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Jueves, 22 de octubre de 2026
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Dos empresas de robots repartidores, en la mira por chupar datos biométricos sin permiso en Chicago

Coco Robotics y Serve Robotics, operadoras de robots que llevan comida a domicilio en las veredas de Chicago, enfrentan demandas judiciales en el condado de Cook. Los denunciantes sostienen que las cámaras y sensores de los dispositivos capturan rostros y cuerpos de transeúntes sin consentimiento. Las compañías niegan haber armado perfiles de identificación.

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Lucas GalloTecnología · · 3 min de lectura
Dos empresas de robots repartidores, en la mira por chupar datos biométricos sin permiso en Chicago

Me pasó mil veces: pido un sushi, lo rastreo con el celular, y a los cinco minutos aparece un robot en la vereda con mi pedido. Lindo, futurista, simpático. Ahora resulta que, de paso, ese mismo robot puede estar escaneándome la cara mientras yo firmo el datáfono. Bienvenidos al delivery del siglo XXI, donde la comida llega sola y la privacidad se va en el repartidor.

Las demandas fueron presentadas en el condado de Cook, Illinois, contra Coco Robotics y Serve Robotics, dos operadoras de robots de reparto de comida en Chicago. Los denunciantes sostienen que los sensores y cámaras instalados en los pequeños vehículos captan rostros, manos y cuerpos de clientes y de peatones que pasan cerca durante los recorridos por la vereda.

Qué dice cada empresa

Serve Robotics, la firma vinculada a la ex división de Delivery de Uber, reconoció que sus robots usan cámaras y sensores, pero aclaró que esos sistemas cumplen una función de navegación: permiten que el aparato esquive gente, perros, mesas y demás obstáculos urbanos. La compañía aseguró que el equipamiento no está pensado para identificar personas ni para armar perfiles biométricos, y que va a responder la acusación en la Justicia.

Coco Robotics, en tanto, fue más lejos y negó haber recopilado datos biométricos en Chicago. Carl Hansen, responsable de Relaciones Gubernamentales, sostuvo que la demanda interpreta mal la tecnología que utilizan. Hansen explicó que la firma nunca usó LiDAR, un sensor láser que mapea el entorno con precisión, en esa ciudad, y que toda la información que juntan respeta la normativa local.

  • Cámaras y sensores: sirven para navegar la vereda, no para identificar gente, según Serve Robotics.
  • LiDAR en Chicago: Coco Robotics asegura que nunca lo usó, pese a lo que sugiere la demanda.
  • Datos compartidos: Coco Robotics dice que envía información anónima de navegación para mejorar la seguridad de las veredas.
  • App accesible: entre los receptores de esos datos mencionan a BlindSquare, una aplicación de navegación para personas ciegas o con baja visión.
  • Videos fuera de la mesa: Coco Robotics afirma que no comparte las grabaciones del inicio ni del final de los recorridos.

La ley de Illinois y por qué este caso pesa

Illinois tiene desde 2008 la Ley de Privacidad de Información Biométrica, una de las normas más estrictas de Estados Unidos. La regulación obliga a las empresas a informar y obtener consentimiento antes de capturar rasgos como huellas dactilares, escaneos de retina, voz o geometría de la mano. La cara, técnicamente, es información biométrica.

Illinois fue pionero en este tipo de regulaciones, las llamadas BIPA, que sirven de referencia para discutir la captura masiva de rasgos corporales sin aviso. Las demandas argumentan que los robots, al circular por espacios públicos con sensores encendidos, podrían estar violando esa normativa si efectivamente almacenan o procesan rasgos de personas para identificarlas.

Mientras la Justicia define, los robots siguen rodando. Circulan a velocidad de peatón, entre cinco y ocho kilómetros por hora, y ya son una postal habitual en ciudades como Los Ángeles, San Francisco y Chicago, además de empezar a asomar en campus universitarios y complejos residenciales donde los autos no entran.

Yo, mientras tanto, voy a dejar de mirar al robot con ternura cuando me trae la milanesa. Si me están escaneando la cara para que yo pueda comer, al menos que me avisen. Consejo: si te cruzás con uno de estos aparatos, no firmes con la misma sonrisa de siempre: revisá los permisos de la app, preguntale al local qué datos comparte y, si podés, no te quedes en el cuadro de la cámara más de lo necesario. Tu cara, después de todo, no es un código QR.

LG
Lucas GalloTecnología

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