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Domingo, 11 de octubre de 2026
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La esquina del Balneario, una convocatoria y la promesa de repartir semillas: Mariano Moreno vuelve a apostar al zapallo gigante

El municipio del centro neuquino abre el martes 13 la segunda edición del concurso Ciudad Zapallo, con capacitación y kits de semillas gratis para vecinos con huerta o con ganas de armar la primera.

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · · 3 min de lectura
La esquina del Balneario, una convocatoria y la promesa de repartir semillas: Mariano Moreno vuelve a apostar al zapallo gigante

A veces las historias grandes empiezan en una esquina conocida, esa donde el asfalto se rompe y aparece la tierra. Acá, en Mariano Moreno, esa esquina es el Balneario Municipal, y el martes 13 de octubre, a las 10 de la mañana, va a haber movimiento: el municipio y el PRODA abren la convocatoria para la segunda edición del concurso Ciudad Zapallo 2026-2027, una iniciativa que mezcla capacitación, entrega de semillas sin costo y, sobre todo, la invitación directa a que cualquiera se anime a sembrar, tenga o no tenga experiencia previa.

La movida es abierta y gratuita, no requiere inscripción previa según la convocatoria que difundieron las autoridades locales, y está pensada tanto para productores con años de oficio como para vecinos que nunca pisaron una huerta y sienten curiosidad por arrancar la propia. La idea es simple: en una sola mañana se dicta la capacitación, se reparten los kits de semillas y se les da a los participantes el empujón inicial para empezar a cultivar en casa o en el patio, sin excusas ni costos.

La huella de la primera edición

Para entender por qué este concurso se transformó en una pequeña obsesión del pueblo alcanza con cruzar el arroyo Covunco y meterse en el barrio Los Hornos, a unos ocho kilómetros del centro. Ahí vive Daniel Ceferino Panitrul, un ladrillero de 57 años que lleva más de dos décadas fabricando ladrillos, primero en el taller de otro y desde 2008 en el propio, sobre la margen del arroyo. Hace tres años, con semillas que le entregó el municipio, decidió probar con la tierra del mismo predio y armar una huerta con papas, tomates y zapallos. La apuesta le cambió el calendario.

En la última temporada, Panitrul cosechó un zapallo de 23,560 kilos que le valió el primer puesto en la edición inaugural del certamen. Detrás de él, en el podio, quedaron Antonio Moscoso, de Covunco Arriba, con un ejemplar de 19,260 kilos, y Mariano Villagra, también de Los Hornos, con uno de 14,760 kilos. Tres vecinos, tres historias distintas, un mismo veredicto del campo: cuando se le da, la tierra del Valle del Covunco responde con peso y con sabor.

“La producción de ladrillos me ayudó a vivir.”Daniel Ceferino Panitrul, ganador de la primera edición

Panitrul, que sigue combinando el horno del ladrillo con la huerta familiar, es la cara más visible de un programa que también tiene su costado histórico. El Valle del Covunco fue asiento de una antigua colonia agrícola y pastoril, y el zapallo fue durante años uno de sus cultivos emblema. La propuesta oficial apunta a retomar esa tradición, pero desde abajo, desde las familias, desde la mesa de cada vecino que decide volver a sembrar lo que comía su abuela.

Qué hay que saber para sumarse

La funcionaria que acompañó a los huerteros durante todo el ciclo anterior, Carolina Gez, responsable del área de Producción municipal, lo resumió con una frase que en estas páginas suena a sentencia: "Cuando hay política pública y manos dispuestas, la tierra responde". Y es que en un pueblo donde la historia agrícola se escribe con mayúsculas desde hace generaciones, la apuesta del municipio parece menos un capricho y más una recuperación: volver a poner las manos en la tierra, con vecinos que se conocen de toda la vida y se cruzan en el Balneario cada mañana.

Por eso, si te cruzo este martes por la puerta del Balneario y te veo con el bolsito listo para llevarte el kit de semillas, no te asustes: acá, en Mariano Moreno, la movida es esa, juntar a la gente, repartir lo que hay y dejar que el zapallo crezca hasta donde tenga que crecer. Como le dijo Panitrul a este cronista mientras acomodaba los ladrillos recién moldeados: "La producción de ladrillos me ayudó a vivir", y ahora, con la huerta, dice que también lo ayuda a pensar en otra cosa.

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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