de rendir un examen, es probable que le dé más alto de lo habitual, y eso no significa nada grave. María Susana Mallea Gil, presidenta de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo, lo pone en palabras simples: una suba transitoria frente al estrés es esperable y fisiológica, no patológica. La cosa cambia cuando esa elevación se sostiene en el tiempo, cuando el reloj se desregula y, por ejemplo, los valores de la tarde o de la noche se vuelven tan altos como los de la mañana. Ahí estamos frente al síndrome de Cushing, una enfermedad concreta que requiere diagnóstico médico, no un smoothie con sal de Himalaya.

  • El cortisol no es un enemigo a eliminar: cumple funciones clave en el metabolismo, la presión, la inmunidad y el sueño.
  • La suba aguda frente al estrés es normal y momentánea; el problema es la exposición prolongada y sostenida.
  • Los análisis aislados, sobre todo si se hacen después de un mal día, no permiten sacar conclusiones.
  • El síndrome de Cushing, una enfermedad real y poco frecuente, altera el ritmo circadiano y exige tratamiento médico.
  • Los cócteles detox y los jugos virales no tienen evidencia científica que respalde su efecto sobre esta hormona.

Lo que más me llamó la atención de las conversaciones que mantuve es el contraste entre la enorme cantidad de contenido viral y la contundencia con la que las especialistas desinflan esas promesas. Mallea Gil es directa: mucho de lo que circula en redes sobre el cortisol no tiene sustento desde el punto de vista endocrinológico. Y la endocrinóloga Jodi Nagelberg, de la Universidad de California, fue todavía más gráfica al referirse al famoso cóctel de jugos, sales y suplementos que se vende como solución mágica: lo calificó como una exageración, en el mejor de los casos. No es que sus ingredientes sean tóxicos de por sí, sino que no existe evidencia de que hagan algo útil sobre las glándulas suprarrenales ni sobre los niveles de la hormona.

“Mucho de lo que se dice sobre el cortisol en las redes no tiene sustento desde el punto de vista endocrinológico.”María Susana Mallea Gil, presidenta de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo

Mi vecina de toda la vida, Carmen, del barrio de Caballito, me confesaba el otro día que ya no sabe qué creer: si le sube la panza, es el cortisol; si está cansada, es el cortisol; si duerme mal, también. Y cuando le pregunté qué había probado, me enumeró media docena de preparados que vio en TikTok. Le dije lo que me dijeron a mí: que ningún cóctel reemplaza una consulta, que las pruebas aisladas no sirven para diagnosticar nada serio y que, si el malestar es real y sostenido, lo que corresponde es sentarse en el consultorio con un especialista y no frente al teléfono. Acá la]. Como me dijo Carmen mientras guardaba la taza vacía en la alacena: no le voy a dar más bola a un video cuando ya vi lo que dice quien sabe.

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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