El sueldo perdió la carrera contra la inflación: los formales cerraron el primer semestre 3,4% abajo en términos reales
El registro previsional muestra que asalariados registrados, tanto del sector privado como del Estado, terminaron junio con menos poder de compra que en diciembre pasado, en un escenario donde también crecieron la desocupación, la informalidad y el trabajo por cuenta propia.

Les confieso que cuando uno se sienta a revisar los números que arrojó el Sistema Integrado Previsional Argentino para el primer semestre del año, lo primero que aparece en la pantalla es esa sensación de frío en la espalda que conocen bien los que viven del salario en esta Argentina de sobresaltos: los ingresos de los trabajadores formales, esos que figuran en blanco con su aporte y su recibo firmado a fin de mes, volvieron a perder la carrera contra los precios, y esta vez no fue por un redondeo menor sino por un retroceso del 3,4% en términos reales entre diciembre de 2025 y junio de este 2026, una caída que se siente tanto en la góndola del supermercado como en la cuenta corriente del Banco de la Nación donde, según cuentan varios lectores que me escriben cada semana, ya no alcanza para llegar al quince.
La fotografía que dejó el SIPA no se limita a un recorte aislado, porque cuando uno pone los datos en serie advierte que el salario medio del primer semestre se ubica 1% por debajo tanto del primer como del segundo semestre de 2025, lo que confirma que la pérdida no fue un accidente del último mes sino una tendencia que se fue consolidando con el correr de los meses y que, tal como me lo graficó esta mañana Daniel, un camionero de la zona de San Pedro que viene cargando cereal desde hace más de veinte años, se traduce en que 'con la misma cantidad de viajes comprás menos bolsas de azúcar y pagás menos veces la nafta del mes', una descripción simple pero demoledora para entender qué significa en el bolsillo de una familia tipo que el ingreso formal haya quedado rezagado frente a la inflación acumulada.
Jubilaciones divididas: la mínima perdió y el resto ganó
El cuadro previsional, como suele ocurrir en estos reportes, muestra dos realidades bien distintas según de qué bolsillo se trate, porque quienes perciben la jubilación mínima recibieron un incremento semestral del 15,2% que, sin la actualización correspondiente del bono de refuerzo, terminó traduciéndose en una pérdida real del 1,37% en estos seis meses, mientras que para el resto de los haberes jubilatorios la historia fue otra y el poder de compra terminó mejorando 1,28% en el mismo período, una diferencia que deja al descubierto la lógica perversa de un sistema donde los que menos tienen son los que más pierden cuando la inflación apura y el Estado decide no mover los topes de protección social.
“Con la misma cantidad de viajes comprás menos bolsas de azúcar y pagás menos veces la nafta del mes”Daniel, camionero de San Pedro
Consumo en baja y mercado laboral que se reconfigura
- El consumo privado retrocedió durante el segundo trimestre del año, en línea con una contracción de la actividad económica del 0,6% respecto del trimestre anterior en la medición desestacionalizada.
- La desocupación trepó al 7,9%, medio punto por encima del 7,6% registrado un año antes, con más personas saliendo a buscar empleo y menos chances de encontrarlo.
- El empleo formal acumula trece meses consecutivos de caída, mientras crecen el trabajo por cuenta propia y la informalidad como refugio de quienes no consiguen un registro en blanco.
- Los haberes mínimos perdieron 1,37% real y los salarios formales en su conjunto cedieron 3,4%, dos señales de que la recuperación del ingreso todavía no llegó para los sectores más vulnerables.
Lo que estos números terminan dibujando, si me permiten la mirada de autor que cultivo desde hace años en esta columna donde intento contar lo que pasa entre el surco y el buque, es un país donde la pérdida del salario formal convive con un mercado de trabajo que se informaliza a velocidad preocupante, donde el consumo se retrae al mismo ritmo que se enfría la actividad, y donde el Estado, que es el gran regulador de la película, todavía no resolvió algo tan elemental como actualizar el bono que protege a los jubilados que cobran la mínima, una deuda política que lleva años pendiente y que en este semestre volvió a quedar al descubierto en los registros del SIPA, ese termómetro que, queramos o no, sigue marcando la temperatura social de la Argentina.
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