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Donde la Araucanía se cruza con la Patagonia: un geoparque chileno ofrece voluntariado todo el año y la experiencia cambia a quien va

A pocas horas de la frontera con Argentina, el Geoparque Kütralkura, reconocido por la ONU para la educación y la cultura, busca colaboradores para 2026 con alojamiento, comida y excursiones incluidas, a cambio de tareas de conservación y atención al visitante en un escenario de volcanes, araucarias y pumas.

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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · 14 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

La Ruta 181 que sale de Pino Hachado y se interna hacia Lonquimay tiene esa costumbre patagónica de regalarle al viajero un paisaje distinto cada media hora. De golpe aparece un lago, después un lengal arrasado por la última nevada, y al fondo, como un fantasma gris, el cordón del Lonquimay y sus cráteres todavía humeantes. A un costado del camino, casi sin aviso, se levanta la tranquera del Kütralkura, un geoparque con sello de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, la Unesco, y un programa de voluntariado que para 2026 ya está convocando a personas de toda América, incluida la Argentina, para sumarse a sus tareas de conservación, ecoturismo y educación ambiental.

Aclaremos de entrada, porque siempre conviene hacerlo para no llevarse sorpresas después: esto no es un trabajo en relación de dependencia ni un puesto pago. Es una experiencia de voluntariado con contraprestación en servicios, una figura que en la Argentina conocemos bien y que muchas veces funciona mejor que cualquier contrato, siempre que las dos partes tengan claras las reglas de juego desde el primer día.

Qué ofrece el geoparque a quien se anote

  • Alojamiento en habitación compartida dentro del predio.
  • Desayuno, almuerzo y cena, con acceso a huerta propia y cocina a disposición.
  • Uso gratuito de lavandería y de bicicletas para moverse por los senderos internos.
  • Tours y excursiones guiadas sin costo adicional durante la estadía.
  • Un certificado de participación al finalizar la experiencia.
  • Capacitación en terreno en temas de biodiversidad, manejo de fauna y educación ambiental.

La jornada tipo es de cinco días por semana, con un total aproximado de 30 horas, y al menos un día de descanso. Las tareas se definen semana a semana según las necesidades del lugar, así que nadie sabe de antemano si le tocará arreglar un domo, limpiar un sendero, sacar maleza de la huerta o recibir a un contingente de visitantes extranjeros que llega con muchas ganas de aprender y pocas pilas en el celular. También hay trabajos de jardinería, cultivo, construcción liviana y reparaciones generales, y una parte importante de la actividad es al aire libre, en un clima que en invierno castiga con temperaturas bajo cero y nevadas que complican los desplazamientos.

Qué pide el programa y qué cosas no están cubiertas

Los requisitos son simples: tener entre 18 y 60 años, manejar inglés fluido o, en su defecto, español en nivel principiante, y postularse de manera individual, porque las parejas y los grupos de amigos no pueden anotarse juntos. La estadía mínima es de cuatro semanas y puede estirarse hasta doce, con bastante flexibilidad para combinar fechas. Lo que el programa no solventa son los pasajes hasta Chile, el seguro de viaje, el transporte interno dentro del país y los trámites migratorios, que en el caso de ciudadanos argentinos exigen cierta atención al detalle, sobre todo si se viaja con menores o con mascotas. La conexión a internet, además, es básica: suficiente para mandar mensajes y revisar correo, pero complicada para quienes pretendan estudiar a distancia o sostener un trabajo remoto con videollamadas.

Una experiencia que deja huella, según quienes ya pasaron

Lo cuenta María, una voluntaria argentina que viajó sola desde Buenos Aires y terminó quedándose varias semanas más de las previstas. Acá, en la vereda de un bar del barrio de Once donde trabaja como diseñadora freelance, repasa lo que vivió con una mezcla de orgullo y de nostalgia: 'El trabajo es duro y gratificante a la vez. Los paisajes son de esos que te obligan a parar y mirar. Las caminatas al atardecer, cuando se prenden los volcanes, no las cambio por nada. Lo único que recomiendo es preguntar antes cómo se organizan los francos, porque en mi época eso no terminó de quedar claro y generó algo de ruido en la convivencia'.

Otros voluntarios que rotaron este año coinciden en dos cosas que se repiten en cada charla de fogón: la convivencia diaria con gente de distintos países y la oportunidad de participar en proyectos de monitoreo de fauna, como el seguimiento de pumas en la zona, y de reintroducción de especies que habían desaparecido del área. Para los lectores argentinos que estén pensando en cruzar la frontera, la fórmula es directa: si te atrae la idea de pasar una temporada entre araucarias milenarias, volcanes activos y comunidades mapuche, y estás dispuesto a poner el cuerpo y la voluntad a cambio de techo, comida y aprendizajes que no se consiguen en ningún manual, la convocatoria del Kütralkura vale la pena ser considerada con tiempo, porque los cupos suelen cubrirse rápido y la lista de espera es cada vez más larga. Como resume María antes de cortar y volver a su mesa de trabajo: 'Te vas pensando que vas a ayudar a un parque, y terminás entendiendo que el parque te terminó ayudando a vos'.

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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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