La planta de Valmax en Ituzaingó lleva semanas con las persianas bajas y 30 familias quedaron en la calle
El laboratorio que produce solución fisiológica y las gotas Valmafilo paralizó su fábrica, despidió a la mitad de su personal y acumula 196 cheques rechazados por más de 156 millones de pesos. El Ministerio de Trabajo bonaerense citó a la empresa a una audiencia clave este lunes.

A esta altura, cuando uno cruza el portón de la fábrica de Laboratorio Valmax en Ituzaingó, se encuentra con un paisaje que duele y que, en algún punto, también interpela: galpones cerrados, personal de vigilancia en la puerta y una línea de producción detenida que todavía el año pasado alimentaba el surtido de farmacias, hospitales y droguerías de buena parte del conurbano bonaerense. Lo que durante décadas fue una planta en movimiento, especializada en solución fisiológica en monodosis y en las conocidas gotas oftalmológicas Valmafilo, hoy amanece con las persianas bajas y con treinta telegramas de despido encima de la mesa, sobre un total de sesenta empleados que tenía la compañía.
La crisis no empezó de un día para el otro, y vale la pena repasarlo porque detrás de cada una de esas desvinculaciones hay un hilo que se viene tensando desde abril. Por entonces, la dirección de la firma empezó a fraccionar el pago de los sueldos. En mayo formalizó esa modalidad a través de un comunicado interno: abonaría el cincuenta por ciento el día 7 y el resto el día 20. Lo que se presentó como una excepción se terminó convirtiendo en una costumbre, y hoy la empresa adeuda todavía la mitad del salario de septiembre, sin que hasta el momento haya informado una fecha concreta para regularizar lo que les corresponde a los trabajadores.
El cuadro financiero que muestra el Banco Central
Si se busca una fotografía elocuente de lo que está pasando puertas adentro de Valmax, alcanza con mirar los registros del Banco Central de la República Argentina: la compañía acumula 196 cheques rechazados por falta de fondos, por un total de 156.526.850 pesos. La particularidad es que la totalidad de esos documentos fueron devueltos por una única razón: no había dinero disponible en las cuentas. Es decir, no se trata de errores administrativos ni de firmas discordantes, sino de un estrangulamiento de caja que la propia empresa no pudo disimular ante el sistema financiero.
“La explicación que dio Marcelo Peretta, titular del Sindicato de Farmacéuticos y Bioquímicos, ayuda a entender cómo se llegó hasta acá. Según dijo, Valmax habría acumulado stock suficiente para abastecer el mercado hasta fin de año. Esa sobreproducción, combinada con una retracción en la demanda de hospitales, farmacias y droguerías, y con los plazos cada vez más largos de pago de las licitaciones públicas, terminó de ahogar a la compañía en un cóctel que ninguna empresa chica soporta demasiado tiempo.”Marcelo Peretta, titular del Sindicato de Farmacéuticos y Bioquímicos
Una historia que arranca en los años ochenta
Hay un dato casi de archivo que a mí, particularmente, me gusta rescatar para dimensionar lo que se pierde con esta crisis: Valmax fue fundada en 1980 por el farmacéutico austríaco Peter Ploder, egresado de la Universidad de Buenos Aires y radicado en el partido de Haedo. Bajo su conducción, la firma se posicionó como un referente en productos estériles de uso hospitalario. En 2014, Ploder vendió su participación mayoritaria y la compañía reorientó su perfil hacia la producción tercerizada y hacia la participación en licitaciones públicas. Desde entonces, la plantilla se mantuvo estable, en un rango de entre sesenta y setenta personas.
Lo que viene: la audiencia del lunes y lo que el Estado todavía no resolvió
- El Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires intervino y citó a la empresa a una audiencia este lunes, con la exigencia de que presente una propuesta concreta para resolver el conflicto.
- Treinta familias afectadas directamente por los despidos, en un distrito donde el cinturón industrial viene perdiendo puestos desde hace por lo menos dos años.
- Deuda salarial acumulada: la mitad del sueldo de septiembre y un esquema de pagos en cuotas que la propia compañía reconoció por escrito y nunca cumplió en tiempo y forma.
- Un total de 196 cheques rechazados por 156.526.850 pesos, una cifra que describe la profundidad del agujero financiero de la firma.
- Un stock producido que, según el gremio, alcanza hasta fin de año, lo que abre el interrogante sobre qué harán los nuevos dueños con esa mercadería si la planta sigue frenada.
A mí me gusta mirar estos casos con la lupa de lo cotidiano, porque detrás de cada número hay alguien. Está Jorge, el operador de la línea de monodosis, que todavía guarda el último recibo con la leyenda del pago parcial. Está Silvia, que carga cajas en el área de empaque secundario y que ahora tiene que decidir si el aguinaldo lo discute con la patronal o directamente con un abogado. Está Hernán, el camionero de la zona sur, que durante años retiró pallets desde la playa de estacionamiento de la planta y que hoy pasa por la puerta de su ex cliente y ve la cadena echada. Son esas escenas, repetidas en muchísimas localidades del conurbano, las que vuelven a recordarnos que la industria farmacéutica, tan celebrada cuando exporta o cuando produce vacunas, también tiene su trastienda, y que esa trastienda, cuando se rompe, la pagan siempre los mismos.
Por eso miro con expectativa, pero también con cierto escepticismo, la audiencia de este lunes en el Ministerio de Trabajo bonaerense. Una audiencia puede ser el primer paso para encontrar un camino de salida, pero también puede ser un formalismo si del otro lado no hay plata genuina para pagar sueldos adeudados ni para reactivar una línea de producción que, según el propio gremio, tiene stock acumulado y mercados que, en teoría, siguen esperando el producto. Lo que el Estado todavía no resolvió -y lo digo como una preocupación genuina, no como un slogan- es cómo se protege a esos treinta trabajadores en el mientras tanto, cómo se garantiza que los plazos de pago de las licitaciones no sigan estrangulando a las pymes proveedoras del sistema de salud, y cómo se evita que el próximo Valmax termine ocupando el mismo titular que hoy nos toca contar.
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