La nota de animal que hizo llorar a Drew Barrymore en pleno rodaje de Scream
Wes Craven recurrió a un recuerdo íntimo para quebrar a la actriz en la escena más icónica del slasher moderno y, de paso, reescribir las reglas del género.

Confieso que la primera vez que vi Scream fue en un cine de calle, con pochoclo a medio comer y el corazón en la garganta. Todavía me acuerdo del silencio que se hizo en la sala cuando el teléfono empezó a sonar y Casey Becker atendió con esa cara de chica buena. Lo que no sabía entonces, y descubrí leyendo el material que tengo acá, es que las lágrimas que derramó Drew Barrymore en esa secuencia inaugural no salieron de un curso de actuación: salieron de una nota sobre crueldad animal que la noche anterior la había dejado destrozada.
La actriz había leído la historia de un dueño que quemó vivo a su perro. La imagen la persiguió hasta el set. Cuando se lo contó a Wes Craven, el director vio la veta emocional pura y la usó sin dudarlo. Durante la filmación, mientras la cámara la apuntaba, Craven se le acercaba y le susurraba al oído la frase Estoy encadenado al mechero para traerle de vuelta esa imagen que la había perturbado. No era un método académico, era casi una trampa afectiva: usar una herida real para conseguir un llanto real.
Un aullido que se escuchaba desde afuera
Julie Plec, que por entonces era asistente de dirección en el rodaje, contó lo que se vivía puertas adentro del set: Se oía a Drew gritar y aullar, y yo pensaba: ¿Pero qué coño está pasando ahí dentro? Y era Wes, que la estaba animando. La descripción tiene algo de película dentro de la película: la actriz entregada a una emoción que no podía apagar y el director alimentando esa llama invisible.
La otra camada del truco: el marketing
Porque el golpe de la escena inicial de Scream no fue solo actoral, fue también publicitario. Barrymore apareció como figura central en todos los materiales de promoción de la película, desde el afiche hasta los avances. El público daba por hecho que era la protagonista. Por eso, cuando cae asesinada a los doce minutos de metraje, el impacto se multiplica. Richard Potter, director de desarrollo de Dimension Films, lo resumió así: Vas a ver el tráiler y los anuncios, y vas a estar seguro de que ella es la protagonista. Es imposible que muera. Cuando muera al final de esa secuencia, pensarás: cualquiera podría morir.
La movida dialogaba con un antecedente enorme: la muerte de Janet Leigh en Psicosis, cuando Hitchcock decidió sacrificar a su protagonista en el primer acto y sacudir al espectador hasta los huesos. Craven tomó ese legado y lo actualizó para los años noventa, cuando el slasher ya estaba gastado y parecía condenado al archivo.
- El llanto de Drew Barrymore en la apertura de Scream fue genuino, inducido por Wes Craven.
- El director le susurraba Estoy encadenado al mechero para rememorar una nota de crueldad animal.
- Barrymore encabezaba la campaña de prensa, lo que hacía su muerte temprana aún más impactante.
- La estrategia dialoga con la decisión de Hitchcock en Psicosis de matar a su protagonista en el primer acto.
- Treinta años después, la escena sigue estudiándose como manual de tensión y sorpresa.
Me gusta pensar que Scream funcionó, justamente, porque Craven entendió algo que muchos productores de Hollywood todavía no terminan de aprender: al público se lo conquista con emoción real, no con pirotecnia vacía. Las lágrimas de Barrymore, arrancadas con una frase susurrada, le devolvieron al género algo que había perdido: la sensación de que cualquiera podía morir. La próxima vez que recomiende esta película, voy a empezar por ahí, por esa nota de diario que destrozó a una actriz y le dio vida a un clásico. Entrada general, según sala y función, promedian hoy entre cinco mil y nueve mil pesos en la cartelera porteña.
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