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Jueves, 15 de octubre de 2026
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La casa, esa fortaleza que los roedores conocen mejor que nosotros: cómo cerrarle el paso y limpiar sin arriesgar la salud

Un responsable técnico de una empresa de control de plagas repasa los errores domésticos que abren la puerta a ratas y ratones, los selladores que realmente sirven y el procedimiento exacto para retirar excrementos sin levantar polvo contaminado. Una guía para entender por qué la menta, el vinagre y los ultrasonidos no alcanzan.

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · · 5 min de lectura
La casa, esa fortaleza que los roedores conocen mejor que nosotros: cómo cerrarle el paso y limpiar sin arriesgar la salud

Acá en la redacción, mientras escribo esta nota, todavía me acuerdo de la vez que un vecino de Boedo me contó que tenía ratones en la cocina y los combatía con un frasco de menta que había visto en un video de redes sociales. la verdad es que la cosa le duró poco, y cuando volví a cruzarme con él en la esquina de su casa me dijo, con una mezcla de vergüenza y resignación, que los bichos seguían campantes. Esa escena, multiplicada por miles, es la que describe un responsable técnico de una empresa de control de plagas consultado para esta nota: la de un país que convive con roedores y, al mismo tiempo, cree que un aromatizante o un aparatito a pilas pueden sacarlos de en medio. Como me dijo el especialista con tono tranquilo, las soluciones mágicas no existen; lo que existe es un trabajo paciente de identificar por dónde entran, cerrarlo como corresponde y, si ya quedaron rastros, limpiar sin ponerse en riesgo. Eso es lo que vale la pena repasar en las próximas líneas.

Por dónde entran (y por qué tapar un agujero no alcanza)

La espuma de poliuretano es el sellador más usado para tapar agujeros en paredes y zócalos, pero tiene una limitación concreta: los roedores pueden roerla con bastante facilidad. Para que el cierre sea efectivo, el material debe combinarse con malla metálica o lana de acero antes de aplicar la masilla. Sin esa barrera física por debajo, por decirlo de algún modo, el trabajo queda a medias y el animal vuelve a abrirse paso en cuestión de días. Es como ponerle una reja de papel a una ventana.

  • Burletes deteriorados bajo las puertas: una vía de entrada frecuente que muchos pasan por alto.
  • Vegetación pegada a la fachada: ramas y enredaderas funcionan como puente hacia techos y ventilaciones.
  • Cajas de cartón apiladas en depósitos y garages: refugio y a la vez camino hacia el interior.
  • Pequeñas fugas de agua: los roedores buscan humedad casi tanto como comida.
  • Alimentos de mascotas que quedan al alcance durante la noche: un atractivo enorme, casi un convite.

Como me insistió el técnico, una vivienda puede estar ordenada y limpia y, aun así, terminar con una infestación si alguno de esos accesos queda abierto. No es cuestión de higiene en abstracto, sino de sellado concreto. Y acá viene uno de los puntos que más me llamó la atención: hay gente que barre la cocina tres veces por día y, sin embargo, tiene ratones, porque dejó una cañería mal terminada o una rejeta sin traba. La prolijidad doméstica, claro está, ayuda; pero sin un cierre físico del ingreso, por sí sola no resuelve nada.

Por qué los remedios caseros no resuelven el problema

Los remedios caseros que circulan en redes sociales no ofrecen resultados duraderos, y conviene entender por qué. La menta y el vinagre no repelen de forma sostenida; su efecto, en el mejor de los casos, es momentáneo y se disipa con el correr de las horas. Los dispositivos de ultrasonido, por su parte, no atraviesan paredes ni muebles, y los roedores pueden acostumbrarse al estímulo sonoro con el tiempo, con lo cual el aparatico termina siendo un adorno caro. Las trampas de resorte pueden capturar un ejemplar aislado, pero no controlan una infestación: si hay varios animales dentro de la casa, sacar uno no modifica el cuadro. Y las trampas adhesivas, en tanto, generan sufrimiento innecesario al animal sin resolver el foco del problema. Como me dijo el entrevistado, casi con un suspiro, ninguna de esas alternativas reemplaza la tarea central: localizar los puntos de entrada y cerrarlos como corresponde.

Limpiar excrementos sin levantar polvo contaminado

Una vez que hay rastros de roedores, la limpieza requiere un procedimiento específico que mucha gente desconoce y que, por lo tanto, se hace mal casi siempre. El primer paso es ventilar el ambiente durante al menos treinta minutos antes de ingresar al recinto afectado. Luego hay que colocarse guantes gruesos y protección para vías respiratorias, humedecer los excrementos con un desinfectante apropiado, esperar que el producto actúe y retirarlos con papel, sin contacto directo. Lo que no debe hacerse bajo ningún concepto es barrer en seco ni usar aspiradora: ambas acciones levantan polvo con partículas potencialmente infecciosas que se inhalan sin notarlo, y ahí es donde aparecen los riesgos sanitarios que las familias suelen subestimar.

Y acá conviene detenerse, porque este es el punto más humano de toda la cuestión: los roedores pueden transmitir enfermedades a través de la orina, los excrementos y las mordeduras, e introducir parásitos como pulgas, garrapatas y ácaros que después pasan a mascotas y a personas. Eso quiere decir que limpiar mal no es un simple descuido estético: es una exposición directa a un riesgo que, en muchos casos, termina en una consulta médica que podría haberse evitado. Si los rastros se repiten o se sospecha que el foco está en la red de alcantarillado, lo recomendable es recurrir a un servicio profesional de control de plagas, que cuenta con productos, equipamiento y protocolos que en una casa particular no se pueden replicar. Me gusta cerrar esta nota con una frase del propio entrevistado, que me quedó dando vueltas mientras caminaba por mi barrio: como nos dijo el técnico, con esa seriedad de quien repite lo mismo todos los días, acá no hay trampa mágica ni sahumerio que salve a nadie; lo que salva es cerrar bien la casa y limpiar como corresponde.

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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