El peso del crédito digital en los jóvenes: las billeteras virtuales ya acumulan más morosidad que los bancos entre los menores de 30
Un informe del Instituto Argentina Grande revela que 5,7 millones de personas tienen deudas impagas en el sistema financiero, equivalente al 12% de la población, y los menores de 30 son el único segmento etario donde las plataformas fintech superan a las entidades tradicionales en proporción de deudores morosos.

A primera vista, la pizarra del crédito argentino en julio de 2026 muestra un dato que obliga a mirar dos veces: 5.715.202 personas acumulan al menos una línea de crédito en mora en el sistema financiero, una cifra que equivale al 12% de la población del país y que pone en perspectiva el alcance real del endeudamiento de los hogares. Lo que cuenta el Instituto Argentina Grande en su último relevamiento es que la foto no es pareja según la edad ni según el tipo de entidad que emitió el plástico, y que el segmento más joven del mercado es, justamente, donde la tendencia se da vuelta.
Los jóvenes, únicos en el ranking
Entre los menores de 30 años, el 19,4% de quienes tienen deudas registra al menos una línea impaga con una fintech o billetera virtual, frente a apenas un 7,9% que acumula atrasos con bancos tradicionales. Esa diferencia convierte a los más chicos del mercado en el único segmento etario en el que las plataformas digitales concentran más deudores morosos que las entidades bancarias, y la inversión del ranking no es un detalle menor: hasta los 21 años, las fintech casi triplican en casos de mora a los bancos.
- De 15 a 20 años: 53.445 casos de mora con plataformas digitales contra 21.669 con bancos.
- De 21 a 35 años: 905.007 deudores morosos en bancos frente a 667.055 en fintech.
- De 36 a 50 años: 922.075 en bancos contra 557.217 en fintech.
- Mayores de 66 años: 189.738 en bancos contra 49.523 en fintech.
El grupo etario más cargado en términos absolutos sigue siendo el de 21 a 35 años, con 2.188.442 personas que registran al menos una deuda impaga en el sistema, lo que confirma que la franja que va del primer recibo de sueldo a la consolidación de la familia sigue siendo el corazón del problema.
Mora más alta, cuota más chica
La proporción de deudores con al menos un compromiso en mora dentro de cada franja etaria dibuja una escalera que cae con los años: el 38,1% de los deudores de entre 15 y 29 años tenía en julio una deuda en mora, contra el 31,73% de quienes tienen entre 30 y 44, el 23,05% del tramo de 45 a 59, el 16,77% de los 60 a 74 y el 14,90% de los mayores de 75. Los números del Instituto Argentina Grande dejan en claro que la juventud no solo adeuda más proporcionalmente, sino que arrastra la mora con cuotas que, por su accesibilidad, suelen terminar siendo trampas para ingresos todavía frágiles.
A nivel general, el sistema reparte así su stock de morosos: bancos 2.468.367 casos, fintech 1.533.434, otras emisoras de tarjetas 1.261.470 y entidades financieras no bancarias 804.697, una distribución que muestra cómo los canales digitales ya pesan más que cualquier actor no bancario del mercado.
“El problema radica en los ingresos. Se puede refinanciar reiteradamente o hacerlo una sola vez, pero siempre se estará condicionado a la imposibilidad de pagar.”Mariano Almeyda, director del Centro de Estudios para la Ciudad
Cobranzas y renegociaciones: la salida que no alcanza
El relevamiento agrega un dato que crece desde mediados de 2025: en julio, 882.173 deudores tenían compromisos transferidos a empresas de cobranza, una cifra que representa el 9,6% de las líneas de crédito en mora y alcanza al 15% de los deudores morosos. En paralelo, el Centro de Estudios para la Ciudad siguió la pista a quienes renegociaron obligaciones entre abril y agosto de 2026: el 50,6% permaneció en la misma categoría de morosidad y solo el 30,5% logró mejorar su situación, un resultado que sugiere que los acuerdos individuales no mueven la aguja mientras no se ordene el frente de los ingresos.
Del surco al buque, tantas veces escuché que el crédito era la gran herramienta de inclusión financiera, y la verdad es que a los pibes de veinte años les llegó en formato de QR, con un aprobado en segundos y una cuota que cabe en el sueldo del primer mes pero que después se vuelve imposible de pagar. Santiago, un pibe de veintitrés que atiende un maxikiosco en Laferrere y que me cuenta mientras acomoda una caja de galletitas, me dice que pidió un préstamo a una billetera virtual para cambiar la heladera y hoy debe más de lo que gana en dos quincenas: con el QR te prestan, pero después el teléfono no para de sonar, resume, resignado, mientras acomoda la mercadería en la góndola. Esa escena, multiplicada por 1.533.434 casos de mora digital, es la postal más elocuente de un mercado que creció sin controles.
Lo que el Estado todavía no resolvió es de fondo: la regulación específica de las plataformas digitales de crédito, la exigencia de verificación de ingresos previos al otorgamiento y la educación obligatoria en finanzas para los primeros consumidores, herramientas que la banca tradicional tiene y las fintech todavía no, y que, mientras sigan ausentes, seguirán empujando a miles de jóvenes a una mora que, como señala Almeyda, se repite refinanciación tras refinanciación sin tocar la raíz del problema.
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