La IA hace de cuenta que entiende, y nosotros le creemos: Floridi dice que es hora de abrir los ojos
El filósofo italiano que inventó la infosfera asegura que los sistemas que nos rodean no piensan: actúan. Y advierte que la única salida sensata no es prohibirlos, sino usarlos con la cabeza enchufada.

Me pasó esta semana, y te lo cuento porque viene al pelo. Le pedí a un asistente de inteligencia artificial que me resumiera un paper académico y me devolvió algo tan prolijo, tan convincente, que casi lo mando a publicar sin chistar. Por suerte lo leí: había inventado dos autores y una fecha. La máquina había actuado como si supiera, sin tener la menor idea de lo que estaba diciendo. Eso, exactamente eso, es lo que Luciano Floridi lleva años intentando que entendamos.
Floridi es filósofo italiano, dirige el Digital Ethics Center de la Universidad de Yale y fue uno de los primeros académicos en tomarse en serio eso que hoy llamamos infosfera, o sea el ambiente informacional en el que la humanidad vive enchufada, como una pecera tecnológica. Hace más de dos décadas viene machacando con la misma idea: internet no es un canal más, es un entorno, y nosotros somos inforgs, organismos informacionales constituidos por la data que producimos y consumimos. Traducción doméstica: ya no sos solo vos, sos vos más tu historial de navegación, tus likes y la playlist del martes a las tres de la mañana.
Actúa, no piensa
Para Floridi, la confusión central de este momento es creer que la IA es inteligente. No lo es. Produce efectos, ejecuta tareas, a veces mejor que nosotros, pero sin mente, sin entendimiento y sin conciencia. Lo que hay, dice, es agencia artificial: sistemas que hacen cosas por nosotros, en lugar de nosotros, mejor que nosotros, aunque no tengan la menor idea de lo que hacen. La diferencia parece técnica y no lo es. Si la IA fuera inteligente, el debate sería si puede superarnos. Como es agencia, el debate es cómo la usamos sin perder el gobierno de nuestra propia cabeza.
“Actúa, se comporta, aunque no tenga mente, ni entendimiento, ni conciencia. Hace cosas por nosotros, en lugar de nosotros, mejor que nosotros.”Luciano Floridi, filósofo y director del Digital Ethics Center de Yale
- Copérnico: sacó a la Tierra del centro del universo.
- Darwin: sacó a la especie humana del centro del reino animal.
- Freud: mostró que ni siquiera somos dueños de nuestra mente.
- Turing, y por extensión la IA: ya no somos el centro de la esfera de la información.
La cuarta revolución intelectual
Floridi encuadra lo que estamos viviendo como la cuarta gran revolución intelectual de la humanidad. Las tres anteriores fueron humillantes en el mejor sentido: nos fueron bajando del pedestal una a una. Copérnico nos puso en un rincón del cosmos. Darwin nos puso en un rincón del reino animal. Freud nos puso en un rincón de nuestra propia cabeza. La cuarta, dice, es la de Turing: la información ya no se organiza alrededor nuestro, sino que nosotros somos un nodo más dentro de un sistema mucho más grande.
Y acá aparece el Floridi optimista, el que a veces parece un optimista algo incómodo. Esa pérdida de centralidad no la ve como una derrota sino como una maduración. La humanidad adulta, dice, se concibe al servicio de su prójimo, del ambiente y de las generaciones futuras, no como dueña y señora del universo. Algo así como pasar de ser el dueño de casa a ser un buen inquilino. La imagen es bonita, aunque a uno le quede la sospecha de que el mundo real todavía funciona más con la lógica del dueño de casa que con la del inquilino considerado.
Ni prohibir ni entregarse
La conclusión práctica es la que importa, y es donde Floridi se aleja tanto de los apocalípticos como de los tecnoptimistas a ultranza. Prohibir la IA no tiene sentido: sería como pedirle al carpintero que renuncie a la sierra porque corta dedos. Lo que hay que hacer, dice, es entender qué es, integrarla con criterio y, sobre todo, no ceder el juicio propio. La filosofía de la información, el campo que él mismo fundó en los noventa cuando casi nadie estudiaba la información como objeto en sí mismo, es el andamiaje conceptual que propone para esa tarea. Lo que en criollo significa: antes de pegarle un prompt a ChatGPT y mandar el resultado al cliente, sentate, pensá y verificá. Suena aburrido. Es la única manera de no terminar citando autores que no existen, como me pasó a mí esta semana.
Moraleja, ya que estamos: tratá a la IA como tratás a un piloto automático útil pero algo zonzo. Te lleva, sí, pero no le des las llaves del auto sin mirar el camino. Porque la máquina no entiende nada de lo que hace por vos, y la responsabilidad de entenderlo sigue siendo, por ahora, estrictamente humana.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Edutechnia 2025 Arranca en Bogotá: La Feria Educativa Tecnológica Líder en la Región

¿Qué tan exactos son los relojes inteligentes al monitorear tu bienestar?

Aseguradora Innovadora Ofrece Cobertura Especial para Gamers
