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El bullying ya no se queda en el patio de la escuela: pediatras argentinos advierten que el acoso se mudó al celular y no da tregua

La Sociedad Argentina de Pediatría difundió un documento que describe cómo el acoso escolar y el ciberbullying se volvieron inseparables: lo que empieza en el aula puede seguir toda la tarde en un grupo de WhatsApp, escalar de noche en redes y volver al chico al otro día, sin pausa ni resguardo. Familias, escuelas y equipos de salud quedan en el centro de la advertencia.

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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · 4 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

En esta esquina de cualquier barrio porteño, la esquina de una escuela primaria cualquiera, lo que durante décadas fue un problema con horario empieza a parecerse a un problema sin hora. Antes, si a un chico lo cargoseaban en el recreo, la salida del colegio podía funcionar como una suerte de refugio: cruzar la puerta, caminar hasta la parada del colectivo, llegar a casa y, con un poco de suerte, hasta el día siguiente no tener que pensar más en el tema. Ahora, en cambio, la cosa se estira, se muda al celular y se queda hasta entrada la noche. Eso es, ni más ni menos, lo que viene a advertir el último documento de la Sociedad Argentina de Pediatría, que vuelve a poner el dedo sobre una llaga que no deja de abrirse y que, lejos de apagarse, se alimenta de cada pantalla encendida.

Del aula al grupo de WhatsApp, sin escalas

La SAP, a través de ocho de sus comités y subcomisiones, describió un escenario que muchos padres y madres ya empiezan a reconocer en sus propias casas: una agresión que arranca en el patio del colegio puede seguir esa misma tarde en un chat del aula, escalar de noche en una red social y volver al chico a la mañana siguiente, sin que nadie le haya dado un botón de pausa. El mensaje que la entidad quiere instalar es simple y a la vez incómodo: el bullying y el ciberbullying dejaron de ser dos fenómenos separados para convertirse, en la práctica, en una sola cosa que se retroalimenta.

“Antes, volver a casa podía ofrecer una pausa y un espacio de resguardo frente a estas situaciones de acoso. Con el acceso casi permanente al celular, ese límite se vuelve cada vez más difuso: los mensajes, las burlas o la exposición pueden llegar a cualquier hora y extender la situación más allá de la escuela, lo que amplifica su impacto y en consecuencia el daño.”Silvina Pedrouzo, presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de la Información y la Comunicación de la SAP

Qué formas toma el acoso cuando se muda a la pantalla

  • Mensajes de odio y burlas que circulan en grupos de WhatsApp o Telegram.
  • Acecho o seguimiento a través de redes sociales, con cuentas que observan cada movimiento del chico.
  • Votaciones y encuestas para humillar en público, pidiendo likes o reacciones sobre una foto o un comentario.
  • Perfiles falsos y suplantación de identidad, usados para decir cosas que la víctima nunca diría.
  • Difusión no consentida de información privada, como chats, fotos o videos íntimos.
  • Exclusión deliberada de grupos, la versión digital de dejar a alguien afuera del recreo.
  • Manipulación de fotos, videos y memes, cada vez más fácil con herramientas de inteligencia artificial que alteran imágenes y las viralizan en cuestión de horas.

No toda pelea es bullying: las tres llaves que lo definen

El documento de la SAP se toma un trabajo que a mí, como viejo lector de notas de salud, me parece clave y que muchas veces se pierde en la conversación de café: aclarar que no toda discusión entre compañeros es acoso escolar. Para que el cuadro encaje, tienen que aparecer tres condiciones al mismo tiempo: intención clara de causar daño, repetición sistemática en el tiempo y un desequilibrio de poder que deje a la víctima sin manera real de defenderse. Puede ser físico, puede ser verbal y también puede ser relacional, ese que se expresa en el ninguneo, en la exclusión o en el rumor que nadie firma pero todos repiten.

Y acá me parece donde la nota pega un volantazo importante, porque la SAP corre el foco del chico que sufre y lo coloca en el sistema entero que lo rodea. Lo dice de manera muy directa Pedrouzo cuando recuerda que el bullying es un fenómeno grupal y que, por eso mismo, la salida no puede recaer nunca en el alumno hostigado, sino en los compañeros que miran sin hacer nada, en los adultos a cargo, en las familias y en la propia institución educativa. Lo que nunca debemos hacer, resumió la especialista, es pedirle al chico que está siendo hostigado que resuelva solo el problema.

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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