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El kiwi y la ciruela pasa se disputan un lugar en la mesa de los argentinos que buscan ir al baño sin hacer fuerza

Dos frutas, dos mecanismos y una misma promesa: mejorar la regularidad intestinal antes de pasar por la farmacia. Especialistas consultados coinciden en que la evidencia es sólida, aunque aclaran que ningún alimento reemplaza una dieta equilibrada ni la consulta médica cuando el problema se vuelve crónico.

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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · 4 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Acá en la farmacia de la esquina, donde todavía se despachan recetas a mano y se conoce a casi todo el barrio por el nombre de pila, hace rato que dejaron de sorprenderse cuando un cliente pide consejo para ir al baño. El estreñimiento, esa queja que parece menor y que sin embargo aparece en la mesa de los argentinos con más frecuencia de la que uno quisiera admitir, es uno de los motivos de consulta más reiterados en cualquier consultorio de gastroenterología. Y antes de que el médico abra el recetario y mande de entrada un laxante, la mayoría de las guías internacionales recomiendan empezar por algo bastante más simple: revisar qué se come, cuánto líquido se toma y cuánta fibra llega al plato. En ese terreno, dos frutas concentran buena parte de la atención y de los estudios clínicos: el kiwi y la ciruela pasa.

La Organización Mundial de Gastroenterología insiste en que la fibra y la hidratación son los dos primeros pilares del abordaje dietario del estreñimiento. El kiwi responde a ese perfil casi a la perfección: aporta fibra soluble e insoluble, retiene agua en el intestino delgado y, de ese modo, favorece deposiciones más blandas y menos trabajosas. Un ensayo multicéntrico que pasó por la revisión del American College of Gastroenterology encontró que comer dos kiwis verdes por día se asoció con un aumento de al menos una evacuación y media espontánea y completa por semana en personas con estreñimiento funcional o con síndrome de intestino irritable con predominio de constipación. El mismo análisis registró mejoras en la consistencia de las heces y en el esfuerzo que hay que hacer en el baño, esa queja tan común y tan pocas veces relatada en voz alta.

Dos frutas, dos mecanismos distintos

La ciruela pasa, en cambio, opera por una vía diferente y vale la pena entenderla porque no es lo mismo. Además de fibra y pectina, contiene sorbitol, un alcohol de azúcar que el intestino delgado absorbe de manera incompleta. Lo que queda sin absorber atrae agua hacia la luz intestinal, lo que ablanda las heces y facilita su paso. Una revisión publicada en la base de datos de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos identificó además compuestos fenólicos en la ciruela pasa que parecen contribuir a ese efecto laxante. Su acción, según la evidencia reunida hasta ahora, se apoya más en aumentar el volumen del bolo fecal que en acelerar el tránsito intestinal total, un detalle clave para entender por qué a algunos les funciona mejor que a otros.

Cuando se pusieron ambas frutas frente a frente en estudios comparativos que también incluyeron psyllium, los resultados mostraron mejoras similares en la frecuencia de evacuaciones espontáneas completas en personas con estreñimiento crónico. No salió de ahí un ganador indiscutido ni una fruta milagro. La diferencia más práctica, la que termina decidiendo en la cocina de cada casa, es la tolerancia: el kiwi suele generar menos distensión abdominal y menos molestias digestivas, mientras que la ciruela pasa mantiene una ventaja clara cuando el problema central son las heces duras y secas que cuesta mucho evacuar.

Cómo incorporarlas sin pasarse de rosca

  • Ir de a poco: empezar con una porción chica y aumentar en forma gradual para que el intestino se acostumbre sin reaccionar con gases ni hinchazón.
  • Tomar agua en cantidad: tanto la fibra del kiwi como el sorbitol de la ciruela pasa necesitan líquido para cumplir su función; sin agua, el efecto se da vuelta y puede empeorar el cuadro.
  • Elegir según el síntoma: kiwi cuando predominan la distensión y las molestias; ciruela pasa cuando lo que más molesta es la dureza de las heces.
  • Ser constante: los estudios midieron efectos con consumos diarios sostenidos durante varias semanas, no con ingestas aisladas.
  • Consultar al médico cuando el problema se vuelve crónico: ninguna fruta reemplaza la consulta profesional si el estreñimiento se instala más allá de unos días o cambia de patrón.

En el mostrador de la farmacia, Marta, que atiende hace más de veinte años en el barrio de Once, resume lo que ve día tras día con una frase que cualquier vecino firmaría: la gente quiere soluciones simples, pero el cuerpo no es simple. Comer dos kiwis o un puñado de ciruelas pasa al día puede ser un buen comienzo, siempre y cuando venga acompañado de agua, paciencia y, si el problema no afloja, una visita al gastroenterólogo antes de automedicarse con laxantes.

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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