La Feria del Libro de Neuquén se despide con precios para todos los bolsillos y propuestas para toda la familia

La esquina donde se montan las dos globas, a pocos pasos del centro neuquino, todavía late con ese rumor particular de los últimos días: el de una feria que se sabe a punto de cerrar y que, por eso mismo, parece apurarse a mostrar todo lo que tiene guardado. La Feria Internacional del Libro llega a su fin de semana final con la intención clara de que nadie se vaya sin haberse llevado al menos un título bajo el brazo y, de paso, alguna experiencia para contar.
Lo primero que conviene tener en cuenta antes de cruzar las puertas es el dato más terrenal de todos: el precio. Hay libros que arrancan en los 2.000 pesos, una cifra que permite entrar a la feria sin la sensación de estar por cometer una locura financiera, y también hay volúmenes más exclusivos que se van por encima de los 70.000 pesos. El rango es amplio y, según me cuentan, refleja la diversidad de libreros que llegaron desde distintos puntos del país para instalarse en los stands.
Qué se puede encontrar en los stands
La oferta está repartida en dos globas que funcionan como dos villages del libro, cada una con su propio clima y su propia lógica de recorrido. Lo interesante es que en ellas conviven desde publicaciones infantiles hasta novedades editoriales de autor, pasando por un apartado que siempre me llamó la atención en las ferias del sur: la literatura patagónica, esos títulos que rara vez se ven en las grandes cadenas y que, justamente por eso, justifican el viaje.
Más allá de la compra, la feria propone pasar la tarde. Hay lecturas en vivo, charlas con autores y presentaciones que se intercalan con propuestas inmersivas, una de esas palabras que en los últimos años sirve para englobar desde proyecciones hasta instalaciones interactivas. La grilla se completa con espectáculos musicales y con opciones gastronómicas que permiten transformar la visita en una salida completa, sobre todo si uno va con chicos y necesita intercalar la búsqueda del libro con algo que los mantenga entretenidos.
Una estrategia que me funciona cada vez que piso una feria es partir de un objetivo concreto, el que sea: un autor patagónico, un libro infantil puntual, esa novela que alguien me recomendó el verano pasado. A partir del modo 'pido esto y después me dejo llevar' uno termina recorriendo stands que de otro modo ni miraría, y casi siempre vuelve a casa con alguna sorpresa no prevista.
La feria tiene una duración total de diez días, de modo que el fin de semana que viene es la última oportunidad para recorrerla. Quienes estén pensando en ir pueden organizarse una visita que combine la compra del libro, alguna de las actividades programadas y un rato para sentarse a comer algo, con la tranquilidad de saber que la entrada y los precios de base están al alcance de cualquier presupuesto.
“La feria es una excusa perfecta para venir al centro, mirar un rato los stands y quedarse a escuchar algo. Siempre te terminás cruzando con un libro que no esperabas.”Marta, vecina del barrio Centro
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