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El Chaltén cobrará la patente de mascotas en litros de nafta y la mora sale dos veces y media más cara que el alta

El Registro Municipal fija la inscripción en 20 módulos y la patente anual en 15, con un plus a domicilio y una multa por incumplimiento equivalente a 50. El cálculo se ancla al precio del combustible en la estación YPF local.

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Osvaldo MarchettiAgroexportación y puerto · 22 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Desde el primer módulo pagado hasta la última patente anual, lo que se abona por tener una mascota en El Chaltén pasa, indefectiblemente, por la pizarra de la estación YPF de la localidad. La nafta súper es, en los papeles, la unidad con la que el municipio mide cuánto le cobra a cada vecino por anotar a su perro en el Registro Municipal de Mascotas, conocido por la sigla ReMMa, y por mantenerlo al día año tras año. La ecuación es directa: un módulo equivale a un litro de ese combustible, y cada obligación se traduce a pesos multiplicando esa cantidad por el valor vigente en surtidor.

Inscripción, patente y multa: tres conceptos distintos

La primera vez que un propietario lleva a su animal al registro, paga 20 módulos. Es el alta, la foto inaugural del perro en el padrón municipal, y se abona una sola vez. A partir del segundo año de convivencia bajo el mismo techo, la cosa cambia de figurita: entra en escena la Patente Única de Mascotas, que es anual y cuesta 15 módulos, siempre referenciados al litro de nafta súper en la estación de servicio que el propio municipio tomó como parámetro.

Ahora bien, no todo queda ahí. Si el trámite de inscripción se concreta en el domicilio del contribuyente —porque el animal es difícil de mover, porque el dueño no tiene con qué trasladarlo o porque simplemente decide no moverse de casa—, el costo inicial sube de 20 a 25 módulos. Son cinco módulos extra, equivalentes a cinco litros de combustible, que se suman al arranque del vínculo con el registro. Para quienes, directamente, no cumplan con la registración, el esquema contempla un importe de 50 módulos: dos veces y media el alta original, una cifra pensada para desalentar el olvido o la desidia más que para acompañar al vecino desprevenido.

  • Alta en el ReMMa: 20 módulos (pago único).
  • Inscripción a domicilio: 25 módulos (pago único).
  • Patente anual desde el segundo año: 15 módulos.
  • Multa por incumplimiento del registro: 50 módulos.

Lo que el esquema pone sobre la mesa, mirado del surco al buque —aunque acá, más que del surco, habría que decir del sendero al glaciar—, es una administración tributaria que eligió anclar sus precios en un bien de consumo cotidiano, la nafta, en lugar de fijarlos en pesos nominales. Eso tiene una virtud evidente: el valor se mueve solo, al ritmo del surtidor, sin necesidad de que el Concejo Deliberante vote una actualización cada vez que la inflación pega un salto. Pero también tiene una trampa silenciosa, que es justo la que cualquier propietario avezado debería tener en el bolsillo antes de anotar a su perro: para saber cuánto va a pagar en concreto, primero tiene que ir hasta la estación YPF de El Chaltén, mirar el precio del litro de súper y multiplicar. Quince módulos son quince litros; cincuenta, cincuenta; veinte, veinte. Así de simple y, a la vez, así de opaco.

“Cuando todo se mide en litros de nafta, saber cuánto sale tener una mascota en El Chaltén es, en realidad, saber cuánto vale hoy el combustible en el pueblo. Cualquier presupuesto familiar empieza, necesariamente, en la pizarra de la estación de servicio.”Osvaldo Marchetti, Agroexportación y puerto

El contexto, además, no es menor: El Chaltén es una localidad cuyo ejido urbano se encuentra dentro del Parque Nacional Los Glaciares, y la identificación de mascotas se vincula con una preocupación concreta por la presencia de perros dentro del área protegida. Registrar al perro, en definitiva, no es solo pagar un trámite: es anotarlo en un padrón que intenta ordenar la convivencia entre un pueblo chico, un parque enorme y animales que, por descuido o por desidia, todavía se cruzan con la fauna que el parque debería conservar.

Lo que el Estado todavía no resolvió

Porque, mientras el municipio afila el lápiz y actualiza módulos al ritmo de la nafta, hay una pregunta que sigue flotando sobre la mesa y que la normativa no termina de contestar: qué pasa con quienes tienen un perro desde hace años y nunca lo inscribieron, qué controles reales se hacen puerta por puerta para detectar a los infractores y, sobre todo, cómo se articula este registro local con la administración del parque nacional lindante, adonde la presencia de canes es, por decirlo suavemente, un tema delicado. El esquema de módulos puede ser ingenioso para cobrar, pero hasta ahora no mostró la misma imaginación a la hora de fiscalizar, de difundir entre los vecinos o de explicar, con nombre y apellido, dónde y cómo se paga la patente año tras año. Eso, al menos por ahora, sigue esperando.

OM
Osvaldo MarchettiAgroexportación y puerto

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