Viernes, 28 de agosto de 2026
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El dólar oficial perforó el techo de los 1.500 pesos en el Nación y encendió otra señal de alerta en la city

La divisa subió por cuarta jornada consecutiva y el Banco Nación la cotizó a 1.535 pesos para la venta al público, un récord nominal que vuelve a quedar lejos del ritmo inflacionario y deja al descubierto los agujeros que la política económica todavía no cierra.

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Osvaldo MarchettiAgroexportación y puerto · 26 DE AGO DE 2026 · 4 min de lectura

Les confieso que cuando uno se sienta a la mesa y escucha el parte cambiario de la jornada, lo primero que hace es mirar la pizarra del Banco Nación como quien mira el termómetro antes de salir a la calle: hoy ese termómetro marcó 1.535 pesos por dólar para el comprador minorista, un valor que hasta ayer no figuraba en ninguna planilla y que se convierte, otra vez, en el récord nominal más alto desde que se tiene registro, con una suba de cinco pesos en apenas una rueda y con el tipo de cambio oficial encadenando cuatro jornadas consecutivas al alza en un mercado que, lejos de aquietarse, parece empecinado en probar nuevos umbrales cada mañana.

Porque lo que se observa en estas horas en la city porteña es que el segmento mayorista, ese donde las terminales del MULC mueven casi 685 millones de dólares diarios entre bancos, empresas importadoras y agroexportadoras que necesitan hacerse de divisas para pagar compromisos o girar utilidades, cerró a 1.514 pesos, apenas 2,50 pesos arriba de la jornada anterior, lo que confirma que la presión compradora no cede y que los distintos tipos de cambio siguen corriendo una carrera paralela que el equipo económico, por ahora, no logra encarrilar como quisiera.

El blue toma distancia y el oficial sigue trepando

Como buen lector de estos temas, el argentino suele mirar también lo que pasa del otro lado de la calle, donde el dólar blue, esa cotización paralela que funciona como termómetro de la calle y de las cuevas del microcentro, retrocedió cinco pesos y se ubicó en 1.555, una dinámica que, lejos de leerse como una calma, lo que muestra es una brecha que sigue siendo de las más anchas del año y que, en los hechos, vuelve a licuar el poder de fuego de cualquier política de estabilización que el Gobierno pretenda anunciar en las próximas semanas.

“El tipo de cambio amaga con volver a ensayar un gradual deslizamiento y las próximas jornadas permitirán evaluar si esa tendencia continúa.”Gustavo Ber, economista

Desde la consultora Max Capital salieron a poner paños fríos y aclararon que los flujos externos provenientes de las exportaciones y de las emisiones corporativas siguen siendo sólidos, lo que, según su lectura, mantendría el tipo de cambio relativamente estable con ajustes acotados, aunque esa foto macro contrasta con lo que se ve en el mostrador de los bancos públicos y privados, donde cada ahorrista sabe que el billete guardado bajo el colchón vale hoy más pesos que ayer, pero que ese rendimiento en moneda dura queda muy por debajo del 20 por ciento acumulado de inflación que lleva el año.

No es un dato menor, y acá me permito opinar como creo que lo haría cualquier almacenero del conurbano o cualquier productor del sur santafesino con quien uno se cruza en la ruta 33: el dólar subió 59 pesos desde enero, un 4,1 por ciento, y 29 pesos en lo que va de agosto, apenas un 2 por ciento mensual, lo que confirma que el crawling peg no logra empardar la carrera con los precios internos y que esa brecha, lejos de cerrarse, se agranda mes a mes, alimentando la tentación de quienes venden en pesos sin ajustar al ritmo inflacionario y, al mismo tiempo, justificando los aumentos preventivos en rubros sensibles como electrónica, indumentaria o insumos industriales que tanto castigan el bolsillo de la clase media.

Un operador del BBVA al que consulté mientras se acomodaba la mesa de cambios me resumió la película con una frase que vale para entender el humor de la city: cada uno busca una mejor posición, los que deben cobrar deuda atada al dólar pretenden recibir más pesos y eso genera tensiones puntuales que después se traducen en pizarras más altas y en pequeños sismos en el mercado futuro, un escenario que, sumado al comentario de Ber sobre el gradual deslizamiento, deja a las autoridades económicas con muy poco margen de maniobra y con la presión intacta de los próximos días, mientras el Banco Central intenta administrar la liquidez y el Tesoro busca cerrar el calendario de vencimientos sin sobresaltos.

Quiero cerrar esta columna como suelo hacerlo cuando el tema lo amerita, poniéndome en los pies del productor o del camionero con los que uno comparte mates en las rutas del sur santafesino o en los playones de Timbúes: la pizarra del Nación sigue subiendo, el río no afloja, los buques se cargan con grano que se paga en dólares que después se liquidan al tipo de cambio oficial, y en ese recorrido del surco al buque, que es donde se juega buena parte de la economía real del país, lo que todavía nadie del Gobierno termina de resolver es cómo hacer para que el crawling peg deje de correr muy por detrás de la inflación, una deuda pendiente que, como se ve en los números de hoy, no se paga sola y vuelve a quedar flotando en el aire mientras los precios en pesos se siguen acomodando por la escalera y la moneda dura, por el ascensor.

OM
Osvaldo MarchettiAgroexportación y puerto

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