La mora familiar roza el 13 por ciento y los bancos salen a refinanciar mientras las tasas personales no aflojan
El índice de irregularidad entre los hogares duplica el promedio general del sistema financiero. Las empresas vieron caer el costo del dinero, pero las personas siguen pagando casi lo mismo que en el peor momento de 2025.

Hay un número que define mejor que cualquier otro el momento que viven las familias argentinas con crédito bancario: 12,8 por ciento. Esa es la mora de los hogares sobre la cartera de préstamos al sector privado, según los datos del Banco Central que se conocieron esta semana. Casi uno de cada ocho pesos que un banco le prestó a una familia está hoy en situación irregular, sin pagar o con cuotas atrasadas. Y lo más preocupante es que ese guarismo duplica con holgura el promedio general del sistema, que cerró junio en 7,6 por ciento.
Una mejora chica que no alcanza
Ese 7,6 por ciento de mora total implica, sí, una leve mejora respecto del 7,7 por ciento de mayo, y le pone freno a una racha alcista que llevaba diecinueve meses consecutivos. Pero cuando uno baja la lupa y mira lo que pasa con las familias, la foto cambia de color: la regularización no llega, las cuotas se siguen estirando más allá de lo razonable y el bolsillo del deudor persona física sigue siendo el eslabón más débil de la cadena. Yo lo veo en cada llamada que recibo de un amigo, de un conocido, de alguien que me escribe al portal contándome que ya no llega con la cuota del préstamo personal, que tuvo que elegir entre pagar el colegio de los chicos o refinanciar otra vez la tarjeta.
Y acá aparece la segunda pata del problema: el costo del dinero. Mientras las tasas de interés para empresas cayeron a alrededor de la quinta parte de lo que llegaron a cobrar en el momento de mayor incertidumbre, las tasas que pagan las personas humanas por préstamos personales siguen casi en las tres cuartas partes del pico de 2025. Es decir, el crédito corporativo se abarató de manera significativa en los últimos meses, pero el crédito al consumo directamente no acompañó ese sendero de alivio.
- Mora general del sistema financiero: 7,6 por ciento en junio, con leve baja respecto del 7,7 por ciento de mayo.
- Mora de familias: 12,8 por ciento, más del doble del promedio general.
- Tasa para créditos a empresas: cayó a aproximadamente un quinto del pico de 2025.
- Tasa para préstamos personales: se mantiene en torno a las tres cuartas partes del pico de 2025.
- Carga impositiva: impuestos y tasas provinciales, municipales e IVA explican el 25 por ciento del costo financiero total promedio de un crédito.
El peso de los impuestos y la salida por refinanciación
A esa rigidez de las tasas hay que sumarle la mochila fiscal. De acuerdo con los mismos datos del Banco Central, los impuestos y tasas que se aplican sobre los créditos representan nada menos que el 25 por ciento del costo financiero total promedio. Es decir, uno de cada cuatro pesos que una persona paga por su préstamo no son intereses del banco, son tributos que se llevan la Nación, las provincias y los municipios. Y eso, en un contexto de mora creciente, es directamente un obstáculo extra para que las familias puedan ordenar sus deudas.
“Para los tomadores de crédito personal la situación sigue siendo ajustada: las cuotas se llevan una porción importante del ingreso mensual y cualquier imprevisto puede derivar en mora.”Banco Central, en su último informe de estabilidad
Frente a este cuadro, los bancos aceleraron una estrategia que ya venían empujando: las refinanciaciones. En criollo, esto significa estirar los plazos y, en algunos casos, ofrecer tasas más bajas para que el deudor vuelva a pagar, aunque sea con cuotas más largas. Desde el Central reconocieron que ese es, por ahora, el camino más efectivo para reducir la mora y descartaron tanto una asistencia externa al sistema como un cambio en las reglas de clasificación de deudores. Mientras tanto, lo que el Estado todavía no resolvió es algo que está a la vista: por qué el crédito a las empresas se abarató y el de las familias no, y por qué la presión impositiva sobre los préstamos sigue funcionando como una barrera de entrada para millones de argentinos que solo quieren ordenar sus cuentas.
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