El mayorista terminaría el año entre $1.611 y $1.850, según el consenso de 47 analistas internacionales
Hoy cotiza cerca de $1.512 y los pronósticos más optimistas no perforan el techo de la banda de flotación. La inflación proyectada del 32% corre más rápido que el tipo de cambio y deja al peso con un atraso real del 22% respecto del promedio histórico.

Arrancamos por la pizarra, como corresponde: el dólar mayorista ronda hoy los $1.512 y, según un relevamiento internacional que consultó a 47 economistas de bancos y consultoras de primer orden, hacia diciembre podría ubicarse en torno de los $1.645, es decir, un 8,8% por encima del valor actual. No es un salto disruptivo, pero tampoco es una pausa: es un deslizamiento que, en la práctica, vuelve a quedar por debajo del ritmo que le imprimiría la inflación esperada para todo el año, que el mismo consenso ubica en el 32%, un número que, como se ve, corre más rápido que el tipo de cambio y vuelve a licuar el poder de compra del peso a un ritmo preocupante para los que estamos del lado de los costos en dólares.
Lo que más me llamó la atención al repasar el informe es la amplitud del rango. Los 15 pronósticos más elevados de la encuesta superan los $1.700, y el techo de todos los relevados llega a $1.850, lo que implicaría una suba del 27% en todo el año. Y acá viene un dato que sirve de ancla mental para cualquier empresario pyme que esté armando su presupuesto en dólares: ese techo, sin embargo, queda todavía por debajo de la banda máxima de flotación fijada por el Banco Central, que hoy se ubica en $1.892 y se ajusta mensualmente hacia arriba. Dicho de otro modo, el mercado no le está pidiendo al Central que toque el corralito cambiario ni que habilite un salto discreto: le está pidiendo, como mucho, que lo deje correr al ritmo que ya viene corriendo.
Lo que anticipan el ROFEX y los analistas que más siguen la pulseada cambiaria
En el mercado de futuros Matba-Rofex, que es donde muchos de nosotros, los del agro y la industria, vamos a cubrirnos cuando llega la hora de fijar precio, el contrato de dólar de diciembre se negocia a $1.611, algo por debajo del promedio de la encuesta, mientras que para agosto de 2027 los contratos ya prevén un mayorista de $1.869,5, un 23,5% por encima del valor actual. Es decir: si uno mira la curva de futuros, lo que ve es una devaluación ordenada, no una corrida, y eso no es un dato menor en un país donde las corridas suelen ser la norma.
Florencia Fiorentín, economista jefe de Epyca Consultores, fue muy clara al traerme la foto de fondo: «El promedio para este año del tipo de cambio real multilateral está 22% por debajo del promedio histórico. De hecho, es el promedio anual más bajo desde 2017». Cuando uno escucha que el tipo de cambio real está en el nivel más bajo en casi una década, lo que tiene que traducir mentalmente es que el exportador argentino está cobrando, en moneda dura, menos que en cualquier otro año reciente, y eso termina pesando, y mucho, en la decisión de siembra, en la compra de fertilizantes y en la decisión de vender o retener cereal a la espera de un mejor precio.
Sobre el ritmo de movimiento, Lorenzo Sigaut Gravina, director de análisis macroeconómico de Equilibra, me confirmó lo que vienen diciendo los formularios del BCRA: «un deslizamiento en torno al 2% mensual de aquí a fin de año, parecido al movimiento de la inflación». Su estimación personal para diciembre es de $1.670, apenas por encima del promedio. Sebastián Menescaldi, de Eco Go, coincide en ese andarivel y proyecta un mayorista de $1.659 para fin de año, pero le agregó un condimento que a mí, como periodista de agroexportación, me interesa especialmente: el superávit comercial podría alcanzar los 28.000 millones de dólares en 2026, impulsado por los precios altos del petróleo y las materias primas, lo que reforzaría la oferta de divisas en un año electoral donde, históricamente, la demanda de dólares se acelera.
Y acá me permito abrir un paréntesis que tiene que ver con el día a día del puerto. El Banco Central acumuló compras por unos 14.200 millones de dólares en lo que va del año, superando la meta anual de 10.000 millones que se había propuesto, y eso es una buena noticia desde lo macro: significa que, del surco al buque, los dólares de la cosecha gruesa y del petróleo efectivamente están entrando. Pero también me parece honesto marcar lo que noté al leer el informe: en los primeros diez días de septiembre el ritmo bajó a poco más de 120 millones de dólares, frente a cifras mayores de meses anteriores. La liquidación de la gruesa ya pasó su pico, y lo que viene hacia fin de año es el ingreso más fino del maní, de las economías regionales y del trigo, que este año viene con un perfil de cosecha más lento por el clima.
“«Si los flujos comerciales siguen así, la acumulación podría incluso terminar el año por encima de los 18.000 millones de dólares, lo que le daría al Central más margen para seguir administrando el tipo de cambio sin sobresaltos.»”Juan Manuel Franco, economista jefe de Grupo SBS
Lo que el Estado todavía no resolvió
Porque, miren, lo que el Estado todavía no resolvió no es el número del dólar de diciembre, que en algún punto el mercado lo tiene bastante claro y lo está descontando en el ROFEX, sino el ancla antiinflacionaria de fondo. Si la inflación esperada es del 32% y el tipo de cambio corre al 2% mensual, la cuenta da sola: el peso se atrasa, los márgenes del exportador se comprimen y la presión por una devaluación más fuerte vuelve a acumularse para 2027, donde la curva de futuros ya muestra un mayorista por encima de 1.860 pesos. El riesgo no es el salto, es el rezago: seguir teniendo el tipo de cambio real más bajo desde 2017 mientras los precios internos corren al 3% o 4% mensual es, en la práctica, cobrarle barato al que produce y al que embarca, y eso, en algún momento, alguien lo termina pagando. Por ahora, el mercado apuesta a que ese ajuste llegue gradual; mientras tanto, desde el surco al buque, todos seguimos mirando la pizarra y la banda, esperando que la cuenta cierre.
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