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Viernes, 9 de octubre de 2026
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La nueva rotina de Luli Fernández: cómo aprendió a quedarse quieta después de una agenda que no paraba

A los 38 años, la modelo y conductora reorganizó su vida después de una separación de más de una década. Madrugones con su hijo, entrenamiento, varias terapias y, sobre todo, tardes sin ruido: la transformación que ella misma describe como un cambio de prioridades.

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana · · 3 min de lectura
La nueva rotina de Luli Fernández: cómo aprendió a quedarse quieta después de una agenda que no paraba

Acá, en la esquina de cualquier mañana de semana, en Recoleta, el despertador suena a las seis y la casa ya empieza a moverse. Luli Fernández lo cuenta con la tranquilidad de quien recién descubre que la prisa no era imprescindible: lo primero que hace es preparar el desayuno de Indalecio, su hijo de siete años, antes de que llegue la persona que la ayuda en la casa. Entre los dos arman el lunch escolar, desayunan juntos y salen hacia el colegio, en Vicente López. El trayecto en auto, con música y conversación, se convirtió en un pequeño ritual que antes, dice, no tenía.

A los 38 años, la modelo y conductora atraviesa un presente muy distinto al de hace un tiempo. Después de catorce años de pareja, la separación la obligó a reordenar no sólo los horarios sino también la cabeza. Y esa reorganización se nota, sobre todo, en lo que decidió dejar de hacer. "Durante mucho tiempo el trabajo funcionó como refugio, mi agenda no tenía pausas", reconoce hoy. Lo que cambió no fue la cantidad de horas dedicadas al trabajo, sino la decisión consciente de no llenar cada hueco del calendario.

El cuerpo, la cabeza y las terapias

Tres veces por semana, Luli entrena con un profesor de musculación y lleva un seguimiento nutricional que estructura su rutina física. Pero el trabajo sobre sí misma va mucho más allá del gimnasio. La conductora recurrió a una batería de disciplinas que, enumera, le fueron dando herramientas distintas: terapia tradicional, terapia neural, constelaciones familiares, biodecodificación y registros akáshicos. A eso le suma consultas habituales con una astróloga y una numeróloga, a las que consulta tanto para decisiones personales como laborales.

"Hoy me doy cuenta de que necesito mucho menos para ser feliz", afirma, y esa frase aparece como el eje de toda la reorganización. Ella misma ubica el punto de inflexión en lo más duro del proceso de separación, cuando en lugar de salir a llenar la agenda optó por quedarse quieta. De ahí, según cuenta, nació el aprendizaje de valorar una tarde sin planes.

Criar sola, trabajar y elegir el silencio

Desde que vive sola con Indalecio, Luli asegura que el vínculo con el chico se profundizó. Los miércoles y sábados, cuando su hijo está con el padre, ella sale con amigas, pero el resto del tiempo libre lo elige de un modo muy concreto: quedarse en casa, mirar una serie, tomar mate y estar con sus tres perros. Esa imagen, la de una tarde quieta en el living, es la que más lejos queda de la mujer que durante años encadenó compromisos sin respiro.

En lo profesional, la rutina también tiene su anclaje estable. Conduce un ciclo de entrevistas para una plataforma digital que arrancó con ediciones dedicadas a mujeres y este año incorporó una dedicada a varones, producción que le valió una nominación a los premios Martín Fierro. El trabajo, claro, sigue ocupando un lugar central, pero ya no como escapada.

“Hoy me doy cuenta de que necesito mucho menos para ser feliz.”Luli Fernández

La transformación, en definitiva, no pasó por cambiar de ciudad ni de oficio sino por algo más de fondo: aprender a dejar espacios en blanco en una vida acostumbrada a ir a todas. Y esa, según dice, fue la modificación más concreta de todas.

AF
Alejo FerreroSociedad y vida cotidiana

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