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Cuando el corazón avisa sin dolor de pecho: las señales que muchas mujeres dejan pasar

Una cardióloga británica enumera síntomas atípicos que pueden esconder un problema coronario en mujeres, desde el cansancio al subir escaleras hasta una indigestión a las tres de la mañana. La recomendación es clara: si se repiten durante el esfuerzo, hay que consultar.

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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · 21 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

Acá en Buenos Aires, donde la rutina suele tragarse las señales del cuerpo, hay un dato que vale la pena repetir: el infarto en mujeres no siempre llega con el clásico dolor en el pecho. A veces se esconde detrás de un brazo dormido, de una mandíbula pesada o de una acidez que aparece a las tres de la mañana, sin razón aparente. La cardióloga Shrilla Banerjee, consultora del Hospital London Bridge, viene hace tiempo insistiendo con esa idea, y lo que plantea es bastante concreto: hay patrones de malestar que, sobre todo en mujeres, terminan siendo atribuidos al estrés, a la menopausia o a una mala digestión, cuando en realidad están avisando que algo no anda bien con el corazón.

Yo conozco el caso de varias vecinas de Palermo y de Caballito que llegaron a la guardia pensando que tenían un problema gástrico y terminaron internadas. No es un capricho médico: las estadísticas internacionales muestran que las mujeres tienden a consultar más tarde que los hombres cuando tienen un evento cardíaco, en parte porque los síntomas que presentan no siempre coinciden con la película que vimos mil veces en la televisión. Y eso, en cardiología, significa minutos que se pierden.

El esfuerzo como pista clave

La doctora Banerjee suele poner el foco en una pregunta simple pero reveladora: ¿cuándo aparece el síntoma? Si el cansancio, la falta de aire o una molestia en el pecho se repiten cada vez que la persona sube dos pisos por escalera, carga las bolsas del supermercado o camina varias cuadras, y no hay otra causa evidente, hay motivos suficientes como para sentarse a conversar con un cardiólogo. La clave está en la repetición asociada al esfuerzo físico.

El dolor, cuando aparece, tampoco siempre se porta como uno imagina. La especialista británica remarca que puede sentirse como pinchazos, como pellizcos o como una presión sorda, y que no siempre se localiza en el centro del pecho. Hay registros claros en la mandíbula, en el cuello, en los hombros, en la espalda alta o en uno o ambos brazos. La explicación fisiológica es bastante gráfica: cuando el corazón recibe menos oxígeno del que necesita, las señales de dolor viajan por la médula espinal y, como esas vías comparten conexiones con otras zonas del cuerpo, el cerebro termina interpretando la molestia en un hombro o en un brazo en lugar del pecho.

Cuando el estómago miente

Hay un capítulo aparte que a mí, como periodista que escucha testimonios todo el tiempo, me parece de los más importantes: las señales digestivas. Banerjee contó el caso de una paciente que llegó a la consulta con episodios repetidos de eructos y malestar estomacal. Después de los estudios correspondientes, terminó necesitándose stents por una enfermedad coronaria seria, detectada mediante un angiograma.

La regla que propone la especialista es útil y fácil de recordar: si la acidez o la indigestión aparecen sin relación con lo que se comió, o en horarios raros como la madrugada, conviene no quedarse en casa tomando un antiácido y esperar que pase. Hay que consultar.

Cuándo no se duda y se va a la guardia

Acá viene la parte donde la conversación cambia de tono, porque hay combinaciones de síntomas que no admiten esperar un turno médico. Si a la molestia en el pecho se le suman sudores fríos, náuseas, mareos o esa sensación difusa de pánico que muchas mujeres describen como "algo no anda bien, pero no sé qué", la indicación es concurrir directamente a una guardia.

Banerjee también advirtió que el dolor cardíaco puede sentirse como punzadas o pellizcos, sin adoptar necesariamente la forma de una presión aplastante. Esa idea de que el infarto siempre es un dolor fuerte y opresivo sigue siendo una de las creencias más arraigadas y, a la vez, más peligrosa para la detección temprana.

Menopausia, controles y después

Hay otro factor que la cardióloga británica pone sobre la mesa y que toca de lleno a las lectoras de cuarenta para arriba: con la menopausia y la caída de estrógenos, aumenta el riesgo cardiovascular. Los cambios en la presión arterial, en el colesterol y en la distribución de la grasa, sobre todo la que se acumula en el abdomen, forman un combo que no se puede mirar en menos. Por eso la recomendación es bien concreta y aplica para cualquier barrio de la ciudad: a partir de cierta edad, los controles periódicos de presión y colesterol dejan de ser opcionales.

La superposición con síntomas menopáusicos como los sofocos, el cansancio o las palpitaciones leves puede disfrazar durante años una señal de alarma, y en eso coincide toda la comunidad cardiológica. Lo que se ve en los consultorios porteños replica lo que cuenta Banerjee en Londres: demasiadas mujeres llegan tarde porque confundieron un aviso del corazón con un disgusto, con una noche mal dormida o con "la edad".

...

  • Síntomas que se repiten durante el esfuerzo físico (subir escaleras, caminar rápido, cargar peso): motivo suficiente para una consulta cardiológica.
  • Malestar en mandíbula, cuello, hombros, espalda o brazos aunque no haya dolor en el pecho: no descartarlo por descarte.
  • Acidez o indigestión que aparece de noche o sin relación con las comidas: no automedicarse de manera repetida.
  • Combinación de dolor o molestia en el pecho con sudores fríos, náuseas, mareos o sensación de pánico: guardia de inmediato.
  • Después de la menopausia: sumar controles periódicos de presión arterial y colesterol al chequeo anual.
“Si el dolor, el agotamiento o la falta de aire aparecen una y otra vez con el esfuerzo, sin una explicación clara, no hay que dejarlo pasar: el corazón está hablando y conviene escucharlo a tiempo.”Shrilla Banerjee, cardióloga consultora del Hospital London Bridge
AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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