La delgada línea entre una semana pesada y el cuerpo que ya no afloja: cómo reconocer que el cansancio se volvió algo más
Despertares en mitad de la madrugada, olvidos que antes no existían y una irritación a flor de piel pueden ser señales de un estado de alerta que se cronificó. Especialistas consultados en estudios recientes coinciden en que distinguir el patrón a tiempo es la diferencia entre atravesar una mala racha y empezar a deteriorar la salud.

A veces uno se levanta y nota que el día empezó antes de que sonara el despertador, no porque haya dormido bien sino porque el cuerpo ya viene con la guardia alta desde la noche anterior, y acá, en la conversación de cada mañana con el vecino de toda la vida, se nota que cada vez más gente llega a la panadería con esa mirada de quien no terminó de pegar los ojos, como me lo dijo hace unos días Rubén, de Boedo, que se atiende con la misma chica desde hace veinte años y que ahora me confesaba, mientras le alcanzaba el café con leche, que se olvida de la mitad de lo que tenía que hacer antes de salir de casa y que ya no sabe si es la edad o algo que le está pasando al cuerpo que antes no le pasaba.
Porque esa es, justamente, la trampa que describen los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos cuando hablan de estrés sostenido en el tiempo: no avisa con una señal única ni estrepitosa, sino que se va colando de a poco en cosas que uno naturaliza, como dormir peor, perder el hilo de una frase a la mitad, irritarse con el colectivo lleno del lunes o con el mensaje del jefe que antes hubiera tolerado con un suspiro y ahora termina en una discusión que no lleva a ningún lado pero que deja el resto del día arruinado.
Lo que dicen los estudios recientes
Lo que dicen los estudios recientes
Una revisión publicada en 2025 en la revista Frontiers in Psychology juntó 45 revisiones y más de dos mil estudios y encontró algo bastante consistente, que las alteraciones del sueño y los problemas cognitivos, sobre todo los que tienen que ver con la atención, con la memoria y con lo que los especialistas llaman funciones ejecutivas, aparecen una y otra vez en los cuadros de estrés que se vuelven crónicos, mientras que otro trabajo publicado en 2024 en Neurobiology of Stress fue un paso más allá y señaló que la exposición prolongada a ese estado de alerta puede llegar a afectar la memoria de trabajo, la flexibilidad para cambiar de tarea y hasta el control de los propios impulsos, que es justamente lo que uno nota cuando se descubre contestando mal un mail o subiendo el tono con un pibe que no tuvo la culpa.
Leah Doane, profesora de Psicología de la Arizona State University, lo resumió de una manera que me pareció bastante gráfica cuando uno lo piensa en términos de barrio: dijo que el problema aparece cuando la respuesta de estrés no logra apagarse nunca del todo, como si el motor del auto quedara revolucionado en el semáforo y, aun detenido, siguiera gastando nafta y gastando cubiertas sin que el vehículo avance, porque en ese estado el cerebro empieza a administrar mal los recursos básicos y entonces organizar el día, recordar lo que había que comprar, priorizar lo urgente sobre lo importante y responder con un poco de calma se vuelven tareas que consumen una energía que antes salía gratis.
Las señales que conviene mirar antes de que sea tarde
Las señales que conviene mirar antes de que sea tarde
- Despertarse de madrugada sin un motivo claro y quedarse con la cabeza dando vueltas durante varios minutos antes de volver a dormirse, algo que antes era raro y ahora se repite tres o cuatro noches por semana.
- Olvidar palabras, nombres o compromisos que antes se retenían sin esfuerzo, especialmente en la conversación cotidiana, donde uno nota que busca un término que tiene en la punta de la lengua y no sale.
- Reaccionar con una intensidad que no se condice con el hecho que la provocó, enojos que el propio interesado después no se explica o que reconoce como exagerados cuando ya pasó.
- Sentir que el cuerpo está en movimiento pero la cabeza no termina de enganchar, cumplir con el trabajo, con los chicos, con el trámite del banco, pero con la sensación de ir piloteando en automático todo el día.
- Dormir muchas horas y levantarse igual agotado, o dormir pocas y sentir que el cansancio se acumuló como una deuda que no se termina de pagar nunca.
En los espacios de bienestar y de divulgación psicológica se escucha cada vez más eso que llaman modo supervivencia, que no es un diagnóstico clínico con manual y firma médica sino más bien una forma de ponerle nombre a ese estado de alerta permanente que puede servir para ordenar señales que, vistas de a una, parecen una pavada pero que juntas dibujan un patrón bastante claro, porque lo que importa, según coinciden los especialistas, no es tanto la etiqueta sino el conjunto, y acá es donde uno tiene que hacerse la pregunta incómoda que me planteó Mabel, de Caballito, mientras esperábamos juntos el bondi en la parada: yo le pregunté cómo venía el año y me dijo, con una sinceridad que me llamó la atención, que venía funcionando, pero que hacía meses que no se acordaba de lo que soñaba, y que para ella eso era la señal de que algo no estaba cerrando como debía.
Lo concreto es que no hace falta esperar a un golpe fuerte para empezar a cuidarse, porque la diferencia entre una semana exigente y un desgaste que empieza a afectar la salud física y mental está sobre todo en la duración y en la repetición de esos síntomas, y detectarlo a tiempo, sea charlando con el médico de cabecera o anotando uno mismo cómo duerme y cómo reacciona, suele ser el primer paso para que el cuerpo y la cabeza vuelvan a encontrar un ritmo que hoy, como me dijo Rubén mientras se tomaba el último trago de café, parece que se nos hubiera perdido en algún lugar del camino.
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