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DNI en el molinete: la nueva puerta de entrada gratuita al subte para los jubilados porteños

Una ley sancionada en la Legislatura de la Ciudad elimina la credencial especial y habilita el viaje sin cargo en toda la red, todos los días y a cualquier hora, para quienes cobren hasta dos haberes mínimos y medio y tengan domicilio en territorio porteño. La reglamentación definirá los detalles operativos dentro de un plazo máximo de sesenta días.

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Osvaldo MarchettiAgroexportación y puerto · 28 DE AGO DE 2026 · 3 min de lectura

Les confieso que pocas veces una novedad del transporte metropolitano me había generado una expectativa tan concreta como la que me produjo esta ley porteña que acaba de recibir sanción en la Legislatura de Buenos Aires, porque va directo a un bolsillo históricamente castigado y porque, además, llega con una promesa operativa tan simple como apoyar el documento nacional de identidad contra el molinete y abrir la barrera sin pagar un centavo, sin sacar una tarjeta nueva y sin calcular en qué franja del día conviene o no conviene pasar.

La norma, que todavía espera su reglamentación definitiva, establece que podrán viajar sin cargo en el subte los jubilados y pensionados que perciban hasta dos haberes mínimos y medio y que acrediten domicilio en la Ciudad de Buenos Aires, una condición que, en los hechos, deja afuera a una porción importante de adultos mayores que viven en el conurbano bonaerense pero que durante años utilizaron la red como parte de su rutina cotidiana, incluso de manera irregular.

Quiénes entran y con qué condiciones

Quedan comprendidos dentro del beneficio, según el texto aprobado, los titulares de prestaciones previsionales que no superen ese tope de ingresos y los retirados de las Fuerzas Armadas y de las fuerzas de Seguridad que también vivan en jurisdicción porteña y cumplan con la misma condición de haberes.

El plazo de habilitación se fijó en cinco años, con posibilidad de renovación automática mientras el beneficiario conserve los requisitos de residencia e ingresos, lo que en la práctica significa que la administración porteña deberá montar un mecanismo de control periódico para evitar que queden dentro del sistema personas que hayan cambiado de domicilio o superado el tope salarial, algo que, conociendo los antecedentes de otros padrones similares, no será menor.

Sin horarios y sin papeles extras

La diferencia más palpable respecto de experiencias anteriores es que la gratuidad no tendrá restricciones de franja horaria, ya que regirá todos los días durante todo el horario de servicio, una decisión que cambia el escenario para quienes madrugan para llegar a un turno médico en un hospital de la Ciudad, para quienes resuelven trámites a última hora o para quienes, simplemente, usan el subte como herramienta de movilidad nocturna.

  • Apoyar el DNI en el molinete habilitado, sin necesidad de credencial especial ni tarjeta adicional.
  • Vigencia del beneficio todos los días del año y durante toda la jornada de servicio.
  • Cobertura para jubilados, pensionados y retirados de Fuerzas Armadas y de Seguridad con domicilio porteño.
  • Tope de ingresos: hasta dos haberes mínimos y medio previsionales.
  • Habilitación por cinco años, con renovación sujeta al cumplimiento de los requisitos.
  • Tramitación en sedes comunales con DNI, comprobante de domicilio y constancia de ingresos previsionales.

Para el trámite de alta, las sedes comunales recibirán la documentación y el Gobierno porteño adelantó que los requisitos serán acotados, de manera que el beneficiario solo deba presentar su documento nacional de identidad, un comprobante de domicilio en la Ciudad y la constancia que acredite su nivel de ingresos previsionales, datos con los cuales la administración lo registra en el sistema y, a partir de ese momento, el acceso queda liberado en cada molinete que reconozca la lectura del DNI.

Como periodista que recorre las estaciones y conversa con quienes las usan, me parece relevante señalar que todavía quedan por delante sesenta días como máximo para completar la reglamentación, un período durante el cual se deberán definir los puntos de validación física, la operatoria técnica en cada estación de la red y, sobre todo, la fecha exacta desde la cual el beneficio estará efectivamente disponible, porque una ley sin reglamentación es, en los hechos, una promesa pendiente.

A mí me gusta escuchar a la gente en los andenes, y por eso les pregunto a ustedes, lectores habituales de esta columna, si la gratuidad en el transporte público hace una diferencia real en el presupuesto mensual de los jubilados de su entorno, porque detrás de cada medida de este tipo hay familias que ajustan sus recorridos, sus visitas y hasta sus decisiones médicas según lo que puedan gastar en un boleto.

OM
Osvaldo MarchettiAgroexportación y puerto

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