Cuando las dos son mamás desde el primer paso: la experiencia de Pamela y Mariana con el método ROPA
Una técnica de reproducción asistida reparte el trabajo biológico entre dos mujeres: una aporta los óvulos y la otra lleva adelante el embarazo. Cómo se decide quién hace cada cosa, qué dice el especialista Agustín Pasqualini y qué vivieron dos parejas que eligieron ese camino para armar su familia.

La primera vez que escuché la sigla ROPA fue de casualidad, en una conversación de café con una amiga que llevaba meses leyendo sobre tratamientos de fertilidad. Me acuerdo de que pensé que era algo técnico, lejano, casi de manual médico. Pero cuando uno se sienta a charlar con quienes lo atravesaron, esa sigla se vuelve una historia con nombres y apellidos, con bebés que llegaron y con abuelos que todavía no terminan de entender cómo funciona. Acá va una de esas historias, la de Pamela y Mariana, que viven en Buenos Aires y armaron su familia con dos hijas gracias a este procedimiento que les permitió a las dos ser protagonistas, cada una a su modo, del mismo proceso.
Qué significa ROPA y por qué es distinto a otros tratamientos
ROPA es la sigla de Recepción de Ovocitos de la Pareja y, como explica el especialista en medicina reproductiva Agustín Pasqualini, se trata de una variante de la fecundación in vitro pensada específicamente para parejas de mujeres. La diferencia central es que las dos participan del proceso: una aporta los óvulos y la otra gesta el embarazo. El procedimiento arranca con la estimulación de los ovarios de quien dona los óvulos, sigue con la fecundación en el laboratorio con semen de un donante y termina con la transferencia del embrión al útero de la otra mujer, que necesita una preparación endometrial previa.
¿Y cómo se decide quién hace cada cosa? Acá viene uno de los puntos que más conversamos con Pasqualini, porque no hay una regla única. Para elegir a la mujer que aportará los óvulos se miran sobre todo dos datos: la edad y la reserva ovárica. Para la que llevará adelante la gestación se revisa el estado general de salud, la historia ginecológica y obstétrica y las condiciones del útero. Cuando las dos están en condiciones de asumir cualquiera de los dos roles, entra en juego un terreno más íntimo: cómo quiere vivir cada una la maternidad. El médico lo dijo con una claridad que me quedó resonando: la decisión combina la evaluación médica con los deseos de ambas, y por eso es de las pocas instancias donde la parte clínica y la parte humana se dan la mano en serio.
- Quién aporta los óvulos: se define según la edad y la reserva ovárica de cada mujer.
- Quién gesta: se evalúa la salud general, la historia ginecológica y obstétrica y las condiciones del útero.
- Si las dos pueden ocupar cualquiera de los dos roles, se prioriza cómo quiere vivir la maternidad cada una.
- Algunas parejas eligen ROPA para que las dos estén presentes corporalmente en el proceso reproductivo.
La historia de Pamela y Mariana: Juana, Eva y varias conversaciones pendientes
Pamela Visciarelli y Mariana Blanco llegaron al método ROPA después de varios intentos fallidos de embarazo. Hasta ese momento, Mariana había hecho todos los tratamientos con sus propios óvulos, sin éxito. Fue su médica, Liliana Blanco, la que les planteó la posibilidad de cambiar la estrategia: que Pamela aportara los óvulos y Mariana gestara. La propuesta les abrió una puerta que no habían considerado y que, según cuentan, terminó de ordenar un plan que ellas ya venían charlando en la cocina de su casa. Acá, en la mesa del living, me contaron que antes de hablar con la médica ya habían conversado sobre quién quería vivir el primer embarazo. Por una cuestión de edad, las dos coincidían en que Mariana llevara adelante esa primera experiencia. El acuerdo estaba hecho de palabra y de sentido común, sin demasiada épica. Después llegó Juana, en la primera transferencia del tratamiento. Y dos años más tarde llegó Eva, con Pamela como gestante, también en la primera transferencia. En las dos oportunidades, según relataron, no hizo falta repetir el procedimiento.
Pero no todo fue color de rosa. Pamela me contó algo que la marcó y que repitió varias veces mientras hablábamos en su casa de Palermo: mientras Mariana cursaba el embarazo de Juana, mucha gente a su alrededor no terminaba de entender qué lugar ocupaba ella en la familia. Le preguntaban si era amiga, si era tía, si era la madrina. Explicar que ella también era la mamá se volvió una tarea casi cotidiana, y a veces agotadora. Para Pamela, la llegada de Juana tuvo un peso enorme: fue el momento en que pudo reconocer su maternidad sin haber atravesado un embarazo, con todo lo que eso implica socialmente. Esa parte del relato me dejó pensando cuántas cosas damos por sentadas cuando hablamos de familia, y cuántas veces la realidad va varios pasos más adelante de lo que la conversación popular alcanza a procesar.
“Cuando nació Juana pude decir, sin que nadie me lo discutiera, que yo era su mamá. Y eso me cambió la vida.”Pamela Visciarelli, mamá de Juana y Eva
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