La montaña que se mueve bajo los pies: lo que dejó la avalancha del jueves en Chapelco
Dos esquiadores pasaron a metros del frente de nieve que se desprendió del filo del cerro y terminaron ilesos. Mientras el centro de esquí evalúa la estabilidad de la ladera, vecinos y visitantes se preguntan qué pasa cuando la montaña decide correrse.

En la parte de atrás del Cerro Chapelco, donde el filo se afila contra el cielo y la nieve se acumula sin que nadie la peine, el jueves por la tarde la montaña habló claro. Una masa blanca se soltó de la ladera a casi mil novecientos ochenta metros de altura y bajó a toda velocidad por un terreno que, vale aclararlo una vez más, no está habilitado para esquiar. Dos personas que venían haciendo su descenso en zigzag quedaron pegadas al filo de lo que podía haber sido una tragedia y, por suerte, salieron enteras. Yo lo imagino desde acá, mirando ese cordón de lengas y pinos nevados, y se me hace un nudo en la garganta de solo pensarlo.
Un episodio que se vio en las imágenes y se sintió en el pueblo
La secuencia la captaron de manera casi accidental quienes estaban en las cercanías, y los videos que circularon por las redes muestran cómo la placa de nieve gana volumen y baja como un río blanco por la ladera posterior del cerro. Los dos esquiadores se movían justo en el momento en que el manto colapsó, y por centímetros no los alcanzó. El complejo, ni bien detectó el desprendimiento, activó el protocolo de seguridad, cortó el acceso al sector y se puso a evaluar la estabilidad del terreno mientras la gente se acomodaba del otro lado.
Carlos, un vecino del barrio El Arenal que conoce el cerro como la palma de la mano porque hace más de veinte temporadas que sube, me dijo mientras tomábamos un café en San Martín de los Andes que el susto le duró toda la noche. 'Acá uno aprende a mirar el cielo y la nieve antes de calzarse las botas, pero esto te recuerda que la montaña manda y vos vas de invitado. Cuando un cerro te dice basta, no hay tabla ni experiencia que te salve, así que lo único serio que podés hacer es quedarte donde te dicen que te quedes', me soltó, y la verdad es que la frase me quedó dando vueltas.
Por qué se cae la nieve, según los especialistas
Las avalanchas no aparecen de la nada. Son la consecuencia de un equilibro que se arma y se desarma según cómo se acumulan las capas, cómo cambian las temperaturas y cómo sopla el viento. Cuando la nieve se deposita de forma despareja y las capas de arriba no se traban bien con las de abajo, basta una sobrecarga para que todo se venga abajo. Esa sobrecarga puede ser el peso de una persona, el ruido de un motor o un cambio brusco en la temperatura.
- Acumulación de nieve con distinta consistencia, donde las capas más pesadas se apoyan sobre capas débiles.
- Cambios bruscos de temperatura, sobre todo cuando sube la marca y la nieve pierde adherencia.
- Viento fuerte que redistribuye la nieve hacia determinados puntos de la ladera y genera cornisas y placas.
- Inclinación pronunciada del terreno, que favorece el deslizamiento.
- Paso de personas o equipos pesados por sectores no habilitados, que suman carga sobre la pendiente.
El filo, una zona vedada que igual atrae
Desde Chapelco recordaron que el filo posterior del cerro es uno de los puntos más altos del macizo y que, justamente por su altura y su exposición, no está señalizado ni autorizado para esquiar. La recomendación oficial es bien concreta: permanecer dentro del dominio esquiable habilitado y respetar al pie de la letra lo que indique el personal de seguridad y de patrullas, que son quienes mejor leen la montaña en cada momento.
La temporada en Chapelco se extiende hasta el 30 de septiembre, y este episodio deja una enseñanza que no por conocida deja de ser vigente. Si vas a la montaña, hacelo por las sendas que están marcadas y dejá el resto para quienes tienen el entrenamiento y los equipos para moverse ahí. La montaña siempre va a estar, pero a veces se mueve cuando uno menos lo espera, como me decía esta mañana un vecino del barrio Callejón de Gingins mientras barría la vereda: 'Yo a la montaña la quiero de lejos cuando se pone brava, y de cerca cuando está tranquila, así que prefiero preguntar antes que lamentar'.
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