La operación del Papa y lo que se sabe del tumor más frecuente entre los no fumadores
El Vaticano confirmó que León XIV fue sometido a una lobectomía por un adenocarcinoma pulmonar. Especialistas explican cómo se define el pronóstico y por qué los estudios genéticos del tejido pueden cambiar la estrategia terapéutica en las próximas semanas.

En la Roma de junio, donde el Tíber corre lento contra los muros del Trastévere, el Policlínico Gemelli vivió durante hora y media una intervención que terminó con un anuncio que sacudió al mundo católico: al papa León XIV le habían extirpado el lóbulo inferior derecho del pulmón por una vía de incisiones pequeñas, con cámara de video, y el estudio del tejido en el mismo quirófano confirmó que la lesión era un adenocarcinoma pulmonar, es decir, un tumor maligno nacido de las células que tapizan los conductos respiratorios más finos y que fabrica moco y otras sustancias. La evolución posterior fue descrita como normal, con el paciente alimentándose por sus propios medios, haciendo kinesiología respiratoria y caminando por la habitación, y por estas horas el Vaticano mantiene el reposo como única indicación formal.
Acá, del otro lado del Atlántico, la noticia obligó a la comunidad médica a poner sobre la mesa un subtipo de cáncer que muchos todavía asocian, erróneamente, con el cigarrillo: el adenocarcinoma, que entre las personas que nunca fumaron representa, según los registros internacionales, entre el 55 y el 80 por ciento de los casos de cáncer de pulmón, y que suele ubicarse en la periferia del órgano, lejos de los bronquios principales, lo que explica que tarde tanto en dar señales clínicas y que muchas veces se descubra en un chequeo de imagen por otra causa.
Por qué se saca un lóbulo entero y no solo el nódulo
La decisión de remover el lóbulo completo, y no únicamente el nódulo sospechoso, responde a una lógica oncológica precisa, como me lo resumió hace un rato, por teléfono y desde su consultorio en Buenos Aires, el neurólogo Conrado Estol, que viene siguiendo el caso por los partes oficiales: una lobectomía garantiza márgenes libres de células tumorales y permite que el patólogo estudie con detalle el tejido alrededor, los ganglios y la pleura, y durante la operación un especialista puede examinar muestras en el momento para distinguir entre cáncer, fibrosis o cicatrices, aunque el diagnóstico de certeza siempre se completa después con el microscopio.
“Si el nódulo mide dos centímetros, los ganglios están libres y no hay compromiso pleural, la sobrevida a cinco años puede acercarse al 99 por ciento; pero hoy, públicamente, todavía no se conoce ninguno de esos tres datos.”Conrado Estol, neurólogo
Los tres datos que faltan para saber cómo sigue
- El tamaño exacto del nódulo, que en el lenguaje médico se expresa en centímetros y en la clasificación TNM define la letra T, y que cuanto más pequeño sea, mejores son las chances de curación a largo plazo.
- El estado de los ganglios linfáticos cercanos, que se analiza con la pieza quirúrgica y que puede ir de N0, sin compromiso, a N3, con extensión a estaciones ganglionares del otro lado del tórax, lo que cambia radicalmente el escenario.
- Si la pleura, esa membrana que envuelve al pulmón, fue alcanzada por el tumor, un detalle microscópico que puede agregar o no el sufijo 'R' al informe y que define si se indica tratamiento posterior.
Lo que pueden decir los estudios genéticos del tumor
Mientras el Papa se recupera, laboratorios especializados están trabajando sobre el material extraído para identificar mutaciones específicas del tumor, y esos resultados son los que pueden cambiar la estrategia terapéutica de acá en adelante, porque si se detecta una alteración en el gen EGFR, en KRAS, en BRAF, en HER o en MET, se abre la puerta a terapias dirigidas que se toman por vía oral, distintas de la quimioterapia clásica, y la inmunoterapia, aplicada por vena, es otra alternativa cuando el tumor expresa ciertas proteínas, aunque en ambos casos el efecto puede atenuarse con el paso de los meses y por eso el seguimiento oncológico es parte del tratamiento y no un trámite posterior, como me lo insistió Estol, y lo cito textual porque vale la pena: lo que se gana con la cirugía se sostiene con control, no con olvido.
En el barrio de Recoleta, donde vivo, una vecina llamada Marta, de 62, me cruzó esta mañana en la panadería y me dijo, mientras esperaba su medialuna, que el caso le había tocado de cerca porque su cuñado atraviesa algo parecido desde el año pasado, y esa es, en el fondo, la gran enseñanza de esta noticia que nos llegó desde Roma: que el cáncer de pulmón ya no es, como durante mucho tiempo se creyó, una enfermedad casi exclusiva de los fumadores, y que el adenocarcinoma, justamente por su silencio clínico y por su frecuencia creciente entre los no fumadores, merece la misma atención y el mismo respeto que cualquier otro tumor, empezando por la consulta temprana con un especialista ante cualquier tos persistente, cualquier dolor en el pecho o cualquier sensación de falta de aire que no se explique por otra causa.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

La especia ancestral que estudian por su potencial para aliviar la ansiedad y mejorar la memoria

Neuquén Vive: una tarde en el Ruca Che para ver de cerca lo que se viene en la provincia

