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Lunes, 12 de octubre de 2026
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Internet doble: cuando los robots le ganan la pulseada a la gente y nadie te avisa

Los agentes de inteligencia artificial ya generan más tráfico que los usuarios humanos y dejan a los sitios de noticias sin visitas, sin clics y sin un peso para pagar el alquiler. La industria busca cómo cobrarle a las máquinas lo que los humanos ya no pueden aportar.

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Lucas GalloTecnología · · 4 min de lectura
Internet doble: cuando los robots le ganan la pulseada a la gente y nadie te avisa

El otro día se me cortó la luz justo cuando el horno estaba por pitar. Cinco minutos a oscuras, el sonido nunca llegó y la pizza quedó cruda. Nada grave, excepto que en ese ratito se me ocurrió una imagen bastante precisa de cómo se siente hoy un sitio de noticias: alguien está del otro lado, usa tu trabajo a oscuras y vos no te enterás. Así arranca esta historia, que no es menor: los agentes de inteligencia artificial, esos programas que navegan solos para alimentar a los modelos de lenguaje, ya generan más tráfico en la web que las personas de carne y hueso.

Durante décadas hubo un pacto no firmado entre buscadores y productores de contenido. El arreglo era simple: vos indexás mis páginas, yo te mando lectores que quizás se suscriben o hacen clic en un aviso. Con esa plata se pagaban sueldos, servidores y cafés. El trueque funcionó durante años, del mismo modo que funciona en una casa cuando uno cocina y el otro lava los platos. Ahora el problema es que el que cocina cada vez ve menos platos en la pileta.

Una internet paralela que nadie te mostró

La cosa va más allá de la típica plaga de bots. Los agentes de IA no solo son más que los visitantes humanos: ejecutan varias tareas al mismo tiempo, en forma automática, en fracciones de segundo. Mientras yo escribo esta nota, una cantidad obscena de bots está leyendo, escaneando y copiando contenido en algún servidor perdido. Algunos especialistas lo llaman una internet doble: una capa para nosotros, los mortales que hacemos clic y leemos, y otra capa invisible, populosa y bulliciosa, donde las máquinas hacen su propio recorrido. Para dimensionarlo en clave doméstica: es como vivir en un edificio donde la mayoría de los departamentos están alquilados, pero los inquilinos nunca bajan al kiosco, no compran en el supermercado del barrio y, encima, te copian la lista del WhatsApp.

  • Un agente de IA no hace clic en avisos publicitarios, así que no genera ni un centavo de publicidad.
  • Tampoco completa formularios de suscripción ni deja un mail al que después se le pueda ofrecer un plan pago.
  • Y, lo más irritante, muchas veces ni siquiera se molesta en avisar de qué página sacó lo que te está respondiendo.
  • Para un medio, eso significa trabajar gratis para que un modelo le responda a otro sin devolverle nada a la redacción.

El caso de los periódicos es el más elocuente. ¿Por qué los modelos valoran tanto a los diarios? Dos razones, y las dos son viejas como el oficio. Primero, porque están escritos por personas que conocen el lenguaje y no por una máquina repitiendo lo que dijo otra máquina. Segundo, porque publican actualidad: lo que pasó hoy, lo que dijo tal funcionaria, lo que cerró tal paritaria. Esos datos frescos no se consiguen en Wikipedia ni en Reddit. Y, sin embargo, son justamente los que los agentes se llevan sin pedir permiso.

Empezar a cobrarles a los bots, o al menos intentarlo

Algunas empresas de infraestructura web trabajan en herramientas para que los dueños de un sitio decidan qué bots entran y bajo qué condiciones. La idea es armar un mercado donde usar datos de un medio para entrenar a un modelo tenga un precio, igual que tiene un precio el cable o la harina. Hoy no existe un estándar único ni una ley global que lo obligue, aunque hay un antecedente fuerte: Australia sancionó en 2021 una norma que obliga a las grandes plataformas a sentarse a negociar pagos con los medios. No es la solución perfecta, pero al menos es una mesa donde los periodistas no llegan solos.

Hay un detalle técnico que complica todavía más las cosas. Cuando vos llegás a un sitio desde Google, queda registrado de dónde viniste. Los sitios pueden medirlo, mostrarlo, facturarlo. Con los modelos, ese rastreo se vuelve borroso. Y, si no sabés quién te lee ni para qué te usan, es imposible cobrarles. El sistema que sostuvo al periodismo digital durante veinte años se está desarmando pieza por pieza, mientras nosotros miramos el contador de visitas sin entender por qué marca millones si la redacción sigue sin poder pagar el aguinaldo en tiempo y forma.

Qué hacer hoy, con lo que hay

  • Revisá el archivo robots.txt de tu sitio y bloqueá los bots que no te sumen valor ni te den crédito.
  • Activá logs de acceso y mirá cuánta plata en infraestructura te está costando un tráfico que no te deja un peso.
  • Sumate a proyectos cooperativos de medios para negociar en bloque, que es más fácil que ir solo contra una Big Tech.
  • Si producís contenido, exigí que los modelos que lo usen te citen y te paguen: no es capricho, es trabajo.

Lo confieso: yo también uso inteligencia artificial casi a diario. Pero cada vez que la abro pienso que del otro lado hay un redactor al que no conozco, un fotógrafo al que no le pago y un medio al que no visito. Si esto sigue así, la próxima vez que necesites una nota sobre un tema serio vas a recibir un resumen lindo, bien redactado, sin una sola fuente a la que agradecerle. Y no va a ser por culpa de los robots. Va a ser porque nadie les cobró a tiempo.

LG
Lucas GalloTecnología

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