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Jueves, 15 de octubre de 2026
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De jirafas en Nairobi a leones en el Serengueti: el viaje soñado que Anamá Ferreira cumplió en África

La modelo y conductora recorrió Kenia y Tanzania durante varias jornadas, se cruzó con una comunidad masái, alimentó a una jirafa de Rothschild y volvió con los Cinco Grandes bien adentro de la cabeza.

SB
Sofía BianchiCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
De jirafas en Nairobi a leones en el Serengueti: el viaje soñado que Anamá Ferreira cumplió en África

Hay una imagen que me quedó dando vueltas de todo lo que publicó Anamá Ferreira en estos días. Es una foto en la que la modelo y conductora tiene la boca abierta, asomada por una plataforma de madera, y del otro lado una jirafa de Rothschild le estira el cuello hasta rozarle la cara para agarrar el pellet que le ofrecen. Esa postal resume, a mi entender, lo que terminó siendo este viaje suyo por el este de África: una sucesión de escenas de cercanía con cosas que, desde Buenos Aires, parecen lejanísimas.

El arranque en Nairobi, entre jirafas y la casa de Karen Blixen

El periplo comenzó en la capital keniana. El primer destino fuerte fue el Giraffe Centre, un centro de conservación dedicado a proteger a la jirafa de Rothschild, una subespecie que está en peligro de extinción y que, según se repite en los folletos del lugar, llegó a tener apenas unos pocos cientos de ejemplares en estado silvestre. Ahí fue donde Anamá pudo darles de comer con sus propias manos y, claro, tentarse con alguna selfie. Lo contó así: "Hoy viví uno de esos momentos que quedan para siempre en el corazón. Estar tan cerca de ellos, darles de comer y hasta poder sacarme una selfie fue simplemente inolvidable".

Antes de seguir viaje, la conductora se detuvo en otra parada muy pisada por los turistas que pasan por Nairobi: el Museo Karen Blixen, que funciona en la antigua residencia de la escritora danesa que vivió varios años en Kenia y que después se hizo famosa por su novela Memorias de África. "Caminar por su casa y pensar que acá transcurrió parte de esa historia es bastante mágico", dijo sobre la visita.

Masái Mara: la comunidad masái y una danza que se explica con el cuerpo

De Nairobi el itinerario saltó al sudoeste, hasta el Masái Mara, la Reserva Nacional que los kenianos comparten con los tanzanos a través del Serengueti. Ahí, según lo que ella misma fue mostrando en sus redes, se produjo uno de los momentos más fuertes del viaje: el encuentro con una comunidad masái. La conductora describió en detalle la shuka, esa tela tradicional de color rojo intenso que los masái usan a modo de manta o capa, y los collares y adornos de cuentas que se ponen como símbolo de identidad y también como marcador de estatus dentro del grupo. También participó de la adumu, la danza de saltos en la que los jóvenes guerreros van elevándose cada vez más alto, con el cuerpo lo más erguido posible y sin tocar a nadie. Lo presentó como un ritual cargado de simbolismo.

El cruce a Tanzania y la búsqueda de los Cinco Grandes

Cruzar la frontera hacia Tanzania fue el segundo capítulo. Ahí la esperaban las llanuras del Serengueti y, más al este, el cráter del Ngorongoro, una caldera volcánica enorme que concentra una cantidad inusual de fauna y que es, para los amantes del safari, uno de esos lugares a los que se va a tachar de la lista. En esa parte del recorrido Ferreira cumplió uno de los grandes objetivos que se había propuesto: ver en libertad a los Cinco Grandes, ese agrupamiento clásico que usan los guías de la zona para nombrar al león, el leopardo, el elefante, el rinoceronte y el búfalo.

Lo dijo sin vueltas: avistar a esos cinco animales en su hábitat era uno de los platos fuertes del viaje. Y se entiende: estamos hablando de un periplo donde las chances de cruzarse con cada uno dependen del día, del clima y de la puntería del rastreador.

Lo que se llevó, más allá de las fotos

Más allá de la fauna y los paisajes, la conductora volvió mostrando algo de lo que se ve menos en este tipo de viajes: atardeceres sobre los grandes lagos de la región y, sobre todo, momentos con familias y chicos de comunidades locales. A esos intercambios los definió como una experiencia "profundamente enriquecedora". Si uno junta todo eso, lo que se trae es una mezcla rara: la postal de la jirafa del primer día, la corrida de polvos del Serengueti al atardecer y el recuerdo de un nene que le devolvió la sonrisa en una aldea.

Por ahora no trascendieron nuevas fechas en agenda ni montos de entradas vinculadas a este periplo: el viaje fue más bien una experiencia personal que Anamá eligió compartir con su público. Para quien esté armando algo parecido y quiera hacer base primero en la capital de Kenia, vale tener en cuenta que las excursiones al Masái Mara suelen combinarse con extensiones a Tanzania que arrancan en Nairobi y terminan en Arusha o en el propio cráter del Ngorongoro, según el operador.

SB
Sofía BianchiCultura y espectáculos

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