Saltar al contenido
Lunes, 5 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Noticias Litoral

Noticias Litoral

Digger, de Iñárritu: cuando el escenario se vuelve el único aire que queda

Tom Cruise y Jesse Ples dan vida a una historia que cruza el capitalismo, la crisis climática y el teatro en una misma obra.

SB
Sofía BianchiCultura y espectáculos · · 2 min de lectura
Digger, de Iñárritu: cuando el escenario se vuelve el único aire que queda

Lo que arranca como una sátira sobre el poder y el dinero termina, en Digger,convertido en una obra dentro de otra obra. La nueva película de Alejandro González Iñárritu, con Tom Cruise como protagonista y Jesse Plemons como su sobrino, juega todo el tiempo con esa confusión: lo que vemos en pantalla es real y es, al mismo tiempo, una representación. Y ese truco no es un capricho: es el corazón de la propuesta.

Un magnate, una distopía y un teatro como refugio

La historia pone en el centro a un empresario poderoso que termina siendo el hilo conductor de un mundo devastado, donde la gente necesita mascarillas para poder circular. Plemons interpreta al sobrino de ese magnate, el que sostiene el negocio familiar vendiendo justamente esas mascarillas. La operación es tan oscura como suena: la catástrofe se transformó en un mercado, y la familia del magnate maneja ese mercado.

Hasta ahí, una sátira afilada sobre el capitalismo y la crisis climática. Pero Iñárritu da un paso más: la familia financia una puesta en escena que reconstruye la historia del magnate en un teatro. Y ahí entra Cruise, que no interpreta al magnate, sino a un actor que interpreta al magnate. Esa diferencia se revela después del primer acto y cambia todo lo que creíamos estar viendo.

  • El personaje de Cruise es un actor que encarna al magnate en una obra teatral.
  • La obra es financiada por el sobrino del magnate, interpretado por Plemons.
  • El negocio de las mascarillas sostiene el imperio familiar tras la catástrofe.
  • El final muestra al público saliendo del teatro con sus mascarillas puestas.

Ese juego de espejos es lo que vuelve a Digger una propuesta tan particular. La vida del magnate sobre el escenario funciona como el pasado que explica el presente distópico de la película. La obra de teatro no es solo una metáfora: es la pieza que une los negocios de la familia con el público que va a verla.

Cómo termina la función

El desenlace es lo más arriesgado del filme. Sobre el escenario se representa la caída y la muerte de Digger, y el público celebra. Cuando baja el telón, los espectadores salen a la calle con sus mascarillas, intentando pasar desapercibidos frente al control policial. Teatro y mundo exterior se confunden en esa salida.

Iñárritu trabaja también el sonido hasta el final. La banda ofrece pausas de alivio que se cortan de forma abrupta, incluso durante los créditos. La película no te deja respirar del todo, ni cuando parece que la función ya terminó.

Con esa estructura, Digger deja una pregunta incómoda: qué tan distinto es, hoy, mirar una ficción sobre el poder desde una butaca, mientras afuera el mismo poder sigue funcionando. La película no responde, pero hace que uno se vaya del cine con esa duda encima.

SB
Sofía BianchiCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo