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Hinchazón a la noche: por qué aparece, qué la dispara y cuándo conviene dejarse de pruebas y consultar al médico

Comer rápido, tomar gaseosas o meter demasiada fibra de golpe puede arruinar una cena y dejar el abdomen inflamado hasta la madrugada. Anotar qué se comió y cómo se comió ayuda a encontrar el patrón antes de empezar a sacar alimentos como si fueran enemigos. La respuesta cambia de persona a persona, y hay señales que ya no admiten esperar.

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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · 16 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

A la salida de un restorante de calle Corrientes, casi sobre la cortada que da al río, una clienta se agarra la panza y se ríe con la compañera de mesa: otra vez esa sensación de tener el abdomen como un globo a las diez de la noche. La escena se repite, con distintos actores, en muchas mesas de la ciudad. La hinchazón después de cenar aparece con más frecuencia de la que uno quisiera admitir, y casi nunca tiene una sola causa: depende del menú, de la forma en que se ingiere y, sobre todo, de cada organismo.

Hinchazón y distensión no son lo mismo, aunque se confundan

El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos, conocido por su sigla NIDDK, separa dos términos que en la conversación diaria se usan como si fueran sinónimos. Hinchazón es la sensación de tener el abdomen lleno, apretado, más voluminoso de lo que uno espera. Distensión, en cambio, es lo que se ve: la panza efectivamente crece, se estira la ropa, el espejo devuelve una silueta distinta. Las dos pueden aparecer juntas y suelen venir acompañadas por eructos o flatulencias, que no son un capricho del cuerpo sino parte del mismo proceso.

Antes de empezar a tachar alimentos de la lista, vale una advertencia que repite el NIDDK. Si la molestia aparece de vez en cuando después de una cena abundante, no hay por sí misma una señal de alarma. La cosa cambia cuando el síntoma se repite, se suma dolor intenso, se modifica el tránsito intestinal habitual o aparece pérdida de peso sin una causa que lo explique. En esos casos, la consulta médica deja de ser opcional y se vuelve el paso siguiente lógico, antes que cualquier cambio de dieta.

El aire que se traga y la velocidad con la que se come

Una parte del gas que molesta tiene un camino insospechado: entra por la boca. El NIDDK explica que una porción del gas digestivo viene del aire que se traga sin pensar, y acá aparece un detalle de la vida cotidiana que pesa más de lo que parece. Comer apurado, hablar mientras se tiene el tenedor en la mano, usar sorbete, mascar chicle y tomar gaseosas, todas esas acciones suman tragos de aire que después bajan y se acumulan en el tubo digestivo. Las preparaciones con mucha grasa también coinciden, en algunas personas, con mayor distensión, porque enlentecen la digestión y dejan más tiempo para que los gases se acumulen.

Lo que hacen las bacterias del intestino grueso

La otra parte del gas nace más abajo, cuando las bacterias del intestino grueso seponen a trabajar sobre carbohidratos que no se terminaron de digerir arriba. Esto puede ocurrir con componentes de legumbres, lácteos, algunas frutas y vegetales, entre otros alimentos. Que estén en el plato no quiere decir que deban prohibirse. La respuesta es de cada cuerpo y se parece más a un menú personal que a una regla universal.

La fibra, que ayuda pero no se banca los atropellos

Con la fibra pasa algo parecido. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, la FDA, diferencia dos tipos. La soluble se disuelve en agua y es descompuesta por bacterias; la insoluble recorre buena parte del aparato digestivo sin descomponerse casi nada. Por eso meter fibra de golpe, sin dar tiempo a que la flora intestinal se acomode, suele traer gases y cambios intestinales que arruinan la noche. Ir de a poco es la recomendación que repiten los especialistas y la que, en la práctica, mejor resultado da.

Lo que dejó un ensayo y lo que cuentan los vecinos

Sobre las dietas restrictivas, los trabajos científicos coinciden en algo que muchos vecinos de San Telmo y de Palermo repiten sin ponerse de acuerdo. Un ensayo de cuatro semanas evaluó qué pasaba al sacar de manera sistemática ciertos alimentos: el alivio, cuando aparecía, era temporario y no siempre se sostenía. Por eso, antes de empezar a eliminar ingredientes como si fueran enemigos, conviene registrar durante una o dos semanas qué se comió, a qué hora y cómo se comió. La planilla, en una libreta o en el celular, termina siendo el mejor punto de partida para una consulta médica útil.

“Yo antes cenaba cualquier cosa y a la media hora ya estaba inflada. Cuando empecé a anotar qué comía y a comer más despacio, la diferencia se notó en serio. Ahora si me pasa, sé qué fue y no me asusto.”Mariela, vecina de San Telmo
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Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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