Cuando la confusión aparece de golpe en un adulto mayor: por qué no hay que esperar a ver si se pasa
Una alteración brusca de la orientación o la conducta puede ser un episodio de delirio, un cuadro que muchas veces tiene causa tratable y exige consulta inmediata, incluso en personas que ya conviven con una demencia.

Acá, en el barrio de siempre, donde uno cruza la esquina y saluda al kiosquero de toda la vida, suele pasar que cuando un padre o una madre empieza a desorientarse de golpe la familia se queda mirando para el techo, sin saber si tomar el teléfono o esperar a que se le pase. Y la verdad, según lo que explican los especialistas, esperar no es la mejor decisión: cuando la confusión aparece de un día para el otro, en horas o en un par de jornadas, hay que pedir una evaluación médica en el momento, porque puede tratarse de un episodio de delirio, un cuadro que muchas veces tiene una causa identificable y tratable, y que no tiene nada que ver con que la persona esté volviéndose loca ni con un simple mal humor de los abuelos.
Yo te lo resumo como me lo contaron, porque me parece que vale la pena tener esto a mano para cuando la situación toque de cerca. La farmacéutica de cuidados intensivos Heather Torbic, de la Cleveland Clinic, viene insistiendo hace rato con una idea que a mí me parece clave y que, si me permiten, la pongo en mi propia palabras: el delirio no es un capricho del cuerpo ni una manifestación caprichosa de la vejez, sino casi siempre un grito de auxilio que el organismo lanza porque algo no está funcionando bien por dentro, y que si uno detecta a tiempo y trata la causa que lo disparó, en una buena cantidad de casos se puede revertir y la persona vuelve a su nivel previo.
La diferencia que todos los familiares pueden notar
Ahora bien, me imagino que la pregunta lógica de cualquier hijo o nieto que esté leyendo esto es cómo se distingue un delirio de la demencia, o cómo se hace para no confundir un cuadro con el otro, sobre todo cuando la persona ya tiene un diagnóstico previo. Y la respuesta, aunque parezca simple, es bastante concreta: hay que mirar el reloj y mirar el calendario, porque lo que cambia es el tiempo. La demencia aparece de a poco, a lo largo de meses o de años, con una pérdida gradual de las capacidades que va mellando la autonomía de a poquito, mientras que el delirio se instala de un momento para el otro, en horas o a lo sumo en uno o dos días, y eso ya de por sí es una señal de alerta que no admite demasiadas especulaciones.
Y hay un segundo detalle que los médicos piden que se mire con atención, que es cómo está el paciente a lo largo del día, porque en el delirio es típico que la persona tenga un rato lúcido, casi como si nada hubiera pasado, y al rato siguiente vuelva a quedar desorientada, sin poder seguir la conversación ni entender qué se le dice, y ese péndulo entre la claridad y la confusión dentro de la misma jornada es una pista muy fuerte. A eso se le suma la dificultad para concentrarse en lo que pasa alrededor y los cambios de conducta, como un retraimiento que no es propio de la persona o una agresividad que los hijos juran que el viejo o la vieja no tenían, y que aparecen sin que haya un motivo claro que los explique.
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