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Lunes, 5 de octubre de 2026
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Cuando llenar la heladera se vuelve una operación a crédito: el 88,8% de los hogares argentinos tuvo que financiarse la comida en septiembre

El informe del IETSE muestra que el fiado y la tarjeta de crédito encabezan la lista de recursos a los que apelan las familias para acceder a la Canasta Básica Total, que ya cuesta más de dos millones de pesos.

OM
Osvaldo MarchettiAgroexportación y puerto · · 5 min de lectura
Cuando llenar la heladera se vuelve una operación a crédito: el 88,8% de los hogares argentinos tuvo que financiarse la comida en septiembre

Permítanme contarles lo que dejó septiembre de 2026 en materia de acceso a la comida, porque los números del Informe Económico y Social del IETSE son de esos que duelen y, al mismo tiempo, obligan a tomar dimensión de lo que viven las familias argentinas todos los meses: casi nueve de cada diez hogares debieron recurrir a alguna forma de financiamiento para comprar alimentos. La cifra exacta es del 88,8%, y vale la pena desmenuzarla porque no se trata de un simple consumidorino: ya no alcanza con el ingreso del trabajo, ni siquiera para los alimentos, y por eso aparecen el fiado, la tarjeta de crédito y los préstamos personales como sostenes cotidianos de la subsistencia.

Fiado, tarjeta y préstamos: la nueva arquitectura del consumo alimentario

El fiado volvió a encabezar el ranking de los recursos a los que apelan las familias, con un 38,4% de los hogares que reconocieron haberlo utilizado durante el mes relevado; en segundo término aparecen las cartas con un 36,5%, y todavía hay un 13,9% adicional que directamente toma un préstamo con el objeto de sentarse a comer, lo que termina configurando un verdadero menú de opciones en las que el ejercicio financiero del mes termina configurando un verdadero menú de opciones en las que el ejercicio financiero del mes termina configurando un verdadero menú de opciones en las que el ejercicio financiero del mes se vuelve inseparable del ejercicio cotidiano de poner un plato en la mesa.

  • Fiado en comercios de cercanía: 38,4% de los hogares.
  • Tarjetas de crédito: 36,5%.
  • Préstamos personales para gastos de comida: 13,9%.

La fotografía se completa con otros datos que el IETSE recogió y que describen una economía familiar cada vez más agujereada: el 28,5% de los hogares tuvo que pedir dinero prestado para cubrir gastos básicos, lo que confirma que no solo la alimentación exige financiarse a fondo. Además, cuando se les preguntó cuánto tiempo podrían mantenerse sin ingresos, el 61,3% respondió que resistiría menos de una semana y otro 32,7%, entre una semana y un mes. En otras palabras, casi la totalidad de los hogares consultados vive al día, o peor aún, vive en rojo.

Menos comida en el plato y adultos que se sirven menos

Las restricciones alimentarias, que suelen ser el último eslabón de la cadena del ajuste, aparecen con fuerza en los datos que releva el IETSE mes a mes: solo el 42,4% de los hogares declaró haber podido acceder a todos los alimentos que necesitaba durante septiembre, mientras que el restante 57,6% admitió algún tipo de dificultad o restricción. Cuando se trata de familias con chicos, la situación se vuelve doblemente sensible: en el 28,6% de esos hogares, algún menor de edad comió menos durante el mes por falta de dinero, lo que representa un dato que ningún número puede disimular y que ninguna estadística puede volver neutro.

“El 57,6% de los hogares debió restringir alimentos y, dentro de los que tienen chicos, el 28,6% admitió que algún menor comió menos por falta de plata.”Informe Económico y Social del IETSE, septiembre de 2026

El ajuste también se cobró su parte entre los adultos, que muchas veces son los primeros en achicar su propio plato: en el 39,1% de los hogares, alguna persona adulta redujo voluntariamente la cantidad o la calidad de su comida para que alcanzara para los demás integrantes. El restante 60,9% dijo que esa dinámica no se había presentado en su casa durante el mes relevado, lo que no implica que la comida les haya sobrado, sino simplemente que no debieron aplicar ese recorte tan drástico en particular.

Precios en alza y consumo en baja: la otra cara del mismo fenómeno

Como si la fotografía ya no fuera suficientemente elocuente, el informe del IETSE registró además una inflación mensual del 2,1% durante septiembre, tres décimas por encima del 1,8% de agosto, lo que interrumpió la secuencia de desaceleración que se venía observando en los meses previos. En términos acumulados, la inflación de 2026 alcanza el 24%, y la interanual se ubica en el 32,8%: dos guarismos que, traducidos al almacén de la esquina, significan que la misma bolsa de productos que el año pasado costaba una cosa hoy cuesta otra sensiblemente mayor, y que la próxima compra seguramente costará otra aún más alta.

Para el hogar de referencia que utiliza el IETSE en sus mediciones, la Canasta Básica Total -es decir, la cantidad mínima de dinero que necesita una familia tipo para cubrir sus consumos esenciales- alcanzó en septiembre los 2.076.505 pesos, mientras que la Canasta Básica Alimentaria, que marca el umbral de indigencia, se ubicó en 1.130.236 pesos. Son cifras que hay que leer despacio, porque no son abstractas: cada una de esas familias que contestó fin y llena el formulario del relevamiento está tratando de juntar, todos los meses, montos como esos con ingresos que, en la enorme mayoría de los casos, no llegan a cubrirlos.

Y como cierre de este cuadro, aparece el dato que conecta la góndola con la macro: las ventas de alimentos y bebidas en los comercios minoristas de proximidad, medidas en volumen, cayeron un 8,3% respecto de septiembre de 2025. Menos comida vendida en los negocios barriales, más familias que se financian para poder comer y una inflación que, lejos de domarse, se mantiene por encima de las previsiones: esa es, a fin, la postal que dejó septiembre y que el Estado todavía no resolvió, pese a que la tiene delante de los ojos en cada pizarra, en cada mostrador y en cada mesa servida a medias.

OM
Osvaldo MarchettiAgroexportación y puerto

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