Viernes, 4 de septiembre de 2026
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La cuarta temporada de Ted Lasso mira de frente a su propio espejo y encuentra una maduración que duele

La incorporación de Alice Chilton, la asistente que encarna Tanya Reynolds, reabre el arco de Nate Shelley y le permite a Ted demostrar que aprendió la lección más difícil: a veces cuidar al grupo implica dejar afuera a alguien

SB
Sofía BianchiCultura y espectáculos · 4 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Volví a sentarme en el sillón con el piloto de la cuarta temporada de Ted Lasso en la pantalla y la sensación de estar viendo una serie que ya se conoce demasiado bien. La fórmula sigue siendo la misma: Ted Lasso, de ternero de sonrisa eterna, sigue repartiendo abrazos y frases de autoayuda en el vestuario del AFC Richmond, mientras el equipo femenino intenta hacerse un lugar en una liga que todavía no sabe muy bien qué hacer con ellas. Pero hay algo distinto, algo que se siente en el aire apenas arranca el quinto episodio y que cambia para siempre el tono de la temporada.

Una asistente que incomoda desde el primer minuto

Alice Chilton, la asistente que encarna Tanya Reynolds, llegó al Richmond como una de las apuestas fuertes de estos capítulos. En un principio parecía que su rol iba a ser el de una Roy Kent en versión femenina: dura, exigente, pero con un corazón que tarde o temprano terminaría ablandándose. Sin embargo, la serie le da un volantazo y la empuja hacia un terreno mucho más incómodo, uno que los seguidores de la serie conocen de memoria.

El punto de partida es el mismo que tuvo Nate Shelley en las primeras temporadas: talento reconocible, una frustración que no termina de encontrar cauce y una dificultad seria para hacer pié en la cultura de equipo que Ted se empecina en construir. Mientras el entrenador levanta un ambiente centrado en el crecimiento colectivo, Chilton siente que no recibe la misma atención que sus pares. Esa percepción se va masticando hasta convertirse en irritación pura, y la situación termina de explotar durante un entrenamiento, cuando descubre que las jugadoras están más interesadas en la vida personal de Ted que en escucharla a ella.

  • Mismo punto de partida que Nate Shelley: talento, frustración y dificultad para encajar en la cultura de equipo que promueve Ted
  • Un quiebre visible en el entrenamiento, cuando las jugadoras se interesan más por la vida personal de Ted que por su trabajo como asistente
  • Antecedente con Gemma, una jugadora que se alejó temporalmente del fútbol por las críticas de la propia Chilton
  • Una decisión de Ted que llega a tiempo: la suspensión durante un partido antes de que el daño sea irreparable

La lección que Ted necesitaba aprender

El paralelo con Nate es explícito y la serie no se hace cargo de disimularlo. Durante las primeras temporadas, Nate pasó de encargado del material a entrenador asistente gracias a la confianza ciega de Ted. Esa confianza se fue pudriendo cuando empezó a sentirse ignorado, y la inseguridad derivó en arrogancia y crueldad hacia quienes tenían menos poder. La tercera temporada intentó cerrarle el arco con una redención que dejó a más de uno con gusto a poco.

Lo que cambia en esta cuarta entrega es la respuesta de Ted. En lugar de esperar a que el daño sea irreparable, decide suspender a Chilton durante un partido en cuanto detecta que su comportamiento empieza a lastimar al grupo. Es una decisión que contrasta con el Ted más permisivo de las primeras temporadas, y la serie la presenta como una maduración antes que como una contradicción. Ayudar a las personas, parece decirnos el guion, ya no puede significar tolerar que terminen lastimando a otras.

Chilton, mientras tanto, carga con un pasado que pesa. Tuvo una historia previa con Gemma, la jugadora interpretada por Abbie Hern, que llegó a alejarse temporalmente del fútbol por las críticas duras de la asistente. Ese antecedente condiciona cómo el resto del equipo lee cada una de sus reacciones y, sobre todo, cuánto margen de error le queda dentro del Richmond.

La temporada todavía tiene episodios por delante para definir hacia dónde lleva a Chilton. Por ahora, lo que queda claro es que Ted Lasso dejó de ser la serie que se hacía la distraída frente a los Costos de mirar para otro lado. Esta vez, el entrenador mira de frente y actúa, aunque eso implique dejar afuera a alguien que, en otra época, él mismo hubiera abrazado hasta el final.

SB
Sofía BianchiCultura y espectáculos

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