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La servilleta que valió más que los informes: a los 13, un formador del Barsa lo mandó a guardar y otro lo firmó al toque

Salieron a luz tres evaluaciones de otoño del 2000 sobre un pibe rosarino de 142 centímetros que había llegado de Argentina. Uno pidió no ficharlo, otro lo comparó con Maradona. Carles Rexach zanjó la discusión a mano alzada, en una servilleta, y el resto ya lo cuenta el fútbol.

PF
Pablo FerraroDeportes · · 3 min de lectura
La servilleta que valió más que los informes: a los 13, un formador del Barsa lo mandó a guardar y otro lo firmó al toque

La cosa arrancó en una cancha de La Masía, en el otoño europeo del 2000, con un pibe de 13 años, rosarino, 142 centímetros de estatura y una pelota en los pies que parecía más grande que él. Tres formadores del Barcelona se sentaron a mirarlo y a escribir. Veintiséis años después, esos tres informes salieron a la luz y la discusión que abrieron sigue dando vueltas, como pelota que no se quiere ir.

El primero de los técnicos fue al hueso. Reconoció que el chico tenía "una calidad técnica indiscutible", pero agregó, sin anestesia, que "su limitación física le impide poder competir ahora mismo en su categoría". Y remató con mayúsculas y subrayado, como quien le grita a un juez de línea desde el banco: "CREO QUE NO S'HA DE FICHAR". Propuso, casi como consuelo, esperar un par de años y volver a probarlo. O sea, guardar al pibe en el placard hasta que crezca.

Los otros dos informes fueron casi una Caravana de Bondi

El segundo evaluador tiró la lapicera a la banquina. Escribió, textual: "Salvando las distancias, es un Maradona (pe grande edad). Yo lo ficharía, tiene que ir a mucho más. Ya veremos su evolución". Lo dijo y se plantó, sin demasiados adornos. Alguien en el Barsa le hizo caso, y a la distancia le tenemos que estar agradecidos de por vida.

El tercero se movió por el medio de la encrucijada. Coincidió en las virtudes: técnicamente completito para la edad, encima de sus compañeros, con visión, ágil, driblador y buen pasador. Pero también marcó que el cuerpo le quedaba chico frente a rivales que ya parecían hombres. Un empate técnico que, en criollo, definía poco.

¿Sabe cómo se zanjó la discusión? No fue con un acta ni con un powerpoint. Carles Rexach, por entonces secretario técnico del club, metió la firma en una servilleta de Pompeya, el 14 de diciembre del 2000, y dejó constancia textual: fichaba al pibe "bajo su responsabilidad y a pesar de algunas opiniones en contra". Frase corta, decisión enorme. Aquella servilleta vale, en cotización retroactiva, más que cualquier informe escrito en computadora.

“Yo lo ficharía, tiene que ir a mucho más. Ya veremos su evolución.”Un formador del Barcelona, en el informe del otoño de 2000

Lo demás ya lo conoce cualquiera que haya prendido la tele en los últimos veinte años. El pibe debutó en primera en 2004, se quedó hasta el 2021 y cuando agarró la valija dejó números que parecen inventados: 778 partidos oficiales, 672 goles y 35 títulos con la camiseta blaugrana. Aquel nene al que un formador mandó a esperar terminó midiendo 170 centímetros y se convirtió en el máximo goleador histórico del club y, de yapa, del fútbol entero. Y pensar que había un informe con subrayado y mayúsculas recomendando lo contrario. Ironía del deporte: el que se jugó por "fichar" se quedó corto en el elogio, y el que pidió "no fichar" debe estar cambiando de nombre en cualquier reunión familiar.

Pregunta que queda flotando, en la mesa y sin mozo: ¿cuántos pibes parecidos habrá hoy en Inferiores de cualquier club, esperando que un formador les firme la servilleta en vez de subrayarles un "no" con fibrón? Pero eso, amigo, ya es tema para otra nota.

PF
Pablo FerraroDeportes

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