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Viernes, 9 de octubre de 2026
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El canto invisible: cuando una bióloga se va y deja un manuscrito que lo cambia todo

Claudia Piñeiro vuelve al ruedo con una novela que cruza duelo, edición y el mundo secreto de los pájaros. Conversamos con ella y con la amistad de toda la vida, esa que sigue hablando aunque la otra persona ya no pueda responder.

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · · 6 min de lectura
El canto invisible: cuando una bióloga se va y deja un manuscrito que lo cambia todo

Acá, en la esquina de siempre, con el río de fondo y la ciudad todavía desperezándose, llegó a las librerías una novela que se preanuncia como una de las apuestas fuertes del año y que tiene a su autora contenta, contenta, porque después de mucho tiempo encontró un material que le permitió volver a pensar la amistad entre mujeres, el oficio de editar y, de paso, meterse de cabeza en el universo sonoro de los pájaros. Hablo de El canto invisible, el nuevo libro de Claudia Piñeiro que acaba de poner en la calle Alfaguara y que cuenta la historia de Julia Muntaner, una editora de 64 años que tiene entre manos nada menos que el manuscrito póstumo de su amiga Marina Martinelli, una de las biólogas más respetadas del país, fallecida en un accidente de tránsito. Yo confieso que cuando terminé de leer la sinopsis me quedó una pregunta dando vueltas: ¿cómo se hace para editar a una amiga muerta sin que el duelo se te coma la razón? Y esa misma pregunta, y la respuesta que le fue encontrando, es la que ordena la novela de punta a punta.

Para entender qué hay detrás de este libro hay que detenerse primero en la protagonista. Julia Muntaner es editora, tiene 64 años y se sienta a trabajar con el legado intelectual de su amiga como quien acomoda una mesa revuelta: con cuidado, con respeto, con una mezcla de cariño y fastidio que cualquier lector que haya perdido a alguien va a reconocer de inmediato. A medida que avanza sobre el material que dejó Marina, Julia no solamente ordena páginas: también reconstruye recuerdos, conversa imaginariamente con su amiga y se topa, sin buscarla, con información que modifica buena parte de lo que creía saber sobre ella. Ahí aparece el otro motor de la novela, ese secreto que Piñeiro no entrega gratis ni en la contratapa ni en las primeras páginas y que se va tejiendo de a poco, casi como un pájaro que aparece, se deja ver un instante y vuelve a desaparecer entre las ramas.

Aves, prejuicios y un glosario con nombres de mujer

El motor más vistoso del libro, y el que más llamó la atención en las primeras lecturas que circularon, es el mundo de las aves. Marina Martinelli no estudiaba cualquier cosa: investigaba el canto de los pájaros y estaba considerada como una de las investigadoras más serias del país. Piñeiro contó que la semilla del libro se le plantó después de una cena en Madrid, donde alguien le mostró una aplicación para el celular que identifica especies por sus sonidos. La herramienta se llama Merlin Bird ID y la desarrollan desde el Cornell Lab of Ornithology, de la Universidad de Cornell. La autora empezó a usarla después, ya de vuelta, para identificar los cantos que la rodeaban, y se topó con un dato que la indignó: la persistencia de un viejo prejuicio que sostiene que las hembras de muchas especies no cantan, un mito que los propios manuales de divulgación repitieron durante décadas. Por eso, y aquí viene uno de los grandes aciertos del libro, Piñeiro armó un glosario final dedicado a mujeres ornitólogas relevantes, en un gesto que no es decorativo: es una manera de devolverle nombre y lugar a quienes la historia oficial de la ciencia se los había escamoteado.

En la novela todo eso va entreverado con el trabajo editorial del personaje, una tarea que los lectores solemos dar por sentada y que esta historia pone en primer plano, casi como si fuera un personaje más. Piñeiro fue clara al respecto: el retrato de Julia Muntaner está construido a partir de editoras reales con las que ella trabajó a lo largo de su carrera, y mencionó a Julia Saltzmann, Julieta Obedman, Ana Laura Pérez, Gabriela Franco y Magalí Etchebarne como figuras cuya mirada sobre el oficio quedó atrapada, ficcionada, en el personaje. “Editar es un trabajo de amor, hay que tener paciencia, hay que escuchar al otro, entender qué quiere decir antes de decirle qué le conviene decir”, sintetizó la autora, en una descripción que vuelve a poner sobre la mesa la cara menos visible de cualquier libro que el lector tiene entre manos. La edición, en sus palabras, es la artesanía invisible que hace posible que un manuscrito se convierta en libro, y esa es justo la labor que su protagonista aprende a hacer, también, sobre el duelo de una amiga.

  • Piñeiro vuelve a la novela para adultos con El canto invisible, editada por Alfaguara.
  • La protagonista es una editora que trabaja sobre el manuscrito póstumo de su amiga, bióloga e investigadora del canto de las aves.
  • La novela cruza amistad entre mujeres, duelo, oficio editorial y un secreto que cambia lo que la protagonista creía saber.
  • El libro incorpora un glosario final con mujeres ornitólogas, en respuesta a viejos prejuicios sobre el canto de las hembras.
  • La autora también publicó este año Mi miedo xixi, un libro ilustrado para chicos, y participó en adaptaciones teatrales.

Antes de cerrar la nota, vale la pena repasar el resto del año de Piñeiro, porque no es un año cualquiera. Además de esta novela, este 2025 le publicó Mi miedo xixi, un libro ilustrado pensado para el público infantil, y se metió además en dos adaptaciones teatrales: una basada en Como bestias, de la dramaturga francesa Violaine Bérot, y otra sobre Maldición eterna a quien lea estas páginas, la novela de Manuel Puig. Lo que se lee en este combo es a una escritora que, ya instalada como una de las voces centrales de la narrativa argentina contemporánea, sigue ramificando registros y formatos: novela para adultos, libro ilustrado para chicos, teatro, investigación sobre el mundo natural. Hay una coherencia de fondo en todo eso, una preocupación por contar historias que respeten al lector sin dejar de tomar posición sobre el mundo.

Me quedé pensando, mientras terminaba de armar esta nota, en las amistades de toda la vida que la literatura supo contar bien. Pienso, por ejemplo, en la relación entre Irene y Claire en Possession, de A. S. Byatt, o en el lazo indestructible entre las protagonistas de Las amigas de mi amiga, esa chica danesa que escribió un libro de memorias sobre sus amigas y la inesperada geometría que se arma entre ellas. Pienso en la pareja entrañable que forman Lili y Molloy en la nouvelle de Samuel Beckett, o en la amistad más áspera que sostiene todo Alias Grace, de Margaret Atwood, una novela donde las mujeres se cuidan y se vigilan al mismo tiempo. Todas esas historias, y muchas más, me devolvieron a El canto invisible, donde Piñeiro corre el riesgo, nada fácil, de convertir el duelo en una forma de lectura, y la lectura en una forma de cariño. A veces, en medio del dolor, lo que queda es la voz del otro reproduciéndose en algún lado, como el canto de un pájaro que reconocés recién cuando alguien se va. Y eso, justo, es lo que trabaja esta novela.

“Editar es un trabajo de amor, hay que tener paciencia, hay que escuchar al otro, entender qué quiere decir antes de decirle qué le conviene decir.”Claudia Piñeiro
AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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