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Sábado, 3 de octubre de 2026
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Del surco al volante: Autonomy mete 1.500 autos 0 km en la calle y ya tiene 15.000 choferes haciendo cola

La empresa que alquila vehículos para trabajar con aplicaciones cerró una serie A por US$ 8 millones y se prepara para cruzar a Chile y Uruguay; mientras tanto, en Argentina crece la lista de espera y la discusión sobre qué condiciones debería exigirle el Estado a un modelo que convierte al conductor en una suerte de monotributista del volante.

OM
Osvaldo MarchettiAgroexportación y puerto · · 5 min de lectura
Del surco al volante: Autonomy mete 1.500 autos 0 km en la calle y ya tiene 15.000 choferes haciendo cola

A esta altura de la semana, con el precio de la pizarra Rosario mostrando un repunte de pocos dólares en soja y maíz y el río Paraná todavía corriendo por debajo de los niveles históricos que complican la logística del Up-River, cuesta hacerse a la idea de que la dinámica del trabajo argentino se esté reconfigurando también en otro frente, mucho más visible en las calles porteñas y del conurbano bonaerense, donde cada vez más conductores se suben a un auto que no es suyo para ganarse el pan del día; en ese contexto aparece Autonomy, una compañía que acaba de cerrar una ronda serie A por 8 millones de dólares y que, según me acerco a chequear con varias fuentes del sector, se está consolidando como una de las propuestas más concretas para quienes quieren trabajar con aplicaciones de transporte sin tener un vehículo propio ni acceso al crédito tradicional, algo que en la Argentina de 2026 no es un detalle menor sino casi una barrera de entrada infranqueable para buena parte de la población económicamente activa.

Dos modalidades, una misma promesa de 0 km

Lo que la empresa ofrece es, en los papeles, bastante sencillo de explicar: vehículos cero kilómetro con seguro, mantenimiento y permisos ya incluidos dentro de la cuota, de modo tal que el conductor no tiene que andar resolviendo por su cuenta ninguno de esos ítems que suelen ser el dolor de cabeza cotidiano de cualquier titular; pero la letra chica trae dos opciones bien diferenciadas, porque está por un lado el alquiler semanal clásico, pensado para quien quiere movilidad inmediata sin compromiso de compra, y por otro lado un esquema con opción a adquisición de la titularidad una vez cumplidos 48 meses de pagos consecutivos, modalidad esta última que implica una cuota aproximadamente 12 por ciento más alta que la del alquiler puro, una diferencia que, traducida al flujo de caja semanal de un chofer de aplicación, no es menor y que por eso vale la pena tener muy presente antes de firmar cualquier plan.

  • Alquiler semanal: 0 km con seguro, mantenimiento y permisos incluidos, sin compromiso de compra al final del contrato.
  • Alquiler con opción a compra: 48 meses de pagos y posibilidad de quedar como titular del vehículo, con una cuota cerca de 12% mayor.
  • Gestión 100% por app: estado de cuenta, documentación, asistencia mecánica y reserva de turnos desde el celular.
  • Los pagos se debitan automáticamente de lo que el conductor genera en las plataformas de transporte.

Para acceder a cualquiera de las dos alternativas, la empresa no evalúa al postulante como lo haría un banco clásico, es decir, no pide antigüedad laboral, recibo de sueldo formal ni un scoring crediticio tradicional, sino que se concentra en lo que el propio José N. Trusso, fundador y CEO de Autonomy, define como la capacidad de generar ingresos futuros, un enfoque que, en sus propias palabras, apunta a mirar la actividad que el candidato ya viene desarrollando dentro de las aplicaciones: cantidad de viajes realizados, ingresos generados y, sobre todo, el promedio de calificaciones que recibieron de los pasajeros, un indicador que, a mi entender, termina funcionando como una suerte de garantía de calidad y de comportamiento en la vía pública, algo que ninguna planilla de un banco podría relevar con esa precisión.

“Nos concentramos más en la capacidad de generar ingresos futuros, por eso analizamos la actividad del postulante en las propias aplicaciones, viajes, ingresos y calificaciones, en lugar de pedir los mismos requisitos que un banco tradicional.”José N. Trusso, fundador y CEO de Autonomy

Hoy por hoy, la compañía cuenta con 1.500 unidades rodando en distintas ciudades del país y, según los números que se conocieron tras el cierre de la ronda, unas 15.000 personas permanecen en lista de espera esperando que llegue su turno para acceder a un auto, una cifra que, comparada con el stock disponible, habla a las claras de que la demanda está muy por encima de la oferta y que, por lo tanto, la inyección de los 8 millones de dólares no llega como un lujo sino como una necesidad operativa si la empresa quiere cumplir con los plazos prometidos y, sobre todo, si quiere sostener la expansión regional que ya tiene en carpeta, porque Autonomy confirmó que el destino principal de esos fondos será la compra de nuevas unidades, el desarrollo de tecnología propia y el desembarco en Chile y Uruguay, con la meta declarada de alcanzar los 10.000 vehículos en circulación hacia diciembre de 2027, una proyección ambiciosa que, a juzgar por la dinámica actual, parece perfectamente alcanzable siempre y cuando el fondeo se complete en tiempo y forma.

Lo que el Estado todavía no resolvió

Ahora bien, más allá de los números y de la lógica de mercado, hay un costado de esta historia que, como me lo hizo notar Carlos, un camionero de Pergamino con el que hablé mientras esperaba para descargar en el puerto y que conoce de cerca la vida del transporte porque lleva más de veinte años arriba de un camión, todavía no encuentra respuestas claras del lado del Estado, porque si el modelo Autonomy termina consolidándose y empiezan a verse miles de autos alquilados trabajando doce, catorce o dieciséis horas por día en la calle, lo que se está configurando de hecho es una nueva categoría de trabajador que no es ni empleado ni contratista clásico, sino una suerte de monotributista del volante que asume riesgos de mantenimiento, de accidente, de desgaste del vehículo y, en muchos casos, hasta de violencia vial, sin que exista todavía un marco regulatorio específico que contemple esa realidad; y ese, a mi modo de ver, es el verdadero debate que la Argentina tiene pendiente, porque no alcanza con celebrar la innovación privada y la cantidad de dólares que entran si, al mismo tiempo, no se discuten con seriedad los derechos laborales, las cargas sociales, los aportes jubilatorios y la cobertura de riesgos del trabajo de quienes, en definitiva, son los que ponen el cuerpo todos los días para que el sistema funcione, una cuestión que el material difundido por la compañía no aborda y que, por lo tanto, queda como una cuenta abierta para los próximos meses, en los que la expansión de Autonomy promete volver a poner el tema sobre la mesa con más fuerza que nunca.

OM
Osvaldo MarchettiAgroexportación y puerto

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