Fontana y la pelea contra el reloj: cada décima vale oro en el TC
El piloto de Arrecifes achicó la diferencia con Canapino, acarició la victoria en San Juan y se aferra a su Chevrolet Camaro mientras la categoría se vuelve más pareja que nunca. Una radiografía del Turismo Carretera actual, contada desde adentro y con sabor a clásico.

Te lo cuento de arranque, como me gusta. La carrera de Fontana en San Juan se define en una imagen: el Pace Car entrando cuando faltaban seis giros y él, que venía comiéndole la espalda al líder con un ritmo mejor, vio cómo se le escapaba la chance. Esa es la foto. Lo demás es consecuencia.
Porque Norberto, el Bebe de Arrecifes, campeón del Turismo Carretera en 2006 y todavía dueño de una sonrisa cómplice a sus 51, no se guardó nada cuando le tocó hablar. Lo dijo con la crudeza de quien se acostó con bronca: faltaron seis vueltas para ganarla, veníamos mucho mejor en ritmo, habíamos descontado un segundo y medio. Me quedó el sabor amargo de ese último Pace Car, lo veníamos esquivando y me perjudicó.
Una categoría donde una décima es un océano
Y acá viene lo que a mí, como hincha y cronista, más me atrapa del TC que estamos viendo. El propio Fontana lo graficó con una frase que vale más que cualquier planilla: en una décima hay diez autos. Así, textual. Es decir, cuando salís a clasificar, la diferencia entre el primero y el puesto 34 puede ser de apenas ocho décimas. No es una exageración: es la nueva normalidad de la categoría.
Esa paridad cambia todo el negocio. Antes, el que tenía mejor motor o mejor equipo hacía diferencia. Hoy, clasificar bien es medio carrera ganada, y clasificar mal significa tener que esquivar rivales durante toda la prueba para recuperar lo perdido en una vuelta de clasificación.
Los números del Azar, los números de la ilusión
Lo concreto, lo que se puede tocar, es la evolución del Azar Motorsport. Hace pocas fechas, la distancia entre el Chevrolet Camaro de Fontana y el de Agustín Canapino, que es la referencia inevitable del TC, era de 1,2 a 1,3 segundos por carrera. Después de probar en La Plata, correr en Rafaela y llegar a Posadas, esa brecha bajó a seis décimas. Es mucho, para una categoría donde medio segundo te cambia el fin de semana entero.
“Evolucionamos, pero falta otro poquito más.”Norberto Fontana
El propio Bebe lo reconoce con esa mezcla de honestidad y hambre que tienen los pilotos grandes. No sobra nada, no se regala nada, y la diferencia con la punta se achica centésima a centésima. La tecnología, claro, juega su partido: hay equipos que pueden probar distintas configuraciones aerodinámicas en el taller antes de llegar a la pista. Eso, en un campeonato tan parejo, es una ventaja que no se improvisa.
El físico manda, y Fontana lo sabe
Hay algo que me gusta destacar y que habla del carácter del personaje. Con 51 años, Fontana no piensa en el retiro. Lo dice con la misma naturalidad con la que se ata los guantes: las categorías de auto de turismo permiten correr a pilotos de más edad. Hasta que me dé el físico lo voy a hacer. Y uno le cree, porque lo viene haciendo carrera tras carrera, sin hacer ruido, pero con resultados.
En Paraná, la fecha anterior, la carrera se le terminó antes de tiempo tras un toque con otro piloto. San Juan lo devolvió a los primeros planos. Y ahora, con seis décimas menos de con el referente, la pregunta cae sola: ¿podrá el Azar Motorsport dar ese último paso para pelearle victorias de verdad a los equipos de punta?
Mirá, si algo me enseñó ver al TC durante años es que en esta categoría las remontadas se cocinan a fuego lento y se sirven en la última curva. Fontana tiene el auto, tiene el equipo, tiene el hambre. Y la próxima fecha lo espera con los brazos abiertos. La ilusión, en el Turismo Carretera, siempre tiene un par de vueltas más.
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