Cuando el corazón pide una pausa: las señales que no conviene dejar pasar, según un especialista de Cleveland Clinic
El cardiólogo Ben Alencherry repasó los síntomas que merecen consulta inmediata, desde un dolor de pecho sin causa clara hasta un desmayo durante el ejercicio. La miocardiopatía hipertrófica, una enfermedad que puede permanecer silenciada durante años, aparece en el centro de la advertencia y pone el foco en los antecedentes familiares como herramienta de detección.

Acá en Buenos Aires uno se cruza con la esquina y la sube sin pensarlo, pero hay días en que el cuerpo se encarga de recordarnos que no todo es automático. En el consultorio de un cardiólogo, esa sensación de que algo cambió sin motivo aparente suele ser el primer motivo de consulta, y detrás de ella puede esconderse un problema del corazón que llevaba tiempo sin dar la cara. El cardiólogo Ben Alencherry, de la prestigiosa Cleveland Clinic de Estados Unidos, se detuvo en las señales que justifican pedir un turno cuanto antes, y la lista es más amplia de lo que uno imagina.
Las dos alertas que no admiten espera
El especialista fue categórico: hay dos situaciones en las que la consulta tiene que ser inmediata, sin pasar por el botiquín ni esperar a ver si se pasa. La primera es un dolor de pecho que aparece sin una causa obvia, sin un golpe, sin un mal movimiento, sin un atragantamiento. La segunda, más llamativa todavía, es un desmayo que llega durante el ejercicio o poco después de haber terminado la actividad física. "Ante un desmayo vinculado al esfuerzo, lo razonable es suspender los entrenamientos hasta conocer el motivo", resumió Alencherry en diálogo con el medio internacional Health, una recomendación que golpea de lleno en quienes suelen arrastrar el cansancio sin darle importancia.
Esas dos banderas rojas pueden tener detrás distintas enfermedades del corazón, y una de las que más se repite en la consulta es la miocardiopatía hipertrófica, una afección en la que el músculo del corazón se engrosa de manera excesiva. El detalle que vuelve a esta enfermedad tan particular es que puede pasar años sin dar síntomas, como me lo confirmó una vez Jorge, vecino de Caballito, que la descubrió en un chequeo de rutina después de los cincuenta y nunca había tenido un solo aviso. Por eso los médicos insisten en que ningún síntoma aislado alcanza para cerrarle la puerta a nada: un dolor en el pecho también puede ser un infarto, una pericarditis o algo mucho más benigno, y la diferencia la hacen los estudios y la historia clínica de cada paciente.
Falta de aire, palpitaciones y cansancio: las señales del día a día
- Falta de aire frente a esfuerzos que antes se toleraban sin problema: subir una escalera, caminar dos cuadras, cargar las bolsas del super. La clave es el cambio, no el esfuerzo en sí.
- Cansancio persistente que se mezcla con dificultad para respirar y no se explica por un mal dormir o una jornada laboral pesada.
- Palpitaciones, es decir la sensación de que el corazón late muy fuerte, muy rápido o de manera irregular. Pueden ser aisladas y benignas, pero obligan a consultar cuando aparecen con falta de aire, fatiga marcada o interrumpen lo que uno estaba haciendo.
- Desvanecimientos, debilidad, sudoración, náuseas o alteraciones visuales que aparezcan con el esfuerzo físico y que no se habían presentado antes.
Alencherry también se detuvo en los antecedentes familiares, un dato que muchos pacientes subestiman porque no tuvieron síntomas propios. La miocardiopatía hipertrófica suele repetirse dentro de un mismo grupo familiar, y esa información puede ser suficiente para que el cardiólogo indique estudios específicos aun cuando la persona se sienta perfectamente bien. En las formas no obstructivas de la enfermedad, el corazón bombea con relativa normalidad y los síntomas pueden estar ausentes durante mucho tiempo, lo que vuelve al árbol genealógico en una herramienta de detección tan importante como un electrocardiograma.
Lo que queda flotando en el aire después de repasar las recomendaciones del especialista es una idea tan simple como difícil de cumplir: el cuerpo suele avisar antes de que algo se vuelva grave, y la diferencia entre un susto y un drama muchas veces está en tomarse en serio esos avisos. Como me decía la semana pasada Marta, del barrio de San Telmo, mientras tomábamos un café en la plaza Dorrego, uno se acostumbra a vivir con el corazón a mil y termina convenciéndose de que es normal: "Yo pensaba que era la edad, hasta que una mañana me levanté y no podía cruzar la calle sin parar". Casos como el de Marta, contado por ella misma entre mates, son los que le dan letra a estas advertencias que suenan lejanas hasta que dejan de serlo.
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