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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Fernando Confessore, el hombre que le puso voz al cielo: así lo despide su familia del noticiero

El meteorólogo murió a los 58 años en su casa de Versailles, horas después de haber dado su último pronóstico. Colegas y amigos lo recuerdan como un comunicador cálido, claro y obsesionado con que la gente entendiera qué iba a pasar con el tiempo.

SB
Sofía BianchiCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Fernando Confessore, el hombre que le puso voz al cielo: así lo despide su familia del noticiero

Vine siguiendo la cobertura de la tormenta del 31 de mayo de 1985 por la radio, pegada al transistor de la cocina de mi vieja. Recién ahora, cuarenta años después, entiendo que aquel chico de dieciséis años que vio el agua en las rodillas y miró al cielo estaba fundando una carrera que iba a marcar a tres generaciones de argentinos. Fernando Confessore murió el viernes en su casa de Versailles, horas después de haberse despedido del estudio con una de esas frases que le salían sin esfuerzo, como si el aire también fuera parte de su pronóstico.

Confessore llevaba más de treinta años explicando el clima en pantalla. Su muerte, de manera tan repentina como silenciosa, golpeó al periodismo televisivo argentino en uno de esos viernes en los que todavía se mastica la noticia con la primera señal de niebla afuera. Lo que más llama la atención de quienes lo conocieron no es la cifra de años al aire ni la cantidad de alertas que supo leer en vivo: es la imagen de alguien que entendió que contar el tiempo era, en el fondo, contarle a la gente qué le podía pasar mañana a la mañana.

Una vocación que arrancó bajo el agua

Su colega Santiago do Rego reconstruyó aquel origen con una memoria prodigiosa. El 31 de mayo de 1985 Buenos Aires quedó bajo una tormenta histórica: cayeron 330 milímetros en 48 horas, la cuarta parte de la ciudad quedó anegada y hubo catorce víctimas fatales. Confessore, entonces alumno del colegio, se topó con la inundación de camino a clase. Miró para arriba y resolvió el resto de su vida. “Ese fue el momento en que dijo: tengo que contarle a la gente qué va a pasar para que esté preparada”, contó do Rego, que compartió con él años de noticiero y lo vio transformarse en una de las caras más reconocibles de la meteorología en la pantalla chica.

La última despedida al aire

Su último pronóstico lo dio el jueves por la tarde, en la misma pantalla donde se había ganado la confianza del público. Antes de cortar, le dejó a sus compañeros de estudio una de esas frases que ya forman parte del archivo personal de cualquier noticiero: “Yo voy a estar siempre. Estaba acá, no me veías, pero estaba acá. Siempre presente.” Horas más tarde, en su domicilio de Versailles, sufrió una descompensación y murió. Tenía 58 años y tres hijas: Julieta, Candela y Jimena. Estaba casado con Paula Franco.

Los mensajes que llegaron de todos lados

  • Mauricio Saldívar, coautor junto a Confessore del libro “Meteorología para todos” (2006), eligió una foto de los dos bajo cielo abierto: “Qué tristeza y sorpresa enorme. Un placer haber compartido contigo la pasión por la meteorología. Hasta siempre, Fernando. Gracias por tanto, y un abrazo a tu familia.”
  • Julieta, la hija mayor y jugadora de vóley, publicó dos historias con fotos familiares y una sola línea, que son las que más golpean: “Te voy a amar y extrañar toda la eternidad.”
  • El Club Atlético Vélez Sarsfield, del que Confessore era socio y vecino, lo despidió con un comunicado institucional: “Su claridad para comunicar, su profesionalismo y su cercanía con el público lo convirtieron en una de las figuras más reconocidas de la meteorología televisiva. Su partida genera una profunda tristeza en la familia velezana.”
  • Cecilia Martí, colega de muchos años, eligió el humor que ambos cultivaban en los pasillos: “Confe, ¿va a nevar en Buenos Aires? Me divertía mucho picantearte y vos, siempre con esa respuesta tan seca, terrenal y divertida.”
  • Eleonora Cole lo definió con cuatro palabras que resumen medio siglo de carrera: “Sencillo, de perfil bajo, profesional como pocos y un tipazo de corazón enorme.”

Por qué duele especialmente esta despedida

Lo que más rescato de los mensajes que circularon desde el viernes es la coincidencia en describirlo como un tipazo, alguien que podía pasarte un frente frío, una sudestada o una ola de calor con la misma precisión con la que después te preguntaba cómo estaban los chicos. Esa combinación de rigor y calidez es la que se extraña: en tiempos de pronósticos automatizados y alertas escritas por inteligencia artificial, Confessore les seguía poniendo nombre propio a las nubes y apellido de barrio a cada ráfaga. Por eso su ausencia no se mide solo en años al aire, sino en la cantidad de veces que vamos a prender la tele esperando escuchar, antes que la cifra de la temperatura, una de sus respuestas cortas y terrenales.

En mi caso, lo voy a recordar así: el que cuando arrancaba el noticiero ya te había dicho si había que sacar o no el paraguas, sin gritar, sin apurarte, con esa calma que hoy escasea. A Confessore lo vamos a extrañar cada vez que miremos el cielo y queramos que alguien nos lo explique en criollo.

SB
Sofía BianchiCultura y espectáculos

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