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Martes, 20 de octubre de 2026
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La infancia no se hereda igual: por qué dos hermanos pueden recordar mundos distintos bajo el mismo techo

La edad de los padres, las crisis que atraviesan y el lugar que cada hijo ocupa dentro de la familia explican por qué las memorias de una misma crianza pueden no coincidir en absoluto. Una psicóloga y un estudio internacional aportan claves para entender esos desencuentros.

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · · 5 min de lectura
La infancia no se hereda igual: por qué dos hermanos pueden recordar mundos distintos bajo el mismo techo

La esquina de cualquier barrio de Buenos Aires suele guardar una imagen entrañable: dos hermanos ya grandes, sentados en un umbral, discutiendo acaloradamente sobre cómo era la casa donde se criaron. Uno jura que la mesa del comedor daba para seis, el otro recuerda que apenas entraban cuatro. Uno afirma que el padre nunca levantaba la voz, el otro tiene todavía el sonido del cinturón resonando en la memoria. Y sin embargo, los dos pasaron veinte años bajo ese mismo techo. ¿Cómo es posible que dos personas criadas en la misma casa tengan recuerdos tan distintos de su infancia? Desde la esquina platense de siempre, con el río de la memoria a la vuelta, esta pregunta vuelve una y otra vez a las mesas de los cafés de barrio.

La respuesta, según explica la psicóloga Ana Paula Rivadero, no tiene nada que ver con la mala fe ni con la distorsión deliberada. Los padres cambian con el paso de los años y, con ellos, cambia también la infancia de cada hijo. Un padre o una madre de 25 años no atraviesa la vida de la misma manera que a los 40: entre una edad y la otra pueden haber mediado duelos familiares, crisis de pareja, dificultades económicas, cambios de trabajo o problemas de salud que modifican la disponibilidad emocional y la energía con la que se cría a cada chico. Cada hijo, entonces, conoce una versión distinta de sus propios padres, aunque comparta la dirección de la casa y el olor del mate compartido.

El peso del lugar que cada uno ocupa en la familia

A las transformaciones de los padres se suma otro factor que suele pasar inadvertido: el rol que cada hijo va ocupando dentro de la dinámica familiar desde muy chiquito. En muchísimas casas se establecen etiquetas silenciosas que terminan definiendo la experiencia cotidiana: el responsable, el sensible, el exitoso, el que siempre necesita ayuda, el rebelde, el que se hace cargo. Esos lugares no se eligen, se van encarnando, y van tiñendo tanto lo que cada hermano vive como la manera en que procesa y guarda lo vivido. Esa es una de las razones por las que dos chicos criados en idéntico contexto pueden construir memorias radicalmente diferentes de una misma infancia compartida.

  • La edad y el momento vital de los padres cuando nace cada hijo moldean el clima emocional del hogar.
  • Las crisis familiares y personales —duelos, separaciones, dificultades económicas— no se reparten de manera uniforme entre los hermanos.
  • El lugar simbólico asignado en la familia (responsable, rebelde, exitoso, vulnerable) condiciona qué se recuerda y cómo.
  • Un estudio internacional con 1.369 adultos de 498 familias confirmó que los hermanos criados juntos suelen tener recuerdos opuestos del vínculo con sus padres.
  • El conflicto aparece de adultos, al comparar memorias que parecen no encajar.
“Los padres no son exactamente los mismos con cada hijo. Ellos también cambian, atraviesan duelos, crisis, separaciones, dificultades económicas, cambios laborales y transformaciones en la pareja.”Ana Paula Rivadero, psicóloga

Lo dijo en diálogo con este portal la psicóloga Ana Paula Rivadero, y la frase condensa buena parte de lo que la investigación viene mostrando en las últimas décadas. Un trabajo publicado en la revista The Journals of Gerontology, que entrevistó a 1.369 adultos de 498 familias distintas, concluyó que la mayoría de los hermanos criados en un mismo hogar recuerda de manera diferente el vínculo con sus padres durante la infancia. Las diferencias más marcadas aparecen en tres ejes: el afecto percibido, la disciplina recibida y la intensidad de los conflictos. No se trata de que unos mientan y otros digan la verdad: se trata de que, efectivamente, cada uno vivió una infancia genuinamente distinta, aunque haya sido dentro de las mismas cuatro paredes.

Acá en el barrio de Almagro, donde conversé con Marta, vecina de siempre mientras tomábamos un café en la esquina de Rivadavia, la cuestión resuena con una fuerza casi cotidiana. Marta tiene dos hermanos mayores y confiesa que cada vez que la familia se junta en lo de la madre, la conversación termina en el mismo lugar: los tres recuerdan una crianza completamente diferente. "Mi madre era feliz cuando yo era chica, y mis hermanos juran que era una mujer agotada y enojada", me cuenta mientras revuelve el café con la cuchara, medio pensativa. "Yo siempre pensé que se acordaban mal, hasta que empecé a entender que yo había llegado en otro momento de su vida". Para Rivadero, esa toma de conciencia es justamente la que puede desactivar buena parte de los conflictos que aparecen en la adultez cuando los recuerdos no coinciden.

“Sería productivo abandonar la pregunta de cuál de los dos recuerda correctamente y preguntar qué significa para cada uno aquello que recuerda.”Ana Paula Rivadero, psicóloga

La propuesta, entonces, no es dirimir quién tiene razón en una discusión familiar, sino animarse a escuchar qué dice ese recuerdo sobre quien lo enuncia. Porque la infancia, al menos la que cada uno guarda, no se hereda en partes iguales: se construye de manera singular a partir del momento en que se nace, la versión de los padres que toca en suerte y el lugar que la familia decide —consciente o inconscientemente— asignarnos desde chicos. Entender eso no borra las diferencias, pero las vuelve, finalmente, un poco más habitables. Y como me dijo Marta antes de despedirse en la puerta del bar, con esa mezcla de sonrisa y alivio que solo da un descubrimiento tardío: "Si hubiera sabido esto hace veinte años, me habría ahorrado un montón de peleas con mis hermanos".

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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