Saltar al contenido
Martes, 29 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Noticias Litoral

Noticias Litoral

La consulta de Gabriel Rolón que se volvió un diván grupal entre confesiones y chanzas en Otro día perdido

Evelyn Botto y Soy Rada le plantearon a Mario Pergolini sus pequeños reclamos de convivencia delante del psicoanalista, que pasó de entrevistado a moderador de una sesión con humor

SB
Sofía BianchiCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
La consulta de Gabriel Rolón que se volvió un diván grupal entre confesiones y chanzas en Otro día perdido

Lo que empezó como una nota más en Otro día perdido terminó funcionando casi como una terapia de grupo, con sofá incluido y todo. Pero un sofá bastante particular: el que armaron Evelyn Botto, Agustín Aristarán —más conocido como Soy Rada— y Mario Pergolini cuando le cedieron el asiento del medio al invitado de la jornada, el psicoanalista Gabriel Rolón.

Porque cuando el conductor le preguntó a Aristarán por qué había ubicado al visitante entre los dos, se abrió una ventana inesperada: la de los vínculos cotidianos dentro del equipo. Y Rolón, que llegó para charlar sobre sus libros y sus ideas, se encontró de repente moderando quejas disfrazadas de chistes, observaciones filosas y confesiones de las que suelen quedar entre compañeros y un café.

Botto, la eterna nueva

La primera en animarse fue Evelyn Botto, que hace ya un año que forma parte del programa pero, según dice, sigue cargando con el cartel de la recién llegada. O peor todavía: con el riesgo de que Pergolini la llame con otro nombre. Porque, contó entre risas, en más de una ocasión el conductor la llamó Layla. Pergolini se justificó como pudo: dijo que tiene dificultades para memorizar nombres y que le cuesta retenerlos. Ella, lejos de aceptar la explicación, lo cruzó con ironía: "¿Pero Layla cómo?", le retrucó, como marcando lo absurdo del error.

Y como si eso fuera poco, Botto agregó otro capítulo de su manual de convivencia con Pergolini: el conductor no acostumbra saludarla con un beso. Acá entró Rolón, que tomó la palabra con tono profesional pero distendido, y explicó que "las personas tienen diferentes formas de vincularse y de expresar el afecto". Y agregó un dato que completó el cuadro: "De hecho, Agustín tampoco suele dar un beso". O sea, nomás descartar.

El unfollow que duele

Pero el plato fuerte llegó con Soy Rada, que cambió de tema con la velocidad que lo caracteriza y puso el foco directamente en Instagram. El humorista contó que Pergolini en un momento decidió dejar de seguirlo y, lo que es peor, se lo comunicó en persona, en el momento, mientras charlaban. Para Aristarán, que el conductor figurara entre sus seguidores tenía un valor que iba más allá de lo digital: era una suerte de respaldo simbólico, una forma de presentarse ante los demás. Algo así como un sello de calidad profesional.

Pergolini, otra vez a la defensiva, explicó que las publicaciones frecuentes de su compañero le resultaban un tanto aburridas. Rada no se quedó callado y le marcó la opción lógica: "Bueno, pero podrías haber silenciado la cuenta". Ahí Rolón volvió a meter la cuchara, ahora con la precisión del profesional: observó que dejar de seguir a alguien también puede generar sus interpretaciones sobre el vínculo entre ambos. Una perlita para pensar, en medio de la risa.

Una sesión exprés con final abierto

Como la cosa se extendía y el ida y vuelta ya tenía clima de sesión, Pergolini quiso ordenar el debate y le preguntó a Rolón si una terapia grupal busca, en definitiva, que todos se lleven bien. El psicoanalista respondió con la prudencia de siempre: el objetivo depende de cada situación, del grupo, del momento. Y lanzó la pregunta que terminó de cerrar el cuadro: "¿Estamos hablando de personas que tienen que seguir trabajando juntas?". Rada selló el momento con un último reclamo en tono cómico sobre el trato que recibía y las actividades que le proponían, y Pergolini, con la mejor cara de conductor que pudo poner, dio por terminada la dinámica y retomó la entrevista a Rolón como si recién empezara.

Me fui de la nota con una sensación rara: la de haber visto un cruce entre lo clínico y lo cotidiano que funcionó, precisamente, porque nadie se tomó demasiado en serio. ¿Qué lugar tiene el humor en la convivencia laboral? La respuesta, al menos en Otro día perdido, parece ser esta: un lugar central, casi terapéutico.

SB
Sofía BianchiCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo