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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La pizarra mayorista se recalentó en septiembre: el petróleo crudo empujó el índice al 3,2% y encendió una alerta en la cadena agroexportadora

El IPIM trepó 1,1 puntos por encima de agosto, según el INDEC, con el crudo como principal responsable. Los productos primarios, donde se juega buena parte de la competitividad del campo argentino, se dispararon 7,9% en el mes y alimentan la preocupación de productores y operadores de puerto.

OM
Osvaldo MarchettiAgroexportación y puerto · · 6 min de lectura
La pizarra mayorista se recalentó en septiembre: el petróleo crudo empujó el índice al 3,2% y encendió una alerta en la cadena agroexportadora

Les cuento de arranque lo que dejó la última pizarra mayorista que difundió el INDEC, porque en este oficio uno ya sabe que el número del mes condiciona el resto de la conversación en las reuniones de productores y en las terminales portuarias: el Índice de Precios Internos al Por Mayor (IPIM) cerró septiembre en 3,2%, nada menos que 1,1 puntos por encima del 2,1% registrado en agosto, lo que confirma que la presión sobre los costos de la economía argentina volvió a acelerarse en el tramo final del año, y lo hizo con una intensidad que no se veía desde hace varios meses en el calendario de difusión oficial.

Para dimensionar el fenómeno hay que mirar hacia adentro del indicador, porque no todos los rubros se movieron de la misma manera: el gran protagonista del mes fue el petróleo crudo y gas, que saltó 15% en septiembre y aportó, por sí solo, 1,43 puntos porcentuales al resultado general, un peso relativo enorme si se considera que eso representa cerca de la mitad del incremento total del IPIM, lo que habla a las claras de cómo la dinámica energética termina condicionando al conjunto de la formación de precios en el país, y de cómo ese traspaso termina llegando, tarde o temprano, al mostrador y a la tranquera.

Productos primarios al rojo vivo y manufacturas más calmas

El bloque de productos primarios, que es justamente el que más nos interesa a los que vivimos del surco al buque porque agrupa buena parte de las materias primas agropecuarias y energéticas que Argentina le vende al mundo, fue el de mayor incremento del mes: trepó 7,9% en septiembre, con una variación interanual del 44,1% y un acumulado anual de 38,1%, una cifra que deja a las claras que la dinámica de los commodities, en un año signado por la volatilidad internacional, está golpeando con fuerza la estructura de costos local y obligando a recalcular márgenes a cada paso.

Del otro lado de la cancha aparecen los productos manufacturados, que se movieron con un ritmo mucho más moderado: subieron 1,9% en septiembre y acumulan 18,7% en lo que va de 2026, un comportamiento que, leído en clave sectorial, muestra que la industria todavía no logra recuperar el terreno perdido ni tiene margen para trasladar a precios la totalidad de los incrementos que recibe en sus insumos, una tensión clásica que se observa en cualquier rincón fabril del país y que termina configurando un piso de preocupación para el empleo y para la inversión.

  • Petróleo crudo y gas: +15% en septiembre, aporta 1,43 puntos al IPIM general y acumula 77,1% en 2026.
  • Productos primarios: +7,9% en el mes, 44,1% interanual y 38,1% acumulado en el año.
  • Manufacturados: +1,9% en septiembre, con textiles liderando (3,5%), impresiones y grabaciones (3%) y tabaco (2,8%).
  • Alimentos y bebidas: +1,7% en el mes, con un acumulado anual de 16,3%.
  • Productos importados: apenas 0,4% en septiembre, el rubro que más moderó el índice general.

Ahora bien, cuando uno cruza la calle y se pone a pensar en lo que efectivamente se traslada a la mesa de los argentinos, aparece un dato que merece ser leído con cuidado: los alimentos y bebidas a nivel mayorista subieron 1,7% en septiembre y acumulan 16,3% en lo que va de 2026, una variación que si bien está por debajo del promedio general del IPIM no deja de ser significativa, porque marca la tendencia que después termina impactando en góndolas y verdulerías, y porque confirma que la dinámica de costos primarios termina percolando hacia los eslabones más cercanos al consumo cotidiano, aunque no lo haga de manera inmediata ni con la misma velocidad con la que se mueve el indicador mayorista.

Quiero detenerme un instante en lo que me dejó escuchando a Rubén, un productor de la zona de Río Cuarto con quien hablé mientras cargaba un acoplado rumbo a la terminal de Rosario, porque su lectura me parece representativa del ánimo que se vive en el interior productivo: él me decía, con esa mezcla de pragmatismo y resignación que ya se volvió costumbre, que cada vez que aparece un número así en los papeles la cuenta se vuelve a estirar, porque el gasoil que va al tractor, los fertilizantes que se aplican en la campaña fina y los fletes que llevan la cosecha hasta el puerto, todo eso se mueve al compás de lo que muestran estos indicadores, y a veces uno siente que el precio internacional que recibe por la mercadería no alcanza a cubrir lo que se le fue de las manos en los costos, una sensación que recorre buena parte de las economías regionales y que, a mi entender, explica parte de la cautela con la que se está tomando la decisión de inversión para la próxima campaña gruesa.

Mientras tanto, en el frente externo hay un dato que opera como contrapeso y que el propio informe del INDEC se encarga de destacar: los productos importados registraron una variación de apenas 0,4% en septiembre, lo que contribuyó a moderar el resultado general del índice, un comportamiento que se explica por la combinación de un tipo de cambio que mantiene cierta estabilidad nominal, por la dinámica de los precios internacionales en otros rubros distintos de la energía y por la menor demanda agregada que se observa en varios segmentos del consumo, todo lo cual terminó conteniendo lo que de otra manera hubiera sido un número todavía más explosivo para la economía en su conjunto.

Si miramos el acumulado de los últimos doce meses, la foto tampoco resulta tranquilizadora: el IPIM acumula una variación interanual del 29,2%, un registro que, en cualquier lectura seria, da cuenta de que la inflación mayorista sigue corriendo a un ritmo que condiciona las decisiones de producción, de stock y de financiamiento de las empresas, y que, en el caso puntual de la cadena agroexportadora, agrega una capa más de incertidumbre sobre un sector que ya viene lidiando con precios internacionales volátiles, con costos logísticos en alza y con la siempre vigente discusión sobre cómo impactan estos movimientos en la formación del precio final que el productor termina percibiendo en la tranquera, una cuestión que a esta altura ya se volvió estructural y que el Estado, al menos hasta hoy, todavía no ha logrado ordenar con un esquema que contemple simultáneamente la dinámica de los commodities energéticos, la protección de los ingresos de los productores y la previsibilidad necesaria para planificar la próxima campaña, un déficit que, a mi modo de ver, es de los que más pesan en el ánimo del interior productivo y que seguirá marcando la agenda, nos guste o no, durante los próximos meses.

OM
Osvaldo MarchettiAgroexportación y puerto

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