Viernes, 4 de septiembre de 2026
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La pizarra del viernes cerró con el oficial a mil quinientos treinta y el blue a mil quinientos cuarenta y cinco, mientras el riesgo país se sostiene cerca de los quinientos puntos básicos

El Banco Nación vendió el dólar minorista a mil quinientos treinta pesos y el paralelo terminó a mil quinientos cuarenta y cinco, con una brecha de apenas quince pesos; el real se acomodó en trescientos siete y el INDEC promete el IPC de agosto para el jueves próximo

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Osvaldo MarchettiAgroexportación y puerto · 4 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

Les cuento cómo terminó la jornada cambiaria de este viernes en la Argentina, con la mirada puesta en lo que significa para el bolsillo de cualquiera que está pensando en pagar un servicio afuera, cargar nafta o simplemente ver cómo sigue la carrera entre el oficial y el blue, que es una de las discusiones más recurrentes en cualquier mesa de bar o de oficina en estas semanas que corren. El dólar minorista, ese que se vende en las ventanillas del Banco Nación y que oficia de referencia para la mayoría de las operaciones cotidianas, cerró a mil quinientos treinta pesos para la venta y a mil cuatrocientos ochenta para la compra, exactamente en los mismos valores que había mostrado al abrir la rueda, lo que confirma una jornada de estabilidad cambiaria que, a esta altura del año, ya merece ser destacada como una rareza más que como una norma.

El blue, el MEP, el CCL y el siempre temido dólar tarjeta

En el mercado paralelo, la cotización del dólar blue se ubicó en mil quinientos cuarenta y cinco pesos para la venta y en mil cuatrocientos noventa y ocho con sesenta y cinco centavos para la compra, lo que dejó una brecha de apenas quince pesos respecto del tipo de cambio oficial, un número que en cualquier otra época hubiera parecido de ciencia ficción pero que hoy, en un contexto de relativa calma, se acepta como parte del paisaje. Para quienes gastan con tarjeta en el exterior o pagan servicios internacionales, la referencia obligada es el dólar tarjeta, que desde que dejó de aplicarse el impuesto PAIS se calcula únicamente con el treinta por ciento de percepción a cuenta de Ganancias sobre el minorista, y que este viernes terminó en mil novecientos ochenta y nueve pesos, un valor que sigue siendo alto pero que, comparado con lo que se pagaba meses atrás, muestra una baja sensible que no por eso deja de doler en el resumen de la tarjeta.

  • Dólar oficial minorista: mil cuatrocientos ochenta pesos compra y mil quinientos treinta pesos venta en el Banco Nación, sin cambios respecto de la apertura.
  • Dólar blue: mil cuatrocientos noventa y ocho con sesenta y cinco centavos compra y mil quinientos cuarenta y cinco pesos venta, con una brecha de quince pesos frente al oficial.
  • Dólar tarjeta: mil novecientos ochenta y nueve pesos, tras la quita del impuesto PAIS y con el treinta por ciento de percepción a cuenta de Ganancias.
  • Real brasileño: doscientos ochenta y cinco pesos compra y trescientos siete pesos venta en el Banco Nación.
  • Riesgo país: cuatrocientos noventa y cinco puntos básicos, según la metodología de JP Morgan.

El río de las pizarras, el INDEC y lo que viene

Como buen porteño que mira la pizarra antes que el almanaque, les confirmo que el real brasileño se comercializó en el Banco Nación a doscientos ochenta y cinco pesos para la compra y a trescientos siete pesos para la venta, un valor que muestra cómo sigue siendo caro pagar con moneda vecina en la frontera y que, para los que estamos del lado de la producción y la exportación, mantiene viva la discusión de siempre sobre la competitividad cambiaria y la presión que ejercen los costos internos. Mientras tanto, el riesgo país, ese indicador que elabora JP Morgan para medir el sobrecosto que paga la Argentina para endeudarse respecto de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, terminó el viernes en cuatrocientos noventa y cinco puntos, un número que todavía está lejos de los niveles soñados pero que, en la comparación con lo que vivimos no hace tanto, aparece como una señal de que algo se está moviendo en el frente financiero internacional, aunque sea de a poco y con más dudas que certezas.

Me parece importante remarcar, porque a veces se nos pasa por alto, que la cotización oficial se publica a partir de las diez de la mañana, cuando el Banco Central difunde el tipo de cambio minorista y mayorista, mientras que el dólar blue empieza a operar en las cuevas y financieras de la city porteña generalmente entre las once y las once y media, una diferencia de horarios que no es un detalle menor para entender por qué a veces vemos noticias confusas sobre supuestas subas o bajas que en realidad son movimientos de mercados que se pisan en distintas ventanas de tiempo. Y hay un dato que quiero dejar picando para la semana próxima, porque me parece que vale la pena anotarlo en la agenda: el INDEC va a publicar el Índice de Precios al Consumidor de agosto el jueves diez de septiembre a partir de las dieciséis horas, una cifra que va a marcar cómo evolucionaron los precios durante el mes pasado y que, por la dinámica que viene mostrando la economía, seguramente va a generar más de un debate en los medios y en las redes, sobre todo para quienes estamos mirando la inflación con el mismo interés con el que miramos la pizarra del dólar cada mañana.

Sigo diciendo lo de siempre desde este rincón de Agroexportación y puerto, con la convicción de que todavía quedan varios temas por resolver del lado del Estado para que esta estabilidad cambiaria no sea un espejismo de unos días sino el comienzo de un sendero más largo: la acumulación de reservas, el equilibrio fiscal de fondo, la salida ordenada de los controles que aún pesan sobre operaciones cambiarias más complejas y, sobre todo, una política industrial que le dé previsibilidad a quien produce, a quien embarca y a quien espera, del surco al buque, que el esfuerzo de todo un año termine en un número que alcance para seguir invirtiendo. Mientras tanto, los argentinos seguimos haciendo cuentas con la calculadora en la mano, ajustando presupuestos a la velocidad de la pizarra y preguntándonos, con una mezcla de pragmatismo y hartazgo, hasta cuándo habrá que vivir así, una pregunta que, por ahora, nadie en la Casa Rosada se anima a responder con la franqueza que el momento exige.

OM
Osvaldo MarchettiAgroexportación y puerto

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