De Niro y Streep, sin balas pero con corazón: la película de 1984 que casi nadie vio y hoy se puede recuperar
En 1984, dos de los actores más formidables de Hollywood dejaron la épica y la grandeza para contar algo mucho más chico y mucho más incómodo: la atracción que aparece cuando ya no toca. Una historia simple, neoyorquina, y todavía vigente.

Lo primero que hay que decir es que esta película no es lo que uno esperaría. Uno, porque asocia a Robert De Niro con personajes que te miran de manera desafiante o te hablan con un acento mafioso que te hiela la espalda. Y asocia a Meryl Streep con actrices que se transforman hasta volverse irreconocibles en la pantalla. Sin embargo acá, a tres años del estreno de Toro salvaje y a cuatro de La decisión de Sophie, los dos se sacan de encima todo ese peso y se prueban un traje mucho más austero: el de dos adultos casados que se gustan sin buscarlo y tienen que decidir qué hacen con eso.
Una librería, un paquete cambiado y todo lo que vino después
La película arranca en una librería de Manhattan, en plena época de fiestas. Frank Raftis, el personaje de De Niro, y Molly Gilmore, la de Streep, terminan llevándose por error los paquetes que habían dejado apartados para sus familias. Lo que empieza como un malentendido más bien menor se convierte en la excusa para volver a cruzarse meses después, en los vagones del tren que los dos usan por rutina. La familiaridad crece de a poco, la atracción también, y ahí aparece el verdadero problema: los dos están casados, los dos tienen hijos, los dos saben que cualquier paso que den va a tener consecuencias para gente que no pidió nada.
El director es Ulu Grosbard, un señor que venía del teatro y que dejó que la cámara se quedara cerca de la gente común sin estridencias. El guion es de Michael Cristofer, que tampoco apura nada. No hay golpes bajos ni declaraciones altisonantes. Hay cenas en casas de amigos donde alguien se intoxica con mejillones, hay silencios en la escalera de un edificio, hay miradas que duran un poco más de lo debido. La ciudad funciona como escenario y como cómplice: la librería, el tren, los bares anónimos de Manhattan hacen posible que algo enorme para los protagonistas ocurra dentro de escenarios completamente ordinarios.
El elenco que sostiene el mundo alrededor de la pareja
- Harvey Keitel interpreta al mejor amigo de Frank, un tipo expeditivo que mira la situación desde afuera y no se calla nada.
- Dianne Wiest, muy lejos todavía del Oscar que ganaría dos años después, compone a la esposa de él con una dignidad que duele.
- Jane Kaczmarek, la recordada protagonista de la serie Malcolm, da vida a la mejor amiga de Molly, otro vínculo importante para que la decisión final tenga peso.
- David Clennon completa el cuadro como el marido de ese personaje, en una de esas actuaciones breves y precisas que muchas veces sostienen el drama entero.
La crítica no la acompañó de manera cerrada. Roger Ebert le puso dos estrellas sobre cuatro y por ahí contó que el guion le pareció un poco demasiado prolijo, como si los personajes supieran exactamente qué sentir en cada momento. Sí rescató, en cambio, los momentos en los que De Niro y Streep se quedan callados y se miran, que son los mejores de la película. Varios textos de la época la emparentaron con Breve encuentro, el clásico inglés de 1945, dos historias que cuentan lo mismo desde lugares parecidos: gente grande que se quiere en un momento donde quererse resulta una complicación.
En la taquilla la cosa fue modesta: las cifras que registra Box Office Mojo la dejaron con poco más de once millones de dólares en Estados Unidos y Canadá, y un debut de alrededor de dos millones trescientos mil. Nada escandaloso para una película con dos estrellas así en el cartel. Pero tampoco fue un fracaso: se mantuvo en cartel durante varias semanas en la ciudad de Nueva York, justamente el paisaje que la película necesitaba para existir.
A esta altura conviene avisar que la película vuelve a estar disponible en formato digital, después de años en los que conseguir una copia decente era una pequeña aventura. Para quienes vieron Toro salvaje y La decisión de Sophie y quieren ver qué pueden hacer estos dos actores cuando se sacan la épica de encima, es una oportunidad. Y para quienes pasan los cuarenta y se reconocen en esa mezcla rara de hastío, cariño y atracción tardía, también. Frank y Molly no son ni más valientes ni más cobardes que el resto. Son gente que se quiere un poco mal y un poco tarde, y la película les da el tiempo suficiente para que uno se dé cuenta de que eso, en realidad, le pasa a cualquiera.
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